¿Qué pasa con nuestro cristianismo?

No sabía cómo comenzar este artículo. Lo cierto es que, en principio, quería hacer un vídeo sobre lo que voy a exponer a continuación, pero no me he visto capaz de poder realizarlo con toda la entereza que esto requiere.  Prefiero hacerlo así para poder ordenar mis pensamientos lo suficiente.

Han llegado diferentes informaciones por varios canales acerca de sucesos que han tenido lugar y, tristemente se han mantenido a lo largo de los años. Sucesos que son muy fuertes, por otra parte con intentos de ocultar de, ya no digo de la opinión pública, sino de las personas que tienen que ver con la iglesia de Dios. Eso unido a todo tipo de situaciones, problemáticas y hechos que causan mucho dolor, heridas, sufrimiento y tristeza. Os puedo asegurar que muchas de las cosas que me llegan, y al no ser alguien «relevante» en el campo evangélico de mi país, España (ya no digamos del campo evangélico internacional) estoy convencido de que no me llega la mínima cantidad de información de todo lo que ocurre. No obstante, de lo que me llega, os aseguro que me he encontrado como el sacerdote Esdras cuando recibía las noticias primero de su pueblo y su situación estando lejos y después, estando en medio, de la situación moral de muchos… Dolor, lágrimas, preocupación y clamor.

Hace ya unos cuantos años nuestro amado hermano Eric Bermejo dio una serie de conferencias que llevaban por título principal «¿Qué pasa con nuestro cristianismo?» Las razones que daba el hermano, muchas de ellas siguen siendo actuales a día de hoy, no las voy a reproducir aquí, (Si alguien tiene interés, le puedo pasar los enlaces o los audios que tengo para escuchar), pero creo que es pertinente hacer un alto en el camino y hacernos la misma pregunta. Así que, llegados a este punto, os invito a seguir leyendo algunas observaciones que he venido realizando con el paso de los años, la acumulación de experiencia (propia y de otros) cruzada con algunas observaciones en el manual que todos debíamos tener como libro de cabecera que es la Biblia.  Lee hasta el final, porque no escribo esto para avergonzar, hundir o desanimar a nadie sino que es un mirada introspectiva para sacar el mapa y el compás y ver si de verdad vamos por buen camino o necesitamos rectificar algunas cosas para ser como Dios quiere que seamos. Está escrito «Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos» (2ªCorintios 13:5) Ese es el propósito de estas letras.

Para contestar la pregunta «¿Qué pasa con nuestro cristianismo?» hemos de observar lo más objetivamente que podamos si hay algo que dificulta, impide o entorpece el testimonio, la luz o el propósito de Dios para con las personas que se reconocen o se dicen cristianas… Y en mi modesta opinión entiendo que hay cosas en nuestro contexto evangélico que producen todo esto con unas consecuencias muy tristes como podéis suponer o tal vez habéis experimentado.

En primer lugar, permitidme plantear la idolatría como algo que se ha vuelto parte de nuestro contexto y entorno. Es posible que algunas personas me digan: «Hermano, nosotros no tenemos ídolos puesto que no adoramos estatuas, no les pedimos cosas ni las reverenciamos»… ¿Seguro? Según la RAE en su definición etimológica de la palabra «ídolo» tiene dos acepciones: 1- Imagen de una deidad objeto de culto y 2- Persona o cosa admirada con exaltación. Esta observación es muy interesante. Y es precisamente en diferentes pasajes de las Escrituras que podemos citar en los que vemos que confirman estas definiciones. Estoy seguro de que podrías citarme algunos ahora mismo.

¿Hay idolatría en nuestro contexto evangélico? Tristemente hemos de contestar que sí. ¿Dónde y en qué? Voy a decir unos puntos donde puede haber esto y estoy seguro de que no será en todos los lugares por igual, no obstante seguro que TODOS podremos identificarnos con alguno:

  • Hay idolatría del intelectualismo. Puede sorprender que diga esto, y más quien me conoce de cerca sabe que personalmente me gusta el conocimiento y me encanta poder conversar con personas que saben de cosas que yo no domino para poder aprender todo lo que pueda. ¿Es malo el conocimiento? Rotundamente NO. Lo que es dañino es usar el conocimiento como un instrumento de poder para acallar, silenciar y, frecuentemente, menospreciar a quien no tiene o ha recibido una formación más técnica en las Escrituras poniendo como imprescindibles esos conocimientos para poder edificar, discipular y compartir con otros. Es decir, que muchas veces el intelectualismo deriva en una especie de elitismo. Hay unas personas que son más selectas que las demás debido a sus estudios, su formación y conocimientos en determinados campos y son poco menos que incuestionables cuando hablan, escriben o participan en algún tipo de evento. Muchas veces ocurre que se menciona su formación académica como currículum para impresionar, para reforzar (o incluso como único argumento), para hacer callar a otras personas que no tienen ese tipo de formación o como una forma un tanto encubierta de narcisismo cuando se adoptan títulos como «doctor», «teólogo», o «intelectual». Esto ya pasaba en la época de en la que Jesús estaba en esta tierra (Mateo23:7-11)
  • Hay idolatría por las personas sin estudios «porque eso es evidencia de que el Espíritu Santo obra a través de ellas». Es como una contraposición del punto anterior. Tal vez parezca que no existe, pero lo cierto es que lo hay. Muchas veces se mira con cierto recelo a las personas que han cursado algún año (o varios) de formación teológica, lenguas en las que se escribió la Biblia (hebreo, arameo y griego clásico) como si fuesen especialistas en confundir, ridiculizar o arrebatar miembros de una congregación que, por otra parte, sí que ha ocurrido y ocurre. Genera desconfianza incluso el enviar a personas con potencial a estudiar a o especializarse para ser más eficaces como si eso fuese a significar el recibir estrategias «del mundo». Se rechaza de plano hasta el uso de la palabra «teología» como si eso significase que las personas que rechazan ese uso no hiciesen teología (el significado de la palabra es «la disciplina que estudia el conjunto de conocimientos acerca de Dios, sus atributos y sus perfecciones»). Por no querer aferrarse o manifestar un sesgo o corriente teológica, se puede estar en contra de cualquier tipo de estudio o «porque esto siempre se ha hecho así». Y eso tampoco es sano. Hemos de tener en cuenta lo que le decía Pablo en 1ª Timoteo 4:14-17.
  • Hay idolatría hacia las personas. Y quiero aclarar en este punto que reconocer una labor que se ha realizado o se está realizando no es perjudicial en sí. De hecho, es una exhortación del mismo apóstol Pablo en 1ª Tesalonicenses 5:12. Cuando hablamos de idolatría de hacia las personas es, como hemos visto, una exaltación desmedida. Puede haber exaltación en los mismos apóstoles. Recientemente me escribía un hermano: «Ninguna de las personas que mencionas aquí le llega a la planta de los pies al apóstol Pablo»… Y en mi mente resonaban estas palabras del mismo apóstol: «¿Qué pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor.» (1ª Corintios 3:5) También puede haber exaltación de los denominados «padres de la iglesia» exponiendo que lo que ellos escribieron sientan precedente. Y, nuevamente, he de decir que estas personas han de ser tenidas en cuenta aunque siempre a la luz de las Escrituras. Otra exaltación desmedida puede ser de las personas históricas de la Reforma del siglo XVI. Sin duda han sido personas muy importantes en aquel momento histórico, pero también hemos de ser objetivos al ver que hay cosas muy cuestionables que hicieron y escribieron. No estoy diciendo nada nuevo que cuando alguna persona habla o expone de una manera histórica lo que Lutero escribió acerca de los judíos o de la dictadura que instauró Calvino en Ginebra recibe insultos muy feos, descalificaciones y otras cosas muy fuertes de parte de personas que defienden a estas personas a capa y espada. Exaltación desmedida. Pero viniendo más cerca de nuestra época, ocurre lo mismo por ejemplo con algunas personas que han sido muy importantes en la historia evangélica como son Moody y Spurgeon, Darby y Muller… Por poner unos ejemplos. Y, si nos acercamos a nuestra epoca más reciente, tenemos nombres como Yiye Ávila (entre el movimiento pentecostal), John MacArthur, Paul Washer, Sugel Michelén, Miguel Núñez, David Barceló, Evis Carballosa (entre el movimiento calvinista), Eric Bermejo, Ernesto Trenchard, Timoteo Glasscock, Edmundo Woodford (en el movimiento de las Asambleas de Hermanos), Jose María Martínez, José Grau y Pablo Martínez (entre los bautistas), predicadores más modernos como Lucas Leys, Itiel Arroyo, Álex Sampedro, Andrés Spyker… Estoy poniendo unos pocos ejemplos (hay muchísimos más) y también he de decir que muchos de ellos son o han sido los primeros en exhortar a las personas que tenían a su alrededor a que no pusieran ese énfasis y exaltación desmedida en ellos señalando siempre al Señor. ¿Hay idolatría a las personas en mí? Te hago esta pregunta para que te pruebes a tí mism@..
  • Hay idolatría hacia la música. Este es un tema delicado, aunque no podemos decir que sea fundamental para que una persona llegue a conocer a Dios, sí que es importante en varios aspectos. Os aseguro de que ahora mismo que estoy escribiendo estas líneas estoy escuchando música… Esto os lo pongo como ejemplo de lo importante que es la música para el ser humano y también para otros seres vivos. Disfruto de la música aunque no sé tocar ningún instrumento y también veo a quien tocando un instrumento disfruta el doble porque es su medio de expresarse en que más cómodo se encuentra. En eso nuestro hijo Israel es un buen ejemplo de ello. Y encima, Dios le ha dado un talento con un chorro de voz impresionante que es capaz de dirigir a toda una congregación prácticamente sin micrófono. Como padres le decimos que entrene ese talento natural al máximo para gloria de Dios…. Pero no nos desviemos del tema. El caso es que, dado que la música es muy importante, es tremendamente fácil darle una exaltación o importancia desmedida en nuestras vidas, en nuestras reuniones y en nuestras prioridades. Seguramente no te digo nada nuevo cuando se puede hacer la observación de que los conciertos consiguen atraer a muchas más personas que las reuniones de oración; que hay lugares en los que el «tiempo de alabanza» es el verdadero protagonista del culto y la predicación es limitada por una serie de capsulitas bíblicas; que varias personas iniciaron sus ministerios con la música debido a que tenían talento y en un espacio relativamente corto de tiempo pasaron a ser pastores (¿no tendrá nada que ver con lo populares que han llegado a ser con sus talentos musicales?)… Llegados a este punto, permitidme decir que no creo que Dios sea un Dios estático en cuanto al reparto de dones y/o ministerios, pero me llama poderosamente la atención de que casi se haya hecho una «norma»… ¿Es posible que sea debido a que la música es un elemento muy importante, con mucho gancho entre las personas que sea el camino más «fácil» para conseguir hacerse un nombre y ser de esta manera una persona influyente? Y quiero que conste que no estoy juzgando el corazón de ningún cantante, eso sólo lo puede hacer Dios. Me limito a hacer la pregunta para llamar a la reflexión porque es posible que pongamos tanta atención desmedida en personas que cantan que lo que ellas dicen tiene tanto o más valor que lo que dice la misma palabra de Dios. Personalmente me he encontrado con personas así, de la misma manera que hay fanáticos de fútbol o de baloncesto que actúan de manera irracional, sin objetividad e incluso con violencia verbal hacia quien expone algo, frecuentemente negativo o simplemente no están de acuerdo, de su ídolo reaccionan  de esta manera. ¿No pasa lo mismo con algunos cantantes o grupos de música cristianos? Creo que queda claro que la música es un elemento muy importante en mi vida personal y en la vida de mi familia, sobre todo para mi mujer y nuestro hijo mayor pero hemos de darle el lugar y el valor equilibrado que corresponde
  • Hay idolatría hacia el dinero o las posesiones. Señala la Escritura que la «avaricia es idolatría» (Colosenses 3:5) junto con otras cosas que dice el apóstol que hay que «hacer morir» (literalmente dice «matad») Muchas veces señalamos ejemplos flagrantes como la Iglesia Católica Romana con todo el movimiento financiero que realiza hasta el punto de tener uno de los bancos más solventes del mundo. O organizaciones como la Watchtower de los «testigos de Jehová» que también tienen un movimiento económico notable. O la organización de la central del templo mormón en Salt Lake (Utah, Usa) con todo el complejo entramado económico que también tienen. Todos estos ejemplos son ciertos y verificados. No obstante, hemos de hacer una mirada hacia el movimiento evangélico y vemos casos como el de Guillermo Maldonado (su tristemente célebre y para nada afortunada frase: «¿Donde están mis millones?»), Marcos Witt, y otros menos conocidos, aunque de la misma índole como John MacArthur y su fundación y otros muchos casos. Eso mirando a las personas y casos relevantes, ¿pero qué podríamos decir de nosotros mismos en cuanto al dinero? ¿Preferimos acumular cosas antes que participar de una manera activa en eventos, causas o proyectos que tienen que ver con la obra de Dios? ¿Anteponemos nuestra carrera o la posiblidad de poder involucrarnos de una manera más activa en colaboración con personas que pueden realizar labor evangelística por ejemplo? ¿Hay idolatría en nuestros bolsillos? ¿Estamos haciendo válida la frase sarcástica de que «el bolsillo de un cristiano es lo último que se convierte»?
  • Hay idolatría por la «sana doctrina». Estas dos palabras son el abanderado de algunas denominaciones en particular porque, hay que decirlo directamente, se cree que determinada denominación, sistema teológico es el «correcto» y todos los demás están equivocados. Procedimiento muy sectario por otra parte que ha traído o está trayendo a muchos lugares un sinfín de conductas que generan mucha confusión, abren heridas muy profundas y dañan muy gravemenente el testimonio personal, familiar y eclesial en nuestro entorno y, con el auge de las redes y la comunicación, se propaga mucho más rápido de lo que debería extenderse el Evangelio. Conductas tan malsanas como llegar a expresar que «somos los policías de la Mesa del Señor» para así de una manera arbitraria no partir el pan y tomar el vino con «cualquiera» a veces incluso sin haber estado nunca en un culto de partimiento del pan de las personas en cuestió escudándose en pasajes como 1ª Corintios 10:21 sin observar todo el contexto… Conductas como romper relación con hermanos porque no tienen las mismas ideas que uno o porque no se piensa de la misma manera en todo, no sea que «me haga daño» o que los demás tienen «espíritu contencioso» pasando por alto que el debate, el intercambio de visiones, y pareceres a la luz de las Escrituras era algo habitual en el Nuevo Testamento (ver por ejemplo el llamado «Concilio de Jerusalén», Priscila y Aquila con Apolos, y otros pasajes que nos hablan de intercambio, pero no nos dan el detalle del contenido). Y llevando este tipo de conducta hasta el punto de no saludar por la calle, girar la cabeza haciendo como que no se ve o incluso cruzando la acera no sea que «me contamine»; llegando incluso a no estar en momentos importantes como en el dolor por una muerte o en la alegría como una boda o un nacimiento porque no puedo «tener comunión con esta o aquella persona»… ¿En serio? Repito una frase que publiqué en mis redes: «Si la sana doctrina no es doctrina que sana, no es sana doctrina»

Estos son algunos de los puntos que entiendo que hay esta cuestión a resolver: la idolatría. ¿Hay más cosas? Sí, tal vez pod´ríamos hablar de apatía, o de principios de vida incorrectos, de la falta de perdón, o de la nula restauración… Asuntos que darían para escribir un libro y que también son muy importantes y tristes. Ya os dije que el propósito de este artículo no es únicamente señalar lo mal que está todo. ¿Sabéis por qué? Porque el que escribe estas líneas también ha de batallar con estas y otras cosas debido a que es muy fácil desviarse. Y los desvíos no son por volantazos o brusquedades en la dirección, sino por pequeños grados paulatinos a lo largo del tiempo… Es por eso que la pregunta resuena de nuevo: ¿Qué pasa con nuestro cristianismo?

Ahora bien, tengo una buena noticia que daros: hay solución. ¿Dónde? Os invito a leer Oseas 6:1-3. Este texto es para mostraros que en el Señor hay solución. Especialmente en profundizar en el conocimiento de Dios a través de la relación personal con Él. Eso es de lo que trata este pasaje aquí. Y si vemos el contexto en el cual está escrito el libro de Oseas, todavía es más significativo y con mucho más sentido para nosotros en nuestros días, ¿no crees? Esto es una constante en las Escrituras donde Dios llama constantemente al ser humano a conocerle a Él, de hecho es lo más importante (Jeremías 9:24)

Llegados a estas alturas del artículo, quiero dejaros algunos puntos para tener en cuenta y, sobre todo, poner en práctica de una manera activa. Los primeros están basados en Hechos 2:42 que son como las 4 patas del asiento del cristiano. A continuación daré unos puntos de sugerencias de mi parte que podéis considerarlas o no. Simplemente son para haceros pensar (de eso va este sitio)

  • «Perseveraban en la doctrina de los apóstoles» – La doctrina de los apóstoles principalmente era mostrar que Jesús es el Cristo (mirad el versículo 36 del mismo capítulo). Ese era su punto más importante y debe de ser el nuestro: mostrar a Jesús como el Cristo, el Señor. Muchos mensajes hoy en dia hacia las personas que no han llegado a conocer a Jesús de una manera personal y profunda son de todo menos de esto. Se habla de las cosas que creemos (que se han de tener en cuenta y son muy importantes), se habla de moralidad (que se ha de explicar, pero sobre todo a los creyentes), del pecado (que tiene su lugar, pero a veces la proporción de hablar del pecado y de presentar a Jesús es muy llamativa), de las doctrinas referentes a la Iglesia (muy importante y que se ha de explicar a los creyentes)… Todo esto es muy importante. No obstante, el mensaje principal de los apóstoles era presentar a Jesús como el Cristo y Señor, profundizar en su conocimiento de una manera personal y profunda. Si no me crees, te invito a leer Efesios 3:14-19. La expresión «con todos los santos» es muy significativa.
  • «Perseveraban en la comunión unos con otros» – Un pilar altamente cuestionado en los tiempos actuales de diferentes maneras tal y como hemos visto. Parece que existen más razones para separarse que para andar juntos. Probablemente es fruto de la influencia de la idea del individualismo que durante muchos años ha sido promocionada a todos los niveles para desembocar en hacer solamente lo que «te hace sentir bien»… Quitando toda idea de esfuerzo, de aguante, de poner voluntad. Fijémonos que al inicio del versículo expone que «perseveraban», esta palabra tiene mucho que ver con la voluntad, con la constancia y el hacer frente a las adversidades y dificultades que puede comportar la común- unión. Es una constante en la cartas apostólicas el énfasis que le dan a la comunión de los santos y, especialmente el apóstol Juan, se pone muy radical enlazando este tema con el amor. Herman@s, la comunión es una decisión vital, consciente y activa de la misma manera que el amor es una decisión, no un sentimiento o un decálogo de creencias que hay que cumplir… y si no se cumplen, no se puede tener comunión con la otra persona… Que quede claro que estoy hablando a cristianos, a creyentes. ¿Cuántas veces hemos puesto distancia con otros y no hemos tenido esta constancia que dice aquí?
  • «Perseveraban en el partimiento del pan» – Algo de esto he mencionado más arriba. Si leemos detenidamente 1ª Corintios 11:17-34 vemos que el mensaje principal NO es a no participar sino a SÍ participar correctamente. Y en esto también está implicada la voluntad, la renuncia y el orden. Además que uno de los temas de trasfondo en esta cuestión es el del perdón y la resolución de conflictos o disensiones. Curiosamente, este es un tema que el mismo Maestro trató para introducir por primera vez la palabra iglesia antes de que comenzara (lee todo Mateo 18) ¿Cuántas veces preferimos la distancia, el no partir el pan a resolver asuntos que hacen daño? ¿Cuántas veces permitimos que detalles, que comienzan generalmente siendo pequeños, los usamos como excusa para levantar muros?
  • «Perseveraban en las oraciones» – A mi entender esto habla especialmente de la oración comunitaria, reunión que hoy en día (ya desde hace tiempo) es una de las reuniones con peor asistencia porque no es vista como importante. Y así nos va. ¿No será esta una de las razones principales por la que la Iglesia en general en nuestra cultura occidental está carente de poder y capacidad para llevar a personas a Cristo? Pues mira, es uno de los cuatro pilares en los cuales ponían voluntad estos cristianos primeros. Y, curiosamente, este pasaje habla después de que una gran multitud fuese tocada. Y unos versículos más abajo podemos leer que «el Señor añadía cada día a los que iban siendo salvos» (literalmente). Herman@s, hemos de volver a orar juntos en comunidad y hacer un propósito firme de corazón porque es uno de los pilares de la vida de un cristiano. Dejadme deciros de que, en los muchos momentos que Dios me ha permitido recibir bendiciones que no puedo explicar con palabras muchas de las cuales han sido en reuniones de oración. Particularmente hace años en una campaña de evangelismo en Granada que tuve que llevar a unos hermanos alemanes y pude estar en la reunión en la que se oraba por la campaña. Fue una completa bendición para mí. En otras ocasiones en diferentes campamentos evangelísticos en Piedralaves cuando no podíamos realizar ningún acto por carencia de permisos, íbamos a los lugares que estaban programados para ir y nos dividíamos en pequeños grupos orando por el lugar y la gente. O con un hermano especialmente, Andy Stewart, que oraba (hablaba) con Dios «como quien habla con su compañero» de una manera natural. O con otra hermana de la iglesia de donde provengo, María Laguna, que tenía su «cuarto de guerra» en su mecedora donde pasaba muchas horas orando por los diferentes hermanos y situaciones o cuando le venían preocupaciones por alguna persona en especial…. Dios se la llevó precisamente en esa posición, orando en su mecedora. Permíteme preguntarte: ¿cómo está tu vida de oración? Si yo te preguntara ahora mismo: «¿quieres venir a orar conmigo?», ¿qué me dirías? Pongamos voluntad en esto tan importante

Hasta aquí estos puntos que la Escritura marca de manera muy clara, entiendo yo. Dios es muy claro en lo que dice. Aquí van otras sugerencias:

  • A los ancianos, pastores y obispos – Creo que una de las cuestiones vitales es que debéis de tomaros muy en serio es la responsbilidad del discipulado y cuidado de las personas. Curiosamente la Escritura no habla en ningún momento de organizar las reuniones y sí de velar por las almas, de exhortar, consolar, animar, conducir y cuidar. Otra cuestión muy importante es la oración y el reconocimiento de dones y talentos para potenciarlos y conducirlos para que puedan tener su espacio y desempeño en la obra de Dios tanto en la iglesia como fuera de ella
  • A todos nosotros que seamos como los hermanos de Berea y comprobemos si lo que nos dice cualquier hermano, pastor, predicador o expositor es conforme a lo que ya Dios ha dejado por escrito en la Palabra de Dios. Eso requiere una avidez de leer las Escrituras de manera regular, de estudiar por uno mismo e ir adquiriendo cada vez más ese conocimiento personal de Cristo y de las cosas que forman parte de la voluntad de Dios para tu vida.
  • Creo honestamente que hemos de volver a tener encuentros intereclesiales que tanto enriquecían no hace tanto tiempo. Esta época que nos ha tocado vivir ha sido inculcado de una manera muy efectiva en la mente el temor a estar cerca de la gente como un elemento disuasorio de reunirse, tener contacto y comunión los unos con otros; siendo este un elemento muy importante no sólo en entre los cristianos, sino que es algo común a todos los seres humanos que lo tienen «de serie» lo de vivir en comunidad. Para mí siempre ha sido enriquecedor cuando venían hermanos de otras iglesias o íbamos a otras congregaciones en mi juventud. Hay lecciones y enriquecimiento que de otra manera no podrían darse. Eso es lo que estamos transmitiendo a nuestros hijos. Y en esta parte juega un papel vital la hospitalidad y/o el tiempo fraternal de calidad. No hay que ver las historias detrás de la «Cortina de Hierro» del hermano Andrés donde notaba muchas veces que los cristianos se sentían aislados y solos muchas veces y era un estímulo increíble saber que hermanos fuera que oraban por ellos y los amaban aún sin haberlos visto nunca…
  • Creo que España especialmente necesita de personas misioneras en cuanto a llevar el Evangelio (que hay mucho campo en nuestro país y fuera de él) pero también se necesitan personas con ministerios itinerantes como tenía David Morse o Samuel Vila, por poner unos ejemplos. Pablo y Bernabé manifestaron ese deseo (Hechos 15:36) justo antes de tener que separarse… Aunque vemos que Bernabé fue usado ya anteriormente cuando los apóstoles lo enviaron a Antioquía (11:23) en aquella obra que comenzaba. Personas que sean un soplo de aire fresco que conduzcan la mirada de las personas al Señor, personas que animen a los creyentes a profundizar en el conocimiento y la relación con Dios, personas (en definitva) que sean un estímulo donde quiera que vayan. Eso tiene unas consecuencias y unas implicaciones en muchos sentidos…. En fin, no quiero profundizar mucho en este tema porque es una visión particular…

Con estos últimos puntos quiero terminar este ar´ticulo como un aporte para pensar de cara a final de año que se aproxima para hacer este llamado a la conciencia y pongamos en balance estos pensamientos a la luz de las Escrituras, orando al Señor de la obra y…. ¡poniéndonos en marcha!

Siento haberme extendido un poco….

Aprovecho para desearos a todos los que habéis llegado hasta aquí que Dios os bendiga donde quiera que estéis y que levantemos nuestra mirada hacia 2023 con la certeza de que el Señor está cerca. ¡Maranata!

Sobre el discipulado (2)

Una de las cosas que personalmente me tocó experimentar con respecto a la vida cristiana es que, al menos en mi caso, no se enseñaba de una manera práctica a usar todos los recursos que podemos usar para profundizar nuestra relación con Dios, para ser de mayor edificación y estímulo a nuestros hermanos en la fe y para ser más eficaces a la hora de compartir con personas que no conocen a Dios que nos rodean e interactuamos a diario.

Hoy quiero compartir los tres elementos que son claves para mantener una correcta salud espiritual en tu vida que son válidos para todo creyente. Probablemente no te voy a decir algo nuevo o impresionante, no obstante estoy completamente convencido que hemos de refrescar nuestro concepto de espiritualidad porque es trascendental para los tiempos que nos tocan vivir y para beneficio nuestro y también para las siguientes generaciones.

Comenzaré diciendo que, básicamente, las tres maneras de incrementar nuestra relación, crecimiento y profundidad en nuestra relación con Dios son:

  • La lectura o audición de la Palabra de Dios – Ambas son muy necesarias. Las dos. Supongo que alguien puede argumentar que la lectura es lo mejor pues no es lo mismo leer que oír… Permíteme contestar: «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios» (Romanos 10:17). Con esto quiero reafirmar que ambas son necesarias. Leer te permite ejercitar la memoria fotográfica que todos tenemos (unos más y otros menos) y te ayuda a interiorizar lo que Dios dice. El escuchar la Palabra de Dios leída, también ejercitamos algo muy importante que es la capacidad para escuchar a otros. En un ejercicio que deberíamos hacer todos porque actualmente observamos (a mí me pasa también, no creas que soy mejor que tú) que no hay mucha paciencia para escuchar con calma a otros. Te he citado este versículo porque, sorprendentemente, no habla de llegar a ejercer la fe por la lectura, sino por el oír o escuchar. De hecho, en las sinagogas se iba a escuchar la lectura de la Torá, un ejercicio habitual que creo que deberíamos considerar de manera seria extendiéndolo a toda la Palabra de Dios. Así que nos puede ayudar tener alguna aplicación de la Biblia que podamos escuchar en diferentes ocasiones mientras caminamos por la calle, si en nuestro trabajo lo podemos compatibilizar (en mi profesión en los desplazamientos, por ejemplo) o apartar un tiempo deliberadamente para escuchar la Palabra de Dios. Leer también es muy importante y hoy en día tenemos la posibilidad de llevarla a todas partes en nuestros teléfonos o celulares inteligentes. Lanzo la pregunta: ¿cuántas veces tenemos unos minutos libres y, en vez de aprovechar para hacer la lectura de la Palabra de Dios, estamos leyendo otras cosas (que no son malas en sí mismas) pero que nos quitan las oportunidades de reforzar nuestra vida espiritual? Te confieso que es una batalla en mi propia vida.
  • La meditación de la Palabra de Dios – Esto requiere que sea intencional. Se ha de decidir, se ha de planificar, se ha de apartar ese tiempo para estar ante Dios mismo.  Y hemos de cortar cualquier intento de estorbo para ese tiempo, porque habrá esa batalla. El teléfono, el correo electrónico, los niños, tu mujer o tu marido, tus compañeros de trabajo o de clase, un sinfín de cosas que, curiosamente, intentarán interferir para llamar nuestra atención y desviarnos de la cita que hemos de tener  con Dios. Hemos de tener esa decisión firme de encontrarnos con Él. Ahora bien, en  mi juventud escuchaba y leía acerca del llamado «tiempo devocional» o, como he mencionado, la meditación de la Palabra de Dios… pero nadie te explicaba prácticamente cómo hacerlo. Es por esa razón que he grabado un pequeño vídeo altamente práctico con algunas sugerencias que puedes ver aquí.
  • El estudio de la Palabra de Dios – Seguramente pensarás que voy a decir que esto también ha de ser intencional. ¡Y tienes razón! La diferencia con la meditación es que esto es más profundo y requiere de una dedicación personal, de un método de estudio y de un análisis. Para todo estudio hay una serie de herramientas indispensable que se ha de tener para poder desempeñar de manera efectiva y con el objetivo correcto en el propósito del mismo. Conviene señalar aquí que esto es lo que se denomina comúnmente teología, del griego theos (dios) y logos (estudio), con lo que el propósito y objetivo es conocer a Dios más profundamente desde algo experimental personal. «Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová» (Jeremías 9:24). ¿Cuáles son estas herramientas indispensables? Permitidme dejaros con la intriga hasta la siguiente parte de esta serie. solamente queda decir que el tipo de estudio puede ser sistemático (de un libro de la Biblia concreto o un grupo de libros), temático (de un tema concreto mirando lo que dice Dios a lo largo de la Biblia) o concreto (de un pasaje o sección de la Biblia específico). A lo largo de esta serie iremos viendo cada uno de ellos para poder usar el que mejor vaya a cada quien.

Ahora bien, este artículo va enfocado sobre todo al tiempo devocional. Lo del tiempo del estudio bíblico lo veremos más adelante. Se trata de ir aprendiendo poco a poco. No obstante te voy a dejar unas preguntas de referencia para que puedas tenerlas como guía:

¿Hay un pecado que confesar y apartar de mi vida?

¿Hay una promesa para creer y con la cual alentarme?

¿Hay un buen ejemplo que seguir o imitar?

¿Hay un mandamiento que obedecer?

¿Hay un mal ejemplo, un tropiezo o un error del cual debo guardarme y evitar?

¿Hay una oración para repetir o imitar?

¿Hay un pensamiento acerca de Dios o un atributo de Dios para apreciar?

Es el deseo de mi corazón de que realices este tiempo especial tú a solas con Dios para que te enamores completamente de Él y puedas experimentar de manera personal que quiere trabajar directamente contigo. Puedes comenzar con Proverbios (tiene 31 capítulos, un  capítulo para cada día del mes), con los Salmos, o con el Evangelio de Juan… Hay muchas sugerencias para poder realizar. ¡Lo importante es que lo hagas!

Para motivarte, te animo a que me comentes cómo te va y qué te parecen estas pautas

¡¡Dios te bendiga!!

Sobre el discipulado…

Con David y Margarita Burt en su casa con unos cuantos hermanos

Personalmente creo que el tema del discipulado es un tema bastante mal comprendido en nuestro contexto tanto de la cristiandad como en el evangélico protestante, hablando más concretamente. Y, es algo mal comprendido por varias razones que chocan de lleno en algunas de las cosas que se han asumido como normales en nuestro proceder y en nuestros conceptos porque «hacemos lo que pensamos y pensamos lo que hacemos»… Por tanto es necesario hacer una

DEFINICION

«Discipulado es el acto de discipular, siendo discipular, enseñar, y discípulo quien aprende. Pues la palabra «discípulo» viene del latín discipulus y este de «discere» o (disco) (aprender) o sea el que aprende o que se deja enseñar, es decir, discipular.«

Palabras no mías, sino de un querido hermano en la fe, Gregorio Ramírez.

Pero la pregunta es : ¿Que se ha de enseñar y por tanto aprender? Y la respuesta a esa pregunta está bien clara:

«Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.» (Mateo 28:18-20)

De esta sencilla instrucción de Jesús se pueden sacar varias conclusiones simples. Una de ellas es que está claro que uno discipula o enseña y uno (o varios) reciben la enseñanza

Ahora bien, llegado a este punto creo que es necesario y pertinente comentar lo que NO es discipular:

  • NO es dar una clase magistral. Se quiere decir con esto que la imagen de profesor no es la que muestran las Escrituras. Eso de impartir conocimientos solamente es algo ajeno totalmente al concepto de discipulado
  • NO es involucrar en actividades eclesiales, evangelísticas o en reuniones de pastores o cosas por el estilo, aunque pueden tener su lugar.
  • NO es una selección o cuerpo de élite, personas especiales o con potencial. Es muy interesante y significativo que Jesús mandó «haced discípulos». No debería haber diferencia alguna entre un creyente y un discípulo, básicamente porque todo creyente es un discípulo según la Biblia.
  • NO se trata de que una serie de personas especiales son las que pueden discipular y otros no. Ese concepto es totalmente ajeno a lo que Jesús encomendó.
  • NO es que el que discipula enseña una serie de códigos, frases y eso lo tienen que repetir exactamente los que son discipulados. El maestro o discipulador reconoce la individualidad y la personalidad de cada discípulo/a, la valora y la fomenta. No se trata de hacer fotocopias, sino discípulos
  • NO se trata de aprender doctrina o conducta solamente sino de «imitar la fe» (Hebreos 13:7)
  • NO se trata de obediencia sin cuestionar, sino que el verdadero maestro enfocará a sus discípulos constantemente a la autoridad suprema que es nada más y nada menos que la Palabra de Dios.

Una vez considerado esto, que ya daría mucho para tratar y ampliar, vamos a exponer de manera muy breve lo que sí es discipular y las implicaciones que tiene:

  • Discipular implica convivir por un determinado tiempo con el maestro. Te sugiero que leas Marcos 3:13-15. Observad el detalle de lo primero que dice: «para que estuviesen con Él»…
  • Discipular implica enseñar no solamente conocimientos sino también cosas prácticas que, de hecho, es lo más importante. Eso es resultado del punto anterior
  • Discipular es un reto constante para los que son discipulados y para el discipulador porque no se trata de asimilar y ya está, sino de comprobarlo todo con la autoridad suprema. Esto lo vemos por ejemplo en Hechos 17:11
  • Discipular es uno de los dos puntos de lo que conforma la Misión y Comisión de Jesús del pasaje que he citado al principio
  • Discipular es vital para la iglesia porque es así por diseño de Dios. La adquisición de conocimiento y profundidad teológica no está reñido con el discipulado. El orden, sin embargo, sí es importante y puede tener consecuencias muy serias que hacen mucho daño y dificultan la convivencia, el buen hacer e, incluso, el testimonio personal y comunitario.
  • Discipular abarca todos los aspectos de la vida práctica. Todos hemos de ser discipulados y todos hemos de discipular.
  • Discipular significa invertir tiempo y poner voluntad, disposición y actitud de aprender..
  • Discipular significa acompañar y también encargar o soltar. Es como un equipamiento, entrenamiento y formación con la parte práctica.

Todo esto es una cuestión muy importante para la iglesia hoy en día (¿alguna vez ha dejado de serlo?) y que ha sido sustituida por la formación académica. Dejadme aclarar que no estoy en contra de la formación académica. Esto es necesario y bueno aunque no debe adquirir el grado de imprescindible que a veces se pretende. Lo que sí es imprescindible es discipular y ser discipulados. Para ello es necesario un cambio de mentalidad, un cambio de estilo de vida o un ajuste para hacer las cosas tal y como Jesús encargó en la Gran Comisión por mucho que nos cueste y sea contrario a lo que hemos vivido o estemos viviendo en nuestro contexto social, cultural y hasta eclesial.

Hasta hace bien poco en todos los oficios hay un poco este concepto de discipulado con enseñanza práctica para poder aprender el oficio que se quería desempeñar o aprender. De hecho, se iba a vivir a casa del maestro oficiante para aprender todo lo que involucraba ese oficio. Por poner un ejemplo de mi profesión: no hace tanto tiempo para ser camionero lo normal era estar un tiempo con una persona veterana que enseñaba el oficio, no solamente la manera de conducir un camión, sino de contabilizar los descansos, de realizar el mantenimiento del vehículo, de tratar a los clientes, de ayudar a los compañeros, de los lugares donde comer y descansar, de las implicaciones familiares y cómo llevarlas… Todos esos elementos que aprendías pasando el tiempo al lado de un veterano que te enseñaban no solamente la manera de conducir sino un estilo de vida. Esto es fácilmente extensible a todos los oficios. Y esto es aplicable en un grado sumamente especial al discipulado de los creyentes, sobre todo de los nuevos creyentes independientemente de su edad física.

Siguiendo con la similitud de los oficios, hay una serie de herramientas que son comunes a todos los que aprenden el oficio (ese «kit» básico imprescindible) que es necesario. Pero no solamente es necesario tenerlo, sino aprender a usarlo. Eso es precisamente lo que es vital para la vida cristiana. Por eso es muy importante llevarlo a cabo.

¿Cuáles son las herramientas necesarias para ser discipulados o para discipular? De eso hablaremos en el próximo artículo…

Cerebros cansados

Hoy (cuando escribo esto) me he discutido con mi mujer….. ¡Ah!, perdona que eso sólo me pasa a mí y no se puede hablar de cosas negativas. Bueno, pues sigue con lo que estabas haciendo. Los que seguís aquí os diré que el tema de la discusión fue algo provocado por mi parte. Estás trabajando toda la semana levantándote a horas muy tempranas para «poner las calles», como se suele decir, y llegas al fin de semana con el propósito de poder descansar para recargar la energía un poco. Poder dormir a gusto, vamos. Pues no. El cuerpo te hace despertarte a las 6 a.m. y no hay manera de hacerlo volver a conciliar el sueño…. El caso es que me levanto y pretendo entretenerme un poco leyendo o viendo alguna serie, desayunando (claro, el cuerpo también pide😅)… Lo que ocurre es que silencioso no soy a la hora de moverme… Y la he despertado. Y se ha desvelado. Y se ha enfadado… Lógico. ¡¡Y tiene razón!!

Toda esta situación me ha llevado a pensar en qué nivel de stress mental vivimos hoy en día. Nos depertamos con sonidos, nos acostamos con sonidos, nos dormimos con sonidos. Si lo pensamos un poco, nos daremos cuenta. Y me resulta curioso porque en medio de todos esos sonidos, están un montón de cosas que buscan llamar nuestra atención de una manera más o menos agresiva. Detrás de todo esto hay unas consecuencias a nivel mental y corporal que son imposibles de medir con certeza. Os dejo a vuestra consideración algunas y, si no lo veis, podéis comentármelo:

Debido a que tenemos sonidos que es poco menos que imposible evitar que estén, al menos podríamos intentar minimizar su impacto en nuestras vidas. Me refiero a los sonidos de fondo. Estamos rodeados de aparatos que hacen sonidos, tal vez en una frecuencia que a nuestro oído humano no captamos como molestos. Estamos acostumbrados a ellos. Ruidos como el ventilador o ventiladores del portátil en el que estoy ahora mismo trabajando, el frigorífico, el congelador, los aires acondicionados, la televisión (sí, aunque esté con la lucecita roja, sigue emitiendo sonido), los contadores de la luz.. etc. Todos estos sonidos (y más que podíais sugerir) son inevitables en buena parte, pero al menos podríamos intentar minimizar esos sonidos cerrando la puerta de donde se encuentran esos aparatos. Sobre todo me refiero al frigorífico y al congelador, aparatos que necesitamos que funcionen constantemente para conservar nuestros alimentos y el contador de la luz….. Los otros sonidos como la televisión, ordenadores, aires acondicionados y otras cosas así deberíamos desconectarlos.

Todos estos sonidos que tenemos sobre todo por la noche impiden o entorpecen nuestro descanso. Al no descansar bien, nuestro cerebro no descansa tampoco y entonces nos levantamos de nuestro sueño sin haber descansado. Existen estudios acerca de esto mucho más técnicos que lo que os digo, así que podéis investigar por vuestra cuenta. Ello provoca que al seguir procesando esos sonidos, nuestro cerebro no deja de procesar, no se pone en stand by y, por lo tanto, no regenera como debiera. ¿No te ha pasado nunca que te levantas con dolor de cabeza? ¿Te has parado a pensar a qué se debe?🤔🤔

Debido a que nos levantamos con dolor de cabeza, tiramos de medicamentos como el paracetamol, gelocatil y otros para poder hacer frente al día que tenemos por delante… No estoy en contra de los medicamentos en sí, ya que si se usan con entendimiento nos pueden ayudar en momentos puntuales. En mi caso personal, os puedo decir que, cuando me da dolor de cabeza por la tarde-noche, evito tomar ningún tipo de medicamento para ello pues sé que, al descansar, el cuerpo y el cerebro se encargarán de ello. Cuando me da dolor de cabeza al levantarme por la mañana intento esperar lo máximo y, también depende del tipo de dolor de cabeza, suelo tomar un paracetamol o similar para hacer frente al día. Esto lo procuro hacer de vez en cuando. Es muy fácil notar un leve dolor y tirar de medicamento porque eso es lo fácil y cómodo.

Todo estos estímulos provocan que nuestro cerebro esté cansado para procesar información, investigar, comparar o realizar acciones que requieren un extra de energía, concentración y esfuerzo. El resultado es que provoca la acomodación y el cada vez más escaso uso del raciocinio, el análisis y el estar centrado en una sola cosa. Ponemos música a nuestro alrededor, escuchamos sonidos sin parar (ahora mismo estoy escuchando el sonido de los coches en la calle y las pruebas que se están realizando en el circuito de Montmeló) por lo que nuestro cerebro se fatiga alarmantemente. Así que deseamos que no nos hagan pensar, deseamos que las cosas de intriga como series, películas y libros no sean muy densos. También lleva a no investigar, a estudiar lo mínimo las cosas… y si nos lo pueden dar todo masticadito, mejor…

Todo esto tiene implicaciones muy serias en todos los ámbitos de la vida, incluido el espiritual. Muchas veces, al tratar con personas, me encuentro que repiten clichés o frases hechas, pero cuando les haces una pregunta nueva o les cambias la frase y les pides que la expliquen no son capaces… (no en todos los casos, por supuesto) Cuando eso me ocurre intento encontrar a manera de poder arrancar el motor de la mente para hacer pensar…. No siempre lo consigo. Y no dejo de pensar que muchas personas tienen el cerebro cansado de tanto ruido, de tantas noticias e «información», de la falta de enseñanza y formación para la lógica y el razonamiento propio y, por ello, la dificultad es enorme.

Hay un texto en la Biblia que dice lo siguiente:

«Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.» (Isaías 55:6)

En este texto nos dice dos cosas increíbles: Dios puede ser encontrado y también dice que está cercano. No es difícil encontrarse con Él, aunque lo cierto es que debemos de buscarlo. Hay que tener intencionalidad para que esto sea posible porque la dificultad NO está en que Dios sea inaccesible. ¡¡Todo lo contrario!!

¿Que no sabes cómo encontrar a Dios? Pues de eso vamos a hablar en los siguientes temas…

¿A quién enviaré? (continuación..)

«La Gran Comisión es más que un llamado a dejar el lugar donde estamos e ir a algún otro sitio. Por supuesto, hay una gran necesidad de que la gente vaya, pero es más necesario que cada uno de nosotros tomemos nuestra responsabilidad para que la iglesia responda a la Gran Comisión; y estar involucrado permanentemente en ello, sin importar cuál es nuestra función. «

George Verwer, «Sal de tu comodidad y gana al mundo»

Con esta introducción, que comparto plenamente con el autor mencionado, es que me gustaría continuar de una manera específica para poner sobre la mesa unos casos prácticos para que nos sirvan de ejemplo, nos alienten, nos estimulen y, sobre todo, nos hagan pensar…

  • Ora – Y cuando digo esto me refiero a ir pasando de cosas generales a temas más específicos. Orar por la misión en general o, como decíamos en el anterior artículo, orar para que el SEñor envíe obreros a su mies es de las primeras cosas que Dios usa para abrir nuestros ojos y extender nuestra mirada al campo tan basto que tenemos por delante. Paulatinamente es muy probable que el Señor vaya poniendo delante casos, países o regiones específicas por los cuales ir orando de una manera más concreta. ¿No te pone nada delante? Sigue orando. Tal vez seas de esas columnas de oración que tanto se necesiten en el campo misionero
  • Investiga – Si ya tienes un sitio, país o región por el cual orar, sería bueno que hicieses un poco de investigación sobre cosas de ese lugar, país o región como el índice demográfico, la moneda, el idioma, costumbres y otras cosas que puedan resultar interesantes sobre todo como un medio de indentificación. Jesús mismo se hizo un ser humano, caminó entre las personas, tuvo que pasar por crecimiento en estatura y sabiduría, pasó hambre, frío y tuvo sueño…. Eso nos habla de identificación. Por otra parte te puede ayudar a entender la mentalidad de las personas, su forma de actuar y, ya sea que Dios te use allí o no, puede ser una herramienta para tratar a personas de allí.
  • Habla con misioneros o pastores – Eso es algo que hoy en día con las herramientas de comunicación que disponemos es mucho más fácil que nunca. Puedes preguntarles por la obra que están realizando donde se encuentran, pedirles motivos de oración y así poder orar con más conocimiento.
  • Comparte tus inquietudes — Esto es algo vital para poder encontrar personas que puedan orar juntamente contigo. Dios puede tocar su corazón y usarte como «despertador» para que otros se comiencen a plantear algo tan serio como la misión y comisión que nos dejó Jesús. Comparte tus inquietudes con las personas que están a cargo en la iglesia donde te congregas para que te orienten y te participen de su visión. Esto es sano aunque no piensen exactamente como tú. Esto es un buen ejercicio que puede evitar que te muevas únicamente por tu percepción, por tus emociones o por tu criterio personal. Te contaría mi experiencia haciendo esto…. Pero lo dejaremos para otro día
  • Si te sale a la mano, viaja a algún país o región para observar – Esto te ayudará a ver, a identificarte con las personas, a entender su modo de vida. Aquí es muy recomendable viajar para estar con algún misionero o familia misionera para poder compartir su visión, ayudar y experimentar de cerca lo que es el campo misionero. Vive entre los nativos, come su comida, duerme en sus viviendas. Entre otras cosas, eso fue lo que Jesús hizo de una manera superlativa.
  • Ofrenda – Siempre que sepas de alguna necesidad especial y puedas colaborar, aunque sea de manera esporádica, con un envío de dinero a necesidades especiales u objetivos concretos. Esto lo he podido experimentar de una manera increíble. Lo principal es que puedas tener alguna referencia de alguien que conozca la obra en cuestión, el misioner@ y su labor. Con toda la tecnología que hay hoy también abundan las personas que son aprovechadas y, aunque ellas darán cuenta de lo que hacen más pronto o más tarde, tenemos principios en las Escrituras con los cuales regirnos a la hora de usar lo que Dios nos da. Uno de estos principios es el de las referencias.

En fin, estas son algunas sugerencias que te dejo en el día de hoy porque creo sinceramente que hemos de adquirir la visión misional que tenían Jesús y los apóstoles de una manera urgente y necesaria.

Si quieres hablar acerca de ello o tienes más sugerencias o quieres compartir tu experiencia en la misión, puedes ponerte en contacto con toda confianza.

¡Dios te bendiga!

Consagración: ¿me toca a mí?

Lectura base: Levítico 27:9-34

Cuando hablamos del significado de las palabras podríamos hablar del significado AMPLIO y del significado CONCRETO o ESPECÍFICO. Este es uno de los casos en los que ocurre una de estas acepciones. Y, dejadme decir, que ambas son válidas. No obstante, ocurre a veces que cuando miramos solamente el significado amplio, perdemos de vista el significado específico. Otras veces puede ocurrir que nos fijemos solamente en el significado específico y perdamos de vista el concepto amplio de las cosas. Conforme vayamos viendo espero que vayamos entendiendo por qué digo esto.

Significado según el diccionario:

1. tr. Hacer sagrado a alguien o algo.

2. tr. Conferir a alguien o algo fama o preeminencia en determinado ámbito o actividad. Ejemplos: “Aquella novela lo consagró como gran escritor” o “La computadora se ha consagrado como instrumento imprescindible.”

3. tr. Dicho de una autoridad competente: Reconocer o establecer firmemente algo.

4. tr. Dedicar, ofrecer a Dios por culto o voto una persona o cosa. 

5. tr. Dedicar con suma eficacia y ardor algo a un determinado fin. Ejemplos: “Consagrar la vida a la defensa de la verdad” o “Consagrarse al estudio”.

6. intr. Rel. Dicho de un sacerdote católico: Pronunciar en la misa las palabras que operan la transustanciación.

Tomado de la RAE (Real Academia Española de la lengua)

Creo que nos acercamos al significado especialmente según el punto 3 y 4. Esto concretamente es de lo que trata aquí. Siendo coherentes, podemos dividir el pasaje en tres partes que son distintos ámbitos en los cuales Dios expone los principios sobre los que su pueblo debía regirse en cuanto a este tema. Vamos a verlo:

* El patrimonio (vv.14-25) – Esto afectaba tanto a las tierras como a las casas. Y variaba su valor en cuanto al año que tocaba el jubileo que ocurría cada 50 años. Era un evento en el cual se hacía restitución de las tierras o propiedades a sus respectivos herederos en la repartición de la tierra que más tarde haría el caudillo Josué. De ahí que diga lo que dice acerca del valor de las cosas que, lógicamente, no valía tanto si estaba cerca el año del jubileo que si estaba más lejos. Para ampliar esto que es tan importante podéis leer el capítulo 25 donde explica todo esto con todas las implicaciones que esto tiene.

* Los animales y las personas (vv.26-29) – Nos podemos dar cuenta de que empieza con una máxima que Dios mismo instauró tal y como vemos un poco más adelante en Números 3:40-51 y 18:15-16. Esto es crucial para todo lo que se dice aquí. Y, si miramos atentamente las palabras que pone en el versículo 28 “será cosa santísima para Jehová”. Esto nos habla de la importancia que tiene para Dios cuando algo es dedicado a Dios. Y hace una referencia a lo que los teólogos llaman la consagración para destrucción, es decir, cuando Dios ordenaba que cierto pueblo fuese destruido  o cierta persona debía morir no había rescate posible.

* La economía (vv.30-34) – Aquí habla tanto del dinero en efectivo como de las cosechas. Y establece unos principios de rescate que nos da la pista de que esto para Dios es muy importante. Y nos debe de llamar la atención que haga tanto hincapié en tan diversos aspectos.

Fijémonos en el versículo 31 donde dice que lo que se puede ser rescatado tiene que ser rescatado por su precio de valor más una quinta parte de su valor. “Entonces me saldrá más caro”…Eso podría llegar a pensar alguno. Es que esa es la cuestión que Dios quiere destacar y remarcar. En los vv. 32-33 vemos que sube un nivel todavía más alto: se podía intercambiar el animal consagrado pero debía de tener el mismo valor y su razón de ser seguía siendo la misma. La frase final es contundente y lo podríamos resumir de esta manera: NO SE NEGOCIA. Y esto es una conclusión más fuerte de lo que ya tocó en versículos anteriores en cuanto al rescate de las personas. (Vv. 9-10)

Entonces podríamos llegar a pensar como dice Eclesiastés 5:1-2, parece que está diciendo que es mejor estar calladito y no decir nada para no ser prendido en tus palabras, o como dice Proverbios 20:25. El énfasis no es este. Lo que Dios quiere que entendamos es que la consagración o los votos son muy importantes para Él y es por esa razón por la que cuando consagramos algo o alguien ha de ser de una manera consciente, considerada y comprometida. Esta es la importancia que Dios le da a este tema.

Y por los diferentes elementos que Dios pone aquí podemos decir que la consagración de algo o alguien debe ser:

* Para un servicio u objetivo concreto y específico.

* Por un tiempo determinado y pactado o de forma permanente

Para la mejor comprensión de estos conceptos y mejor aplicación para nuestras vidas, creo que es muy positivo que veamos ejemplos prácticos en las mismas Escrituras.

Por ejemplo, en el apartado de las cosas:

* El caso de Acán – Dios había dado unas instrucciones muy claras y específicas sobre las personas y las cosas de la ciudad de Jericó (6:16-19) y este señor al estar sacando las cosas que debían de sacarse para consagrar a Dios vio un manto y oro. Lo codició, lo sustrajo (es decir, pasó por alto las órdenes e instrucciones concretas de Dios) y lo escondió. Esto afectó al pueblo en la siguiente batalla contra la ciudad de Hai. Leamos Josué 7:10-12. Es una advertencia muy seria. 

* El caso de  Bernabé/Ananías y Safira – Aquí hay dos casos que tienen muy diferente resultado. Bernabé vendió una heredad, trajo el precio y lo puso a disposición de los apóstoles para las necesidades de los santos. Lo entregó sin reservas. Ananías hizo lo mismo, pero sustrajo del precio y dio a entender que lo daba todo también. Notemos el detalle de que no hablan de cantidades. Es muy llamativo. El apóstol Pedro, por iluminación del Espíritu Santo, le llama la atención y, podemos notar la similitud con el caso de Acán por su afán por ocultar. No tenían obligación ninguna de dar, pero no actuaron con transparencia. Normalmente se suele explicar que como era el inicio de la Iglesia, Dios actuó así de contundente. ¿No será más bien que sigue vigente el principio de la consagración? ¿No será que muchas personas han estado actuando como Ananías y Safira y esas consecuencias las está sintiendo todo el pueblo de Dios? Selah

En el apartado de las personas:

* El caso de Ana con Samuel – En esta ocasión vemos cómo esta mujer oraba por un hijo y se comprometió con Dios a entregarlo PARA SIEMPRE. Cuando dice “yo lo dedicaré”, literalmente dice “yo lo daré”. Si vemos el contexto en el que Ana entregó a Samuel al sumo sacerdote Elí, un hombre temeroso de Dios pero un padre que no estuvo a la altura de sus obligaciones, es aún más llamativo. Como padres a veces podemos cometer el error de decir que entregamos a Dios a nuestros hijos, pero luego queremos decir a qué los entregamos. Porque ocurre muchas veces que como padres queremos que nuestros hijos lleguen a donde nosotros no hemos podido llegar sin entender que ellos han de tomar sus decisiones por un lado; y por otro lado queremos condicionar a Dios diciéndole en qué queremos consagrar a nuestros hijos. No funciona así. Ana entregó a Samuel sin saber cómo iría nada de su vida, sin condiciones y de forma total. ¿Cómo planteamos la consagración?

* El caso de Jefté con su hija – Este caso es todavía más sorprendente y más cuando pensamos que a Dios no le agradaban los sacrificios humanos como expiación por el pecado al contrario que los dioses de alrededor del pueblo de Israel. Sin embargo, podemos entender un poco cuando consideramos las palabras que hemos leído sobre las personas anatema que no podían ser rescatadas. Es por eso que Jefté (y su hija) tuvieron que cumplir con su palabra porque echarse atrás podía acarrear consecuencias terribles.

* El caso del matrimonio en 1ª Corintios 7:3-5 – Notemos que está hablando de algo específico, por un tiempo determinado y acordado además de con un objetivo concreto. Es también una cuestión práctica y espiritual. Muchas veces la cuestión de la abstinencia es usado como castigo velado a la pareja, pero no para dedicarse a la oración o con un objetivo concreto. En este punto permitidme contaros que escuché el caso de un escritor secular que decía que, cuando tenía una fecha concreta para escribir un libro, hablaba con su mujer precisamente sobre pausar las relaciones sexuales porque se había dado cuenta de que cuando lo acordaban de esta manera era capaz de escribir hasta tres veces más rápido… El punto es que este tipo de consagración o entrega matrimonial ha de ser consensuado, pactado y hablado entre los dos, no de manera unilateral.

Ahora, después de esto que estamos considerando, dejadme compartiros un poco de lo que Dios me mostró y que hizo que me quedase sin dormir una de las noches cuando estaba pensando y meditando para este mensaje que compartí en varias iglesias. Hemos visto que la consagración es algo que se decide, que se aparta de manera especial con un fin concreto y por un tiempo determinado. Se ha de considerar que en muchas ocasiones la Biblia habla de la soberanía de Dios pero más concretamente de que toda la tierra (el continente con su contenido, podríamos decir) es suyo. Están en estos pasajes: Salmo 24:1; 50:12; 89:11; 1ª Corintios 10:26 y 28 donde se enfatiza que a Dios le pertenece toda la tierra por sus derechos como Creador. Por lo cual Dios podía exigir como en la Ley que todos los primogénitos le pertenecían por derecho propio y, sin embargo, proveyó de sustitutos para su rescate. Podemos ver que esto ya se había establecido como principio en la persona de Isaac en el monte Moriah en la relación de Dios con Abraham. Y también sabemos por el libro de Hebreos y otros pasajes de que esto era una sombra o una señal que apuntaba a lo que había de venir, o más bien, QUIEN iba a venir y de qué manera. Así que vamos a ver el caso de Cristo como el consagrado a ver si encaja con todo lo que hemos visto.

El caso de Cristo

* Apartado y dedicado para algo concreto – 1ª Pedro 1:17-21. Nos encontramos con esta maravilla difícil de entender pero que nos lleva a afianzar la fe y la esperanza. No fue algo hecho sin pensar o por un calentón o un parche a una situación que se había descontrolado. NO. Fue algo decidido de manera consciente, concreta y específicamente. Esto es similar a lo que hemos visto de las tierras

* Entregado sin reservas y por un tiempo determinado – No había cláusulas ni condiciones que pudiesen entorpecer la entrega. De manera similar a Ana, Dios entregó a Jesús sin reserva. Juan 3:16. ¿Por cuánto tiempo? Hebreos 7:21 nos lo dice: PARA SIEMPRE. Y esto ya estaba anunciado de antemano en el Salmo 110:4. ¡Cómo hila Dios!

* Cristo no tuvo sustituto – Hemos visto en el v. 33 que había determinados casos en los cuales se podía intercambiar el sujeto pero no el objetivo. Ambos debían de ser cosas sagradas o dedicadas a Dios. Debían de tener las mismas condiciones y características. Debían de tener el mismo objetivo concreto y no podían ser rescatados. Muy curioso todo esto y muy sorprendente cuando consideramos al Señor Jesús en este aspecto. No había sustituto, no había otro que pudiese igualar sus características. De ahí podemos comprender por qué el Señor le habló tan fuerte a Pedro cuando le reconvenía después de que el apóstol declarara: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16).

* Cristo fue hecho anatema o maldición – Esta verdad tan tremenda y profunda, conectado con lo anterior, lo explica el apóstol Pablo en profundidad en la carta a los Gálatas. Es un tema denso que no podemos ahora tratar, pero el aspecto que vemos ahora está en el 3:13-14. También nos encontramos con esta otra afirmación en 2ª Corintios 5:21. Fue hecho pecado o, en otras palabras, maldición o anatema. Esto cobra mucho más sentido y fuerza cuando recordamos en el pasaje base en Levítico el versículo 29. “Indefectiblemente” quiere decir que no hay otro camino posible. No hay rescate. Por eso el Señor le contestó a Pedro de aquella manera; por eso cuando oró en el huerto de Getsemaní en grande angustia no recibió contestación audible (pero sí práctica, un ángel fue enviado para fortalecerle). Al igual que la hija de Jefté, sabía que iba a morir. Por eso, y por la misma razón, es que no se “encontró a ninguno digno de abrir el libro y desatar sus sellos” (Apocalipsis 5) porque no había rescate para el anatema y, por lo tanto, nadie se había ganado el derecho de poder abrir aquel libro. 

Si Dios que es todosuficiente, sin tener necesidad de nada, hizo esto de forma totalmente voluntaria, decidida y concreta; es normal que se ponga muy serio cuando habla de consagración, entre otras cosas porque Él hizo la consagración más grande y por excelencia. Es por eso que en un sentido amplio todos hemos de consagrarnos a Dios porque es algo natural a lo que debería ser movida cada persona. Pero también vemos que Él se pone serio cuando habla de la consagración concreta, específica y determinada en el tiempo, debidamente meditada y de forma voluntaria y consciente. No se debe de hacer a la ligera porque Dios no lo hizo ni se lo tomó a la ligera.

Y, viendo la consagración, la dedicación, la entrega suprema que Dios mismo hizo con Jesucristo, ¿no deberíamos de plantearnos que la consagración es una consecuencia lógica, directa y razonable? 

Llegados a este punto que deberíamos preguntarnos de una manera muy seria la siguiente cuestión que os pongo. Y, dejadme decir que no se trata de acusar a nadie, sino de hacer pensar y llamar a la conciencia de cada cual para que sea el Espíritu Santo el que trate en particular.

¿Qué podemos consagrar a Dios?

  • Nuestro cuerpo – De esto habla Romanos 12:1. Cuando dice que “es vuestro culto racional”, se podría traducir sin hacer violencia al texto “es vuestro culto lógico”. Muchas veces espiritualizamos las cosas dándole una dimensión que nada tiene que ver con algo tan práctico y palpable como es nuestro cuerpo, pero Dios es un Dios que abarca todo. De hecho, uno de los deseos que el apóstol Pablo expresa lo dice abarcando el SER de las personas que han conocido a Dios en 1ª Tesalonicenses 5:23.
  • Nuestro tiempo – Sí, en el contexto AMPLIO que hablábamos al principio, todo nuestro tiempo es dedicado a Dios. De esto habla Colosenses 3:17. Este es el sentido amplio. ¿Has pensado dedicar algún tiempo específico y determinado para Dios de manera consciente, concisa y concreta? Y, sí, podemos pensar en el tiempo devocional (aunque personalmente lo veo como un tiempo de alimentación espiritual) sino algo mucho más específico y concreto. Tal vez sea un tiempo de dedicarte a estudiar y profundizar en las Escrituras, o un tiempo de aprendizaje cerca de personas con experiencia en la obra misionera, o de trabajar con un objetivo concreto…
  • Nuestros hijos – No es solamente presentarlos al Señor, de manera general sino también de una manera específica. ¿Tiene un componente de renuncia? ¡¡Sin lugar a dudas!! Aunque esto sería motivo de otro estudio, esto se mete con nosotros como padres porque nos coloca en una situación que escapa a nuestro control
  • Nuestras capacidades – Me resulta muy llamativo que Jesús en el NT utilice dos parábolas para hablar de lo importante que es para Dios esto. Curiosísimamente sale en el evangelio de Mateo 25:14-30 y también en Lucas 19:11-27 y, concretamente, el pensamiento y contexto es escatológico, es decir, relacionado con los tiempos de la venida de Jesús o la instauración visible del Reino de Dios. Y, mira por dónde, Jesús habla de la responsabilidad personal de la utilización de los dones y talentos que Él nos concede a cada un@. Algo que muchas veces no se toca cuando se habla de la Escatología o se dan estudios sobre la 2ª Venida de Cristo. Se dan conjeturas, se tratan hipótesis, interpretaciones y posturas bíblicas pero no se habla sobre el verdadero énfasis que Dios da justamente cuando trata estas cosas. Y, tal como hemos estado viendo en el tema de la consagración, Dios le da mucha importancia a esto. Dicho en otras palabras: Esto es para tomárselo en serio. ¿Estás usando todas tus capacidades, dones y talentos para gloria de Dios? ¿No hay nada en que puedas enfocarte de una manera más específica y concreta?
  • Nuestro dinero – Dicen que lo último que tarda en convertirse es el bolsillo de un cristiano. Aunque es una frase muy ácida, lo triste es que muchas veces es cierta. Aunque en muchos contextos evangélicos se enfatiza que el tema del diezmo no está puesto como un mandamiento para la iglesia, sí que sale la palabra “ofrenda” que significa “entrega”. Y, dejadme aclarar, que no tengo en mente lo de poner algo en la bolsa de la iglesia local donde te congregues. Esto es un principio y merecería una exposición completa acerca de esto. Estoy hablando relacionado con el tema de la consagración de una manera consciente, concreta y específicamente determinada. Porque, según hemos estado viendo, también se refiere al aspecto económico. ¿Nos hemos planteado de manera seria, consciente y decidida dedicar cierta cantidad de dinero para algo concreto para Dios?
  • Nuestro hogar – Con “hogar” me estoy refiriendo de una manera específica al lugar donde vivimos (casa, piso, habitación, caravana o tienda) y hacemos nuestras comidas, descansos y actividades propias del hogar. Es decir, un lugar de refugio, al que regresamos esperando encontrar refrigerio tanto físico, como mental y espiritual. Es evidente al leer las Escrituras que Dios da una gran importancia al hogar, sea cual sea, y a todo lo que involucra. Si vemos en el AT acerca de la expresión “edificar casa” nos daremos rápidamente cuenta de que no está queriendo decir solamente construir un edificio. Si vemos también en el NT, el mismo Jesús utilizó el hogar de una manera deliberada y habitual a través del cual, en la vida diaria y de manera natural, podía mantener conversaciones donde impartir las enseñanzas que surgían sobre todo a través de preguntas o comentarios de sus discípulos y de las personas que lo rodeaban. Salvo el Sermón de la Montaña, no hay grandes discursos del Maestro. Tenemos muchos ejemplos como la casa de los tres hermanos María, Marta y Lázaro; en casa de Simón el fariseo; en casa de Zaqueo o la misma casa del apóstol Pedro. Esto fue continuado con los apóstoles en el libro de los Hechos y vemos cómo los hogares fueron puntos muy importantes tanto a nivel de evangelización (Cornelio), como de enseñanza-discipulado (Aquila y Priscila) e, incluso, de reuniones de comunidades o iglesias locales dado que el contexto era muy distinto al de hoy. Y, curiosamente, hay una exhortación con una enseñanza muy importante acerca de la hospitalidad. Os voy a dejar dos pasajes solamente, aunque hay más, para que consideréis: Hebreos 13:1-2 y 1ª Pedro 4:9 (curiosamente el apóstol Pedro, quien puso su casa como “base de operaciones” en Capernaum). Este tema sería para tratarlo también de una manera más amplia…
  • ¿? 

Seguramente hay muchos más puntos que poner. Eso lo puedes hacer tú de una manera más privada o concreta. Simplemente me he limitado a poner algunos ejemplos para tu reflexión personal. 

Conociendo el contexto sociocultural, económico, político y religioso de hoy en día,  tan cambiante por otro lado, y con una dirección que apunta a lo ya anunciado por el Señor a través de las Escrituras cobran más importancia las palabras del apóstol Pablo:

“Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen; y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa”

1ª Corintios 7:29-31

Quiera Dios que estas consideraciones que he hecho hacia mí mismo en primer lugar, te hayan servido a ti. Oro de todo corazón de que todas las personas que lean estas líneas, sean edificadas y usadas por Dios hasta la próxima venida de Cristo.

Un gran abrazo en Cristo

El Olvidado

«Mas el Consolador, el Espíritu Santo….»

Juan 14:26

Al ignorar o negar la deidad de Cristo, los liberales han cometido un trágico error, porque no les deja nada más que un Cristo imperfecto cuya muerte fue un simple martirio y cuya resurrección es un mito. Los que siguen a un mero Salvador humano no siguen a ningún Salvador real, sino solo a un ideal, y además uno que no puede hacer nada más que burlarse de las debilidades y de los pecados de quienes les siguen. Si el hijo de María no era el Hijo de Dios en un sentido en qu eno lo es ningún otro hombre, la raza humana ya no puede tener esperanza. Si aquel que se llamó «la luz del mundo» no fue más que una antorcha vacilante, la oscuridad que rodea el mundo ha llegado para quedarse. Los llamados líderes cristianos se encogen de hombros, pero su responsabilidad hacia las almas de su grey no se puede eliminar con un mero encogimiento. Dios les pasará cuentas por el daño que han hecho a las personas sencillas que confiaron en ellos como guías espirituales.

Sin embargo, por muy culpable que sea el acto de los liberales cuando niegan la deidad de Cristo, nosotros, que nos enorgullecemos de nuestra ortodoxia, no debemos permitir que nuestra indignación nos imida ver nuestros propios errores. Sin duda no vivimos en un momento en que podamos felicitarnos, porque también nosotros, en los últimos años, hemos cometido un costoso error en la religión, un error equiparable estrechamente al de los liberales. Nuestro error (o podemos ser sinceros y llamarle «pecado»?)ha sido descuidar la la doctrina del Espíritu hasta un punto en que prácticamente le negamos su lugar en la Trinidad. Esta negación no se ha plasmado en una afirmación doctrinal abierta, porque en lo relativo a nuestros dogmas de fe nos hemos aferrado con bastante fuerza a la postura bíbica. Nuestro credo formal es sólido; el problema radica en nuestro credo práctico.

No es una distinción sin importancia. Una doctrina solo tiene valor práctico siempre que sea prominente en nuestro pensamiento y suponga una diferencia en nuestras vidas. Según este baremo, la doctrina del Espíritu Santo tal como la sostienen hoy en día los cristianos evangélicos casi no tiene valor práctico. En la mayoría de iglesias cristianas, el Espíritu apenas se tiene en cuenta. No supone ninguna diferencia real si está presente o ausente. Se hace una referencia breve a Él en la Doxología y en la Bendición. Aparte de eso, es como si no existiera. Le ignoramos hasta tal punto que si nos llamamos trinitarios, es solo por educación. La doctrina cristiana de la Trinidad afirma osadamente la igualdad de las tres Personas y el derecho que tiene el Espíritu Santo a ser adorado y glorificado. Todo lo que no esté a esa altura no es trinitarismo.

Nuestro descuido de la doctrina de la bendita tercera Persona ha tenido y tiene consecuencias graves. Y es que la doctrina es como dinamita; antes de liberar su poder debe tener el énfasis suficientemente agudo como para detonarla. Si no es así,puede aguardar en silencio en un rincón de nuestras mentes durante toda nuestra vida, sin producir efecto alguno. La doctrina del Espíritu es dinamita enterrada. Su poder espera que la Iglesia lo descubra y lo utilice. El poder del Espíritu no se concederá a la aceptación cursi de una verdad pneumatológica. Al Espíritu Santo no le importa en absoluto si le incluimos en nuestro credo al final de nuestros himnarios; espera nuestro énfasis. Cuando se introduzca en el pensamiento de los maestros, llegará a las expectativas de los oyentes. Cuando el Espíritu Santo deje de ser secundario y vuelva a ser fundamental, el pueblo que se llama «cristiano» volverá a afirmar su poder.

El concepto del Espíritu sostenido por el miembro medio de cualquier iglesia es tan difuso que prácticamente no existe. Cuando piensa en el tema, es probable que intente imaginar una sustancia nebulosa, como una nubecilla de humo invisible que, se nos dice, está presente en las iglesias y se cierne sobre las buenas personas cuando se están muriendo. Francamente, alguna de esas personas o cree nada de eso, pero quiere creer en algo y, como no se ve a la altura de la tarea que supone examinar toda la verdad a la luz de las Escrituras, llega a un acuerdo aceptando la creencia en el Espíritu en un lugar tan distante del centro de su vida como sea posible, sin permitir que suponga diferencia alguna para nada de lo que afecte en el terreno práctico. Esto describe a un número sorprendentemente alto de personas sinceras que procuran de corazón ser cristianos.

Ahora bien, ¿cómo hemos de pensar en el Espíritu? Una respuesta completa exigiría una docena de tomos. Como mucho, solo podemos señalar a la «unción de la gracia celestial», y esperar que el propio deseo del lector proporcione el estímulo necesario para inducirle a conocer a la bendita tercera Persona por sí mismo.

Si entiendo correctamente el registro de la experiencia cristiana a través de los años, quienes disfrutaron en mayor medida del poder del Espíritu son quienes menos tuvieron que decir de Él mediante una definición formal. el santo bíblico que caminaba en el Espíritu nunca intentó explicarlo. En las épocas postbíblicas, muchos que fueron llenos del Espíritu y dominados por Él no pudieron, debido a las limitaciones de su talento literario, decirnos mucho sobre su Persona. No tenían el don del autoanálisis, sino que vivieron con una sencillez arente de crítica. Para ellos, el Espíritu, era alguien a quien amar y con quien tener comunión, como se tiene con el propio Señor Jesús. Se habrían perdido completamente en cualquier debate metafísico sobre la naturaleza del Espíritu, pero no tuvieron ningún problema para reclamar el poder del Espíritu para llevar una vida santa y tener un servicio fructífero.

Esto es como debería ser. En la vida real, la experiencia personal debe ser siempre lo primero. Lo más importante es que experimentemos la realidad usando el método más corto y directo. Un niño puede tomar alimentos nutritivos sin saber nada de química ni de dietética. Un muchacho campesino puede disfrutar el deleite del amor puro sin haber oído hablar en su vida de Sigmun Freud o de Havelock Ellis. El conocimiento es por descripción, y el primero no presupone el segundo ni lo exige.

En el entorno de la religión, más que en cualquier otro campo de la experiencia humana, debemos hacer siempre una distinción clara entre saber sobre y conocer. La distinción es la misma que hay entre saber cosas sobre los alimentos o comerlos. Un hombre puede saberlo todo sobre el pan y aún así morirse de hambre, y un hombre puede estar espiritualmente muerto aunque conozca todos los datos históricos sobre el cristianismo. «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios veerdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado» (Juan 17:3). Solo tenemos que modificar un verbo de este versículo para entender la enorme diferencia que existe entre saber sobre algo y conocer algo. «Y esta es la vida eterna: que sepan de ti, el único Dios verdadero, y de Jesucristo, a quien has enviado». Esta simple modificación marca la gran diferencia entre la vida y la muerte, porque llega hasta la misma raíz del versículo y altera su teología de una forma tan radical como vital.

A pesar de eso, no queremos subestimar la importancia que tiene saber cosas sobre algo. Su valor radica en su capacidad de provocarnos el deseo de conocerlo por propia experiencia. Así, el conocimiento por descripción puede llevar al conocimiento por experiencia. Digo que puede llevar, pero no necesariamente. Es decir, no nos atrevamos a llegar a la conclusión de que, por el mero hecho de aprender cosas sobre el Espíritu, lo conocemos. El conocimiento del Espíritu solo llega cuando tenemos un encuentro personal con el propio Espíritu Santo.

¿Qué podemos pensar del Espíritu? La propia palabra espíritu nos dice muchas cosas. «Espíritu» significa un ser que existe en un nivel superior a la materia y más allá de la misma; supone una vida que se sustenta en otro plano. Un espíritu es una sustancia que no tiene peso, ni dimensión, ni tamaño, ni extensión en el espacio. Estas cualidades pertenecen a la materia, y no son aplicables al espíritu. Sin embargo, el espíritu tiene un ser auténtico y es objetivamente real. Si te cuesta imaginar esto, puedes pasarlo por alto, porque en el fondo no es más que un pobre intento de la mente por entender lo que escapa a su capacidad. Y no pasa nada si al pensar en el Espíritu nos vemos atrapados por las limitaciones de nuestro intelecto para revestirle con las imágenes familiares de las formas materiales.

¿Qué podemos pensar del Espíritu? La Biblia y la teología cristiana están de acuerdo en que es una Persona, dotada de todos los rasgos de la personalidad, como emociones, intelecto y voluntad. Sabe, desea, ama; siente afecto, antipatía y compasión. Piensa, ve, escucha, habla y realiza cualquier acto del que es capaz la personalidad.

Una de las cualidades del Espíritu Santo, que tiene un gran interés y una enorme importancia para todos los corazones que le buscan, es la penetrabilidad. Puede penetrar en la materia, como el cuerpo humano; puede penetrar en la mente; puede penetrar en otro espíritu como es el humano. Puede realizar una compenetración perfecta con el espíritu humano y relacionarse con él. Puede invadir el corazón humano y hacer espacio para sí mismo sin expulsar nada que sea esencialmente humano. La integridad de la personalidad humana queda intacta. Lo único que se ve obligado a retirarse es el mal moral.

El poblema metafísico que esto conlleva no se puede ni eludir ni resolver. ¿Cómo puede entrar una personalidad en otra? La respuesta sincera sería admitir simplemente, que no lo sabemos, pero un enfoque aproximado para comprenderlo puede ser una sencilla analogía que tomamos prestada de los escritores de antiguos devocionales de hace cientos de años. Ponemos un trozo de hierro en el fuego y avivamos los rescoldos. Al principio tenemos dos sustancias diferentes, hierro y fuego. Cuando insertamos el hierro en el fuego, este penetra en las llamas. Pronto el fuego empieza a penetrar en el hierro, y no solo tenemos el hierro en el fuego sino también el fuego en el hierro. Son dos sustancias distintas, pero se han mezclado y compenetrado hasta tal punto que ambas se vuelven una sola.

De una manera parecida, el Esíritu Santo penetra en nuestros espíritus. Durante toda la experiencia seguimos siendo quienes somos; no se produce la destrucción de nuestra sustancia. Ambos participantes siguen siendo entes separados, como antes; la diferencia es que ahora el Espíritu penetra en nuestra personalidad, llenándola, y mediante la experiencia somos uno con Dios.

¿Qué podemos pensar del Espíritu Santo? La Biblia declara que es Dios.Se le atribuye libremente todo rasgo propio del Todopoderoso. Dice que el Espíritu es todo lo que es Dios. El Espíritu de Dios es uno con Dios e igual a Él, de la misma manera que el espíritu del hombre es igual a él y uno con él. Esta verdad se enseña en las Escrituras tantas veces que, sin perjuicio para el argumento, podemos omitir la formalidad de los pasajes de prueba. Incluso la lectura más superficial nos revelará esto.

La Iglesia histoórica, cuando formuló su «norma de fe», incluyó osadamente en su confesión la creencia en la deidad del Espíritu Santo. El Credo de los Apóstoles da testimonio de la fe en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y no hace diferencias entre ellos. Los padres que redactaron el Credo de Nicea testificaron, en un pasaje de gran belleza de su fe, en la deidad del Espíritu Santo:

Y creo en el Espíritu Santo,
Señor y Dador de vida,
procedente del Padre y del Hijo,
el cual, con el Padre y el Hijo,
juntamente es adorado y glorificado.

La controversia arriana del siglo IV obligó a los padres de la Iglesia a afirmar sus creencias con mayor claridad que antes. Entre los escritos importantes que aparecieron en esa época se encuentra el Credo de Atanasio. Para nosotros no tiene mucha importancia quién lo escribió. Fue redactado como un intento de establecer, en tan pocas palabras como fuera posible, qué enseña la biblia sobre la naturaleza de Dios; y lo hace con una amplitud y una precisión que no encuentra muchos equivalentes en la literatura del mundo. Veamos unas pocas citas relativas a la deidad del Espíritu Santo:

«Porque una es la persona del Padre y el Hijo, y otra (también) la del Espíritu Santo; pero el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo tienen una sola divinidad, gloria igual y coeterna majestad… Y en esta Trinidad, nada es antes ni después, nada mayor o menor, sino que las tres personas son entre sí coeternas y coiguales, de tal manera que, como antes se ha dicho, en todo hay que venerar lo mismo la unidad de la Trinidad que la Trinidad en la unidad»

En su himnología sacra, la Iglesia ha admitido libremente la deidad del Espíritu, y en sus cánticos inspirados le ha adorado con una intensidad gozosa. Algunos de nuestros himnos sobre el Espíritu se han vuelto tan familiares que tendemos a pasar por alto su verdadero significado, debido precisamente a esta familiaridad. Uno de esos himnos es «Santo Esíritu con luz divina»; otro es el más reciente «Ven sobre mí, aliento de Dios»; y hay muchos otros. Lo han cantado con tanta frecuencia personas que no han tenido un conocimiento experiencial de su contenido que, para la mayoría de nosotros, se han vuelto casi frases sin sentido.

En las obras poéticas de Frederick Faber he encontrado un himno dedicado al Espíritu Santo que yo considero digno de figurar entre los mejores jamás escritos pero, por lo que sé hasta ahora, no se lo ha adaptado a ninguna melodía, o si se ha hecho, no se canta en ninguna de las iglesias que conozco. ¿Podría deberse a que encarna una experiencia personal del Espíritu Santo tan profunda, tan íntima, tan ardiente, que no encuentra eco en los corazones de los adoradores del movimiento evangélico moderno? Voy a citar tres estrofas:

¡Fuente de amor! ¡Dios verdadero!
¡Quien a través de las eras
de Padre y de Hijo ha fluido
de manera increada!

¡Te temo, amor no engendrado!
¡Dios verdadero, única Fuente de gracia!
Y ahora, ante tu trono bendito,
Mi "yo" pecador humillo

¡Oh, luz! ¡Oh, amor! ¡Oh, Dios mío!
Contemplar ya no me atrevo
tus sublimes atributos
y de tu vida el misterio

Estos versos tienen todo lo necesario para ser un gran himno: una teología sólida, una estructura rimada, una belleza lírica, la comprensión elevada de ideas profundas y una carga completa de sentimiento religioso. Sin embargo, nadie los recuerda. Creo que un resurgimiento poderoso del poder del Espíritu entre nosotros abrirá los pozos de la himnología que hace mucho se olvidaron. Y es que el cántico nunca puede traer al Espíritu Santo, pero el Espíritu Santo invariablemente trae el cántico.

Lo que tenemos en la doctrina cristiana del Espíritu Santo es la deidad presente entre nosotros. No es solo el mensajero de Dios; es Dios. Es Dios en contacto con sus criaturas, haciendo una obra salvadora y renovadora en ellas y entre ellas.

Para la pregunta reverente «¿Cómo es Dios?», la respuesta correcta será: «Es como Cristo». Porque Cristo es Dios, y el Hombre que caminó entre los hombres en Palestina era Dios que actuaba como Él mismo en aquella circunstancia familiar en la que le puso su encarnación. Para la pregunta «¿Cómo es el Espíritu?», la respuesta siempre debe ser: «Es como Cristo». Porque el Espíritu es la esencia del Padre y del Hijo. Él es como ellos son. Lo que sentimos por Cristo y por nuestro Padre que está en los cielos es lo mismo que debemos sentir por el Espíritu del Padre y del Hijo.

El Espíritu Santo es el Espíritu de vida, de luz y de amor. Por su naturaleza increada es un océano ilimitado de fuego, que fluye, que siempre está en movimiento, que obra mientras cumple los propoósitos eternos de Dios. Hacia la naturaleza realiza un tipo de obra, hace el mundo otro y hacia la Iglesia otro distinto. Y cada uno de sus actos encaja con la voluntad del Dios trino. Nunca actúa por impulso, nunca lo hace tras tomar una decisión rápida o arbitraria. Dado que el Espíritu del Padre, siente exactamente lo mismo que este por su pueblo, de modo que por nuestra parte no debemos sentir ninguna extrañeza en su presencia. Siempre actuará como Jesús: hacia los pecadores con compasión, hacia los santos con un afecto cálido, hacia el sufrimiento humano con la piedad y el amor más tiernos.

Es hora de que nos arrepintamos, porque nuestras transgresiones contra la bendita tercera Persona han sido muchas y graves. Le hemos maltratado amargamente en la casa de sus amigos. Le hemos crucificado en su propio templo, como crucificaron al Hijo eterno en la colina sobre Jerusalén. Y los clavos que usamos no fueron de hierro, sino de esa materia más sutil y preciosa con la que se hace la vida humana. De nuestros corazones extrajimos los materiales refinados de la voluntad, el sentimiento y el pensamiento, y con ellos forjamos los clavos de la sospecha, la rebelión y el olvido. Durante días y días sin fin le entristecimos y le apagamos mediante nuestros pensamientos indignos y nuestra actitud hostil hacia Él.

El arrepentimiento más verdadero y aceptable consiste en invertir los actos y las actitudes de los que nos arrepentimos. Pasar mil años con remordimientos por un acto no complacerá tanto a Dios como un cambio de conducta y una vida reformada. «Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar» (Isaías 55:7).

La mejor manera de arrepentirnos de nuestra negligencia es dejar de pasarle por alto. Empecemos a pensar en el Espíritu Santo como alguien a quien hay que adorar y obedecer. Abramos todas las puertas e invitémosle a entrar. Entreguemos a Él todas las habitaciones del templo de nuestras corazones, e insistamos en que entre y ocupe su lugar como Señor y Dueño de su propia casa. Y recordemos que se siente tan atraído por el dulce nombre de Jesús como las abejas por el aroma que desprende el trébol. Se moverá libremente, complacido y sintiéndose como en casa en todos los lugares en que se glorifique a Cristo.

A.W. Tozer (1897-1963) empezó su búsqueda incesante de Dios a la edad de 17 años, después de escuchar las palabras de un predicador en una calle de Akron, Ohio. Tozer fue pastor, escritor y editor autodidacta, y sus mensajes poderosos siguen conmoviendo hoy los corazones y despertando las almas de los creyentes. Fue autor de más de 40 libros, entre ellos Diseñados para adorar, Fe auténtica, Fe más allá de la razón y La verdadera vida cristiana.

Navidad con lágrimas…

Un año más se acercan estas fechas señaladas en el calendario por muchos como algo especial. Tal vez sean especiales debido a todas las circunstancias están ocurriendo a nuestro alrededor con los virus que infunden miedo y que, curiosamente, sufren repuntes antes, durante y después de fechas señaladas como cristianas… Da que pensar.

También son las fechas en las cuales hay una batalla entre los detractores de la Navidad y los defensores a ultranza de ella. Creo que no es necesario exponer los argumentos de uno y otro lado porque, entre otras cosas, no es el propósito de este artículo. Me apena que este debate encarnizado con ridiculizaciones por una parte y con acusaciones por la otra manifieste de una manera evidente el poco respeto, entendimiento y el cinismo ácido que puede emanar del ser humano. Y eso en ambientes tanto seculares como en contextos cristianos. Triste, muy triste. Cada año lo mismo….

Tal vez sea porque estoy influenciado porque mi mujer y yo estamos viendo una serie multigeneracional que nos hace a los dos estallar en carcajadas y derramar lágrimas sin poder contenernos por más que nos esforcemos en permanecer impertérritos para hacernos los fuertes enfrente del otro…. ¡Misión imposible! Lo cierto es que vemos el drama de la enfermedad de una de las protagonistas con lo que puede llegar a afectar al resto de la familia. Las luchas, los pensamientos, los cambios de humor, las dudas, el miedo, la incertidumbre y el dolor es retratado magistralmente por los actores siguiendo la pluma de los guionistas. Todo esto me ha llevado a pensar en muchas personas que afrontan estas fechas, para unos tan señaladas y de alegría, con el peso de una enfermedad o con el dolor por haber perdido a alguien cercano precisamente durante estos d´´ias… Si estás leyendo esto y empiezas a tener los ojos húmedos de las lágrimas, por favor, sigue leyendo.

Dejando a un lado la cuestión de la vanidad de las fiestas, la hipocresía de felicitar a las personas como un mero formalismo (tal vez hasta sintiendo antipatía) o el origen (pagano o no) de esta celebración, lo cierto es que me da la sensación de que perdemos el tiempo en cosas accesorias sin considerar que lo cierto es que Jesús nació en un pueblecito de Oriente Medio llamado Belén. Esto es un hecho histórico. Es algo que cambió el curso de la Historia de la Humanidad, pienses lo que pienses acerca de ello. Ninguna otra persona ha tenido tanta influencia. Y, creo que estarás de acuerdo conmigo, de que al menos merece algún tipo de consideración.

Todas las circunstancias que rodean al nacimiento de Jesús son extraordinarias. No por eso tiene menos respaldo histórico. La fecha exacta de su nacimiento es una cuestión que no se conoce con exactitud, esa es la verdad. Se pueden hacer conjeturas, pero asegurar una fecha, es imposible. Y, personalmente, creo que eso es precisamente porque no es lo verdaderamente importante. Para nada. Lo verdaderamente importante es que Jesús nació. Eso es lo importante. Además de que esto estaba anunciado muchos años antes por diferentes personas con una precisión inaudita.

No obstante, saber la fecha de nacimiento de alguien no es lo significativo. Lo que lo vuelve significativo es lo que hace esa persona cuando crece, se desarrolla y su vida influencia a la comunidad humana. Esto mismo sucede con Jesús. También fue extraordinaria la forma en que vivió, la forma en que comunicó y trató con quienes le rodeaban donde sobresale una profunda compasión por las personas que sufrían y tenían dolor, enfermedad, miedo e incomprensión. Él estaba cercano donde otros ponían distancia. Él amaba a quienes otros odiaban. Él reprendía con amor firme para conducir a las personas a algo anunciado por los mismos ángeles a los pastores: «en la tierra paz, buena voluntad de Dios para con los hombres»… ¡¡Algo sin precedentes!! Y eso fue mostrado de una manera tan extrema que incluso podemos verlo cuando muere en la cruz con los brazos extendidos como si quisiera abrazar a la humanidad… ¡¡Asombroso!!

Así que, ya sea que celebres o no la Navidad; ya sea que tengas profeses algún tipo de religión o no; ya sea que estés con una salud pletórica o tal vez pasando por una enfermedad; ya sea que tengas a todos tus familiares bien o que hayas perdido a algún ser querido, déjame decirte que Jesús vino a este mundo en estas circunstancias extraordinarias no para que se regalaran postales entrañables o que se pusieran luces de colores o que escucháramos música angelical. Todo esto está muy bien, pero no es el motivo. El motivo es que Jesús vino para manifestar la paz, la buena voluntad de Dios para con el ser humano de manera general y genérica. Más concretamente para hacerte llegar la paz y la buena voluntad de Dios a ti. Esto es algo tan increíble como cierto. Jesús quiere impactar tu vida como sólo Él sabe hacerlo. Para eso vino. Esto es el verdadero sentido de la Navidad.

Pd- Si quieres hablar de tus circunstancias, de estas y otras muchas cosas de manera más personal, te animo a que entres en contacto a través de las diferentes plataformas sociales, correo electrónico o contacto. ¡Dios te bendiga!