Sobre el discipulado…

Con David y Margarita Burt en su casa con unos cuantos hermanos

Personalmente creo que el tema del discipulado es un tema bastante mal comprendido en nuestro contexto tanto de la cristiandad como en el evangélico protestante, hablando más concretamente. Y, es algo mal comprendido por varias razones que chocan de lleno en algunas de las cosas que se han asumido como normales en nuestro proceder y en nuestros conceptos porque «hacemos lo que pensamos y pensamos lo que hacemos»… Por tanto es necesario hacer una

DEFINICION

«Discipulado es el acto de discipular, siendo discipular, enseñar, y discípulo quien aprende. Pues la palabra «discípulo» viene del latín discipulus y este de «discere» o (disco) (aprender) o sea el que aprende o que se deja enseñar, es decir, discipular.«

Palabras no mías, sino de un querido hermano en la fe, Gregorio Ramírez.

Pero la pregunta es : ¿Que se ha de enseñar y por tanto aprender? Y la respuesta a esa pregunta está bien clara:

«Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.» (Mateo 28:18-20)

De esta sencilla instrucción de Jesús se pueden sacar varias conclusiones simples. Una de ellas es que está claro que uno discipula o enseña y uno (o varios) reciben la enseñanza

Ahora bien, llegado a este punto creo que es necesario y pertinente comentar lo que NO es discipular:

  • NO es dar una clase magistral. Se quiere decir con esto que la imagen de profesor no es la que muestran las Escrituras. Eso de impartir conocimientos solamente es algo ajeno totalmente al concepto de discipulado
  • NO es involucrar en actividades eclesiales, evangelísticas o en reuniones de pastores o cosas por el estilo, aunque pueden tener su lugar.
  • NO es una selección o cuerpo de élite, personas especiales o con potencial. Es muy interesante y significativo que Jesús mandó «haced discípulos». No debería haber diferencia alguna entre un creyente y un discípulo, básicamente porque todo creyente es un discípulo según la Biblia.
  • NO se trata de que una serie de personas especiales son las que pueden discipular y otros no. Ese concepto es totalmente ajeno a lo que Jesús encomendó.
  • NO es que el que discipula enseña una serie de códigos, frases y eso lo tienen que repetir exactamente los que son discipulados. El maestro o discipulador reconoce la individualidad y la personalidad de cada discípulo/a, la valora y la fomenta. No se trata de hacer fotocopias, sino discípulos
  • NO se trata de aprender doctrina o conducta solamente sino de «imitar la fe» (Hebreos 13:7)
  • NO se trata de obediencia sin cuestionar, sino que el verdadero maestro enfocará a sus discípulos constantemente a la autoridad suprema que es nada más y nada menos que la Palabra de Dios.

Una vez considerado esto, que ya daría mucho para tratar y ampliar, vamos a exponer de manera muy breve lo que sí es discipular y las implicaciones que tiene:

  • Discipular implica convivir por un determinado tiempo con el maestro. Te sugiero que leas Marcos 3:13-15. Observad el detalle de lo primero que dice: «para que estuviesen con Él»…
  • Discipular implica enseñar no solamente conocimientos sino también cosas prácticas que, de hecho, es lo más importante. Eso es resultado del punto anterior
  • Discipular es un reto constante para los que son discipulados y para el discipulador porque no se trata de asimilar y ya está, sino de comprobarlo todo con la autoridad suprema. Esto lo vemos por ejemplo en Hechos 17:11
  • Discipular es uno de los dos puntos de lo que conforma la Misión y Comisión de Jesús del pasaje que he citado al principio
  • Discipular es vital para la iglesia porque es así por diseño de Dios. La adquisición de conocimiento y profundidad teológica no está reñido con el discipulado. El orden, sin embargo, sí es importante y puede tener consecuencias muy serias que hacen mucho daño y dificultan la convivencia, el buen hacer e, incluso, el testimonio personal y comunitario.
  • Discipular abarca todos los aspectos de la vida práctica. Todos hemos de ser discipulados y todos hemos de discipular.
  • Discipular significa invertir tiempo y poner voluntad, disposición y actitud de aprender..
  • Discipular significa acompañar y también encargar o soltar. Es como un equipamiento, entrenamiento y formación con la parte práctica.

Todo esto es una cuestión muy importante para la iglesia hoy en día (¿alguna vez ha dejado de serlo?) y que ha sido sustituida por la formación académica. Dejadme aclarar que no estoy en contra de la formación académica. Esto es necesario y bueno aunque no debe adquirir el grado de imprescindible que a veces se pretende. Lo que sí es imprescindible es discipular y ser discipulados. Para ello es necesario un cambio de mentalidad, un cambio de estilo de vida o un ajuste para hacer las cosas tal y como Jesús encargó en la Gran Comisión por mucho que nos cueste y sea contrario a lo que hemos vivido o estemos viviendo en nuestro contexto social, cultural y hasta eclesial.

Hasta hace bien poco en todos los oficios hay un poco este concepto de discipulado con enseñanza práctica para poder aprender el oficio que se quería desempeñar o aprender. De hecho, se iba a vivir a casa del maestro oficiante para aprender todo lo que involucraba ese oficio. Por poner un ejemplo de mi profesión: no hace tanto tiempo para ser camionero lo normal era estar un tiempo con una persona veterana que enseñaba el oficio, no solamente la manera de conducir un camión, sino de contabilizar los descansos, de realizar el mantenimiento del vehículo, de tratar a los clientes, de ayudar a los compañeros, de los lugares donde comer y descansar, de las implicaciones familiares y cómo llevarlas… Todos esos elementos que aprendías pasando el tiempo al lado de un veterano que te enseñaban no solamente la manera de conducir sino un estilo de vida. Esto es fácilmente extensible a todos los oficios. Y esto es aplicable en un grado sumamente especial al discipulado de los creyentes, sobre todo de los nuevos creyentes independientemente de su edad física.

Siguiendo con la similitud de los oficios, hay una serie de herramientas que son comunes a todos los que aprenden el oficio (ese «kit» básico imprescindible) que es necesario. Pero no solamente es necesario tenerlo, sino aprender a usarlo. Eso es precisamente lo que es vital para la vida cristiana. Por eso es muy importante llevarlo a cabo.

¿Cuáles son las herramientas necesarias para ser discipulados o para discipular? De eso hablaremos en el próximo artículo…

¿A quién enviaré? (continuación..)

«La Gran Comisión es más que un llamado a dejar el lugar donde estamos e ir a algún otro sitio. Por supuesto, hay una gran necesidad de que la gente vaya, pero es más necesario que cada uno de nosotros tomemos nuestra responsabilidad para que la iglesia responda a la Gran Comisión; y estar involucrado permanentemente en ello, sin importar cuál es nuestra función. «

George Verwer, «Sal de tu comodidad y gana al mundo»

Con esta introducción, que comparto plenamente con el autor mencionado, es que me gustaría continuar de una manera específica para poner sobre la mesa unos casos prácticos para que nos sirvan de ejemplo, nos alienten, nos estimulen y, sobre todo, nos hagan pensar…

  • Ora – Y cuando digo esto me refiero a ir pasando de cosas generales a temas más específicos. Orar por la misión en general o, como decíamos en el anterior artículo, orar para que el SEñor envíe obreros a su mies es de las primeras cosas que Dios usa para abrir nuestros ojos y extender nuestra mirada al campo tan basto que tenemos por delante. Paulatinamente es muy probable que el Señor vaya poniendo delante casos, países o regiones específicas por los cuales ir orando de una manera más concreta. ¿No te pone nada delante? Sigue orando. Tal vez seas de esas columnas de oración que tanto se necesiten en el campo misionero
  • Investiga – Si ya tienes un sitio, país o región por el cual orar, sería bueno que hicieses un poco de investigación sobre cosas de ese lugar, país o región como el índice demográfico, la moneda, el idioma, costumbres y otras cosas que puedan resultar interesantes sobre todo como un medio de indentificación. Jesús mismo se hizo un ser humano, caminó entre las personas, tuvo que pasar por crecimiento en estatura y sabiduría, pasó hambre, frío y tuvo sueño…. Eso nos habla de identificación. Por otra parte te puede ayudar a entender la mentalidad de las personas, su forma de actuar y, ya sea que Dios te use allí o no, puede ser una herramienta para tratar a personas de allí.
  • Habla con misioneros o pastores – Eso es algo que hoy en día con las herramientas de comunicación que disponemos es mucho más fácil que nunca. Puedes preguntarles por la obra que están realizando donde se encuentran, pedirles motivos de oración y así poder orar con más conocimiento.
  • Comparte tus inquietudes — Esto es algo vital para poder encontrar personas que puedan orar juntamente contigo. Dios puede tocar su corazón y usarte como «despertador» para que otros se comiencen a plantear algo tan serio como la misión y comisión que nos dejó Jesús. Comparte tus inquietudes con las personas que están a cargo en la iglesia donde te congregas para que te orienten y te participen de su visión. Esto es sano aunque no piensen exactamente como tú. Esto es un buen ejercicio que puede evitar que te muevas únicamente por tu percepción, por tus emociones o por tu criterio personal. Te contaría mi experiencia haciendo esto…. Pero lo dejaremos para otro día
  • Si te sale a la mano, viaja a algún país o región para observar – Esto te ayudará a ver, a identificarte con las personas, a entender su modo de vida. Aquí es muy recomendable viajar para estar con algún misionero o familia misionera para poder compartir su visión, ayudar y experimentar de cerca lo que es el campo misionero. Vive entre los nativos, come su comida, duerme en sus viviendas. Entre otras cosas, eso fue lo que Jesús hizo de una manera superlativa.
  • Ofrenda – Siempre que sepas de alguna necesidad especial y puedas colaborar, aunque sea de manera esporádica, con un envío de dinero a necesidades especiales u objetivos concretos. Esto lo he podido experimentar de una manera increíble. Lo principal es que puedas tener alguna referencia de alguien que conozca la obra en cuestión, el misioner@ y su labor. Con toda la tecnología que hay hoy también abundan las personas que son aprovechadas y, aunque ellas darán cuenta de lo que hacen más pronto o más tarde, tenemos principios en las Escrituras con los cuales regirnos a la hora de usar lo que Dios nos da. Uno de estos principios es el de las referencias.

En fin, estas son algunas sugerencias que te dejo en el día de hoy porque creo sinceramente que hemos de adquirir la visión misional que tenían Jesús y los apóstoles de una manera urgente y necesaria.

Si quieres hablar acerca de ello o tienes más sugerencias o quieres compartir tu experiencia en la misión, puedes ponerte en contacto con toda confianza.

¡Dios te bendiga!

¿A quién enviaré?

Últimamente me estoy planteando muchas cosas en mi vida personal, en nuestra vida familiar y, como es lógico, eso también afecta al ámbito eclesial. Así que me dispongo a escribir volcando estos pensamientos y reflexiones que tal vez tengan un tono fuertemente interpelativo… Así que, aclaro, si te sientes interpelado, confrontado o sacudido (lo digo tanto para los hermanos como para las hermanas) piensa que es algo que me está ocurriendo a mí en primer lugar.

Supongo que habrás notado que el título sale de una escena totalmente impresionante en el libro de Isaías en el capítulo 6. Te invito a que lo leas entero para disfrutar de todo su contexto. Correctamente sabemos que el sentido más profundo de esta pregunta y la respuesta que da el profeta tiene un sentido más pleno y total si entendemos que el Señor Jesús respondió a esa pregunta antes de la fundación del mundo. No obstante, también es verdad que Isaías respondió a esa pregunta después de tener esa visión de Dios, de ser purificado y, entonces y sólo entonces, el Señor hace esa pregunta y obtiene esa respuesta de labios del profeta: «Heme aquí, envíame a mí». Generalmente en conferencias y talleres que tratan sobre la misión y la obra misionera se dice que los creyentes en general oran: «heme aquí, envialo a él o a  ella». Triste, pero cierto. Oramos a Dios intentando ser lo más bíblicos posibles y pedimos que «envíe obreros a su mies», pero nunca nos planteamos que tal vez Dios quiere que seamos nosotros esos obreros. Oramos para que Dios levante evangelistas con poder, pero nunca nos planteamos hablar del Evangelio a nadie, ya no digamos enfocar nuestra vida de esta manera. Oramos y oramos…. y nos quedamos en nuestros sitios, con nuestros trabajos, en nuestras casas con calefacción, con nuestros ordenadores, nuestras rutinas y nuestro entorno controlado donde nos sentimos seguros, cómodos y tranquilos.

