En una ocasión, hace ya unos cuantos años, había una familia que tenía un chico de unos 7 años de edad y una niñita de unos 3 añitos. Todos estaban felices e iba todo bien hasta que, repentinamente, la niñita enfermó gravemente. Todos estaban muy preocupados  y con mucha angustia a causa de la salud de la pequeña.

Se sucedieron las pruebas médicas y se pudo encontrar el origen del mal y propusieron a los padres operar a la  pequeña. Realizando el preoperatorio se dieron cuenta de que tenía un tipo de sangre que solamente podía recibir de ese mismo tipo de sangre. Los padres no servían para eso y muchas personas de la familia y amigos se ofrecieron pero nadie tenía ese tipo de sangre.

El médico que llevaba el caso se dio cuenta de que no habían testeado al hermano y le pidió a los padres poder hablar con él. Con mucho tacto, le explicó lo que pasaba y le pidió que le dejase sacar una muestra de sangre para ver si era compatible. El muchacho no puso la menor objeción. Realizando el análisis pertinente, se corroboró que, efectivamente, era compatible con la sangre de su hermanita.

El doctor volvió a hablar con él con mucho tacto para pedirle su colaboración.

«Seguro, yo daré sangre para mi hermanita» – dijo lleno de razón.

Pusieron una camilla al lado de la cama de su hermana y el muchacho entró lanzando una sonrisa a su hermanita mientras le extraían la sangre que era necesaria.

El médico habló con los padres de que todo había ido felizmente y que enseguida operarían a la niña para no demorarlo más. Toda la operación fue excelente y fue un alivio para los padres al recibir la noticia después del tiempo de operación. Sin embargo, observó que el hermano de la niña, aunque tenía una sonrisa, parecía un poco meditabundo…

Un rato más tarde, se presentó en el despacho donde estaba el médico y pidió hablar con él.

«Por supuesto, pasa. ¡Has sido muy valiente al dar sangre a tu hermanita! – dijo el doctor, percibiendo que el chico estaba un tanto pálido y serio.

«Doctor, dígame la verdad, ¿cuándo voy a morir?» – su mirada era muy firme.

El doctor, conmovido, rápidamente le dijo que no iba a morir, sino que todo estaba bien y que había sido muy importante para el restablecimiento de la salud de su hermanita. No obstante, preguntó con curiosidad:

«Aunque tú pensabas que ibas a morir, ¿por qué aún así estuviste de acuerdo en dar de tu sangre? – preguntó el médico.

Aquí el chico miró fijamente a los ojos del médico diciendo:

«Porque es mi hermana…. ¡Y la quiero!

Anónimo

Hubo Alguien que no solamente dio su sangre por ti, sino toda Su vida de forma literal. ¿Serás indiferente?

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