Paralelamente a esto, entre tanto interés renovado por la Escatología por lo que está aconteciendo en el mundo a nivel global, se habla mucho acerca de las cartas a las iglesias de los capítulos 2 al 3 de Apocalipsis. Y, un comentario que escucho mucho es: «todos somos Laodicea».  Al margen de las cuestiones de interpretación de los pasajes, y de este en concreto también, hay una lección muy clara con respecto a esta iglesia y es el acomodamiento, la comodidad y el conformismo. Si leemos el pasaje veremos con total claridad que a Dios le disgusta eso enormemente.

Lo cierto es que la realidad que vivimos, al menos en España, es que se tiene poca o nula mentalidad misional. Este era uno de los comentarios del hermano que vino al último campamento de iglesia que tuvimos recientemente Arturo Murillo, por cierto un mexicano. Y tiene toda la razón. España ha recibido y todavía recibe a personas misioneras porque todavía hay muchos lugares sin ninguna clase de testimonio. Y lo peor de todo es que muy pocas personas tienen alguna inquietud acerca de esto.

Ahora bien, recientemente hice una publicación en mis redes haciendo la pregunta a todos mis contactos en la fe acerca de cuál es la misión que Jesús encomendó. Como era lógico, contestaron pocas personas. No obstante, hubo un apunte muy bueno de un hermano que voy a citar con permiso del autor:

«La llaman Comisión o Misión, más es otro mandamiento, o mejor dicho, conjunto de mandatos o mandamientos (pues se incluyen varios) más de los muchos que dio Jesús a lo largo de su vida:

“Por tanto, id (Orden, Imperativo, mandato..), y haced discípulos (Orden, Imperativo, mandato, ..) a todas las naciones, bautizándolos (Orden, Imperativo, Mandato…), en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles (Orden, Imperativo, Mandato,..) que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”
‭‭Mateo‬ ‭28.

Por lo que no es sólo hacer hijos de Dios, por todo el mundo, y bautizarlos, sino también y sobre todo enseñar que deben cumplir los mandatos o mandamientos dados por Jesús (…enseñándoles que guarden todas las cosas que os he MANDADO. Termino derivado de Mandar, y de ahí lo de mandamientos). Por lo que lo que llaman la Gran Comisión no acaba cuando las personas creen y se bautizan, sino que ahí empieza. Porque no se trata de que Dios quiera tener hijos; se trata de que Dios desea tener, no cualquiera clase de hijos, sino hijos semejantes a Cristo, a saber, obedientes a Dios, a saber, que guardan o cumplen sus mandamientos (mandatos).

Por lo que la labor Pastoral, de la Escuela Dominical, de la enseñanza de unos con otros, y en general de todos forma parte de lo que llaman la Gran comisión, y no solo lo que llaman obra Misionera y/o Evangelistica, que es lo que usualmente se cree.

Es decir, si tú vas por ahí predicando, pero luego abandonas a su suerte a esos nuevos hermanos, sin preocuparte de su posterior cuidado y formación o enseñanza cristiana, de su crecimiento en obediencia, que dura, pues toda la vida, pues entonces no estás cumpliendo la Gran Comisión. Porque tener un hijo no es sólo cuestión de una noche loca de pasión…………………por el Evangelio. Tener un hijo es dedicarle toda tu vida, en alma completa, para cuidarle, educarle y hacerle un hombre como debe ser. Y los que somos padres lo sabemos. E igual Dios, que también es Padre.» (G.R. Ramírez, citado y adaptado con permiso)

Aquí es donde nos hace mucha pupa el Señor, tal y como enfatiza el hermano, en el mandamiento y los verbos imperativos. Lo mismo que el pasaje de Isaías: «¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros? Jesús no nos dio el ejemplo a distancia, sino que vino a hacerse un ser humano y de esta manera enseñó, con palabras y con actos (hechos) dejándonos ejemplo «para que sigáis Sus pisadas»… Esto señala el apóstol Pedro.

Ah, pero estamos muy cómodos en nuestras casas, con nuestros planes de jubilación, con nuestros trabajos estables (los que lo tienen) y viendo cómo pasan los años. Y de esta manera también vamos enseñando a nuestros hijos explicándoles que han de mirar por sus carreras, que han de estudiar lo máximo posible (no tengo nada en contra de esto), que deben tener esta visión de futuro…. Luego cuando llegamos a pasajes como «Buscad las cosas de arriba… «(Colosenses 3) decimos que las cosas de arriba son las profundidades de las Escrituras…. (¿¿En serio??)

El resultado de todo esto, como he mencionado de pasada, es que en la iglesia evangélica en España (hablo en general) no hay un interés por la misión. Es más, personas que se han dedicado a la obra o han sido misioneros, sus descendientes ni quieren oír hablar de ello, prefiriendo la acomodación y vivir sin sobresaltos económicos y algo más. Se piensa que el llamado misionero es para unos pocos (algo locos incluso) cuando hay herramientas para poder trabajar a distancia (que no es lo mismo, permitidme decir)…

Con esto no estoy pretendiendo que TODOS salgamos a la obra o que TODOS salgamos de misioneros. NO. Eso, a parte de ser imposible, es ilógico y contra lo que Dios muestra en las Escrituras. De la misma manera que nos muestra la Biblia la ilustración de lo que es la Iglesia tomando ejemplo de una casa o de un cuerpo para ilustrar la variedad de miembros y la diversidad de materiales pero, a la vez, la gran conjunción, sintonía e interdependencia entre ellos.

Lo que me fascina e inquieta a la vez es encontrarme a personas que jamás en sus vidas se han planteado involucrarse, no en la obra misionera, sino en nada que tenga un atisbo de compromiso, implicación, dedicación y renuncia que todo eso conlleva. Entienden que no es a eso a lo que Dios los ha llamado y se pasan la vida haciendo cosas que no son malas en sí mismas, pero que no cruzan esa línea invisible que pueda indicar que se ha pasado la línea que y se haya hecho un gramo más de compromiso, no sea que seamos esas personas a las que Dios llama y empieza a cargar de responsabilidades y nos vaya pidiendo más y más….

Lo cierto es que el Señor Jesús nos encargó una Misión. Una misión tiene un objetivo muy claro. También tiene una fecha límite de actuación. Sabemos que cuando partamos para estar en Su presencia o venga a por Su Iglesia esta misión se habrá acabado pero mientras tanto, la misión sigue vigente y urgente. Así que, si realmente hemos creído, estamos implicados en todo esto y nos lo hemos de plantear y actuar en consecuencia.

Hermano, hermana, permíteme preguntarte: ¿Te has parado a pensar qué quiere Dios de ti en esto?

Pastores, ancianos y responsables de iglesias os pregunto muy directamente: ¿vuestras congregaciones tienen una implicación misional de una manera concreta?

Sé que quedan puntos por tratar porque los aspectos son muy amplios. Eso lo trataremos en el próximo artículo…

El arte de comunicarse

Si hay algo que le encanta al que escribe estas líneas es la posibilidad de comunicarse con los demás. Es algo que disfruto poder hablar, poder escribir intercambiando ideas, opiniones o simplemente mantener el contacto. ¡Eso es estimulante, enriquecedor y retante al mismo tiempo!

En los tiempos que corren nos ha tocado vivir cosas que han dificultado grandemente la capacidad de comunicarse. Al menos en mi caso personal. Lo que sigue a continuación es una recopilación de cosas para que podáis haceros una idea de lo que me ocurre y tal vez os ayude a entender mejor algunas de mis reacciones. El propósito de este artículo tan personal no es ni dar pena, ni que se me vea diferente, ni nada de eso…

En primer lugar he de deciros que convivo desde que nací con un problema de oído a causa de una negligencia médica. Doy muchas gracias a Dios por los médicos y todo el personal sanitario porque sé de primera mano que son personas capaces de hacer cosas que ni siquiera pensamos. Estar en un quirófano es algo que personalmente no podría hacer (por ejemplo), o diagnosticar, intervenir con celeridad y acierto en determinadas situaciones de urgencia o accidentes. No obstante, en mi caso personal hace ya unos años no atendieron a mi madre cuando estaba para dar a luz porque «era primeriza» y eso provocó sufrimiento fetal que afectó a mi oído derecho. Tengo la oreja, pero no el oído por ese lado. Tengo claro que es algo que Dios permitió que ocurriera aunque os puedo decir que han habido momentos duros y difíciles de llevar.

Eso de tener un oído solamente ha hecho que tenga mis temporadas mejor en cuanto a audición y mis temporadas que ha sido más complicado de llevar. Sin embargo, hay una de las cosas que ha hecho que pudiese desarrollar cosas por supervivencia para poder comunicarme con más normalidad. Por ejemplo: aprendí completamente solo y de manera natural a leer los labios para ayudarme en la comunicación. Surge sin más. En los tiempos que vivimos actualmente podéis llegar a haceros una idea de lo que supone el uso de mascarillas actualmente. No estoy queriendo entrar en polémicas con nadie, simplemente digo lo que me ha supuesto y me sigue suponiendo. Es un esfuerzo extra que tengo que hacer para entender a la gente…

Por otra parte, esto me ha llevado a fijarme de manera especial en la pronunciación de las palabras, en la vocalización y, por supuesto, en la entonación. Disfruto muchísimo escuchando a personas hablando, dando discursos o conferencias. A parte de mirar y estudiar su línea argumental, observo su entonación, las pausas, las diferentes velocidades… En dos palabras: la retórica y la apologética. Eso me ha llevado a intentar comunicarme con claridad y vocalización buscando que a todo el mundo le sea fácil entenderme. Algo que todo el mundo debería de procurar para que el escuchar, asimilar y analizar sea fácil y sin esfuerzo extra.

Todo esto hace que me gusten los debates, el intercambio de opiniones o el tratar temas muy variados. Observo que en los canales de televisión y de radio es algo que se va perdiendo. Da la sensación de que el que alza más la voz, el que interrumpe más veces o es más faltón o soez es el que tiene razón cuando sabemos de sobra que no es así.  Los que me conocen personalmente o han tenido contacto de alguna manera conmigo, saben que me gusta hablar y tratar todo tipo de cosas. Amig@s míos podrán decir que literalmente hemos tenido debates, conversaciones o intercambio de opiniones por horas de conversación. Y siempre se aprende algo a fuerza de hablar, compartir e intercambiar con los demás.

Hoy en día, parece que se escape de todo ello. El intercambio de opiniones, visiones o simplemente de conversar es algo que brilla por su ausencia en muchas ocasiones. Más bien cada un@ va a soltar lo suyo sin parar a considerar de verdad a quien está al otro lado. Eso NO es una conversación ni un diálogo…. más bien es un monólogo. Y, llegados a este punto, no estoy señalando la capacidad de hablar solamente sino también la de escuchar.  Es vital.

Cuando alguien habla es importante que los demás consideren importante lo que tiene que decir, o al menos, tengan por digna a la persona que está por hablar. Esto me recuerda algo que llevo tiempo dándole vueltas:

«Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo» (Hebreos 1:1‭-‬2)

Como decía antes, si somos coherentes, hemos de considerar y poner atención cuando alguien habla. Otra razón es tener en cuenta la dignidad y el prestigio o reconocimiento de la persona que habla. Un ejemplo que pongo muchas veces es cuando hablo con compañeros de profesión más veteranos que comentan sus experiencias con el camión. El oficio ha cambiado mucho con el paso del tiempo (cosa normal) pero siempre se aprende de la acumulación de experiencia.

Me llama la atención en el texto bíblico que os he citado de que Dios ha hablado «muchas veces» y «de muchas maneras» para continuar diciendo que en última instancia nos ha hablado por «el Hijo», es decir por medio de Jesús. Y lo que más me llama la atención es de que muchas personas no escuchan de primera mano lo que Jesús dijo, lo que hizo, cómo vivió y cuál es el mensaje que venía a traer. Y más cuando hoy en día es muy fácil acceder cada un@ directamente a ello a través de la Biblia o de las aplicaciones móviles para poder leerla directamente y sin intermediarios. Me llama la atención de que se escucha a los que hablan acerca de Jesús, que no está mal en sí mismo, más que escuchar o leer directamente lo que Jesús dijo. Y lo que más me llama la atención es que, en general, no se quiere saber sino que se rechaza de plano «a priori»… Es decir, para cualquier figura o personaje que mínimamente haya influenciado en la humanidad, se suele decir que hay que conocer sus palabras, sus vidas o su biografía (eso, como mínimo…) mientras que eso no se realiza con todo lo que tiene que ver con la Biblia o con Dios.

Si Dios ha hablado, debe de tener algo importante que decir. Y, si somos honestos y coherentes, debemos escucharlo directamente. ¿Lo has hecho?

Terminando ya, si quieres hablar acerca de cualquier tema, intercambiar opiniones, compartir acerca de cuestiones (espirituales o no) nos tienes a tu disposición desde este espacio de El Rincón de Pensar por los diferentes canales en las redes sociales, correo electrónico y cualquier otro medio que tienes a tu disposición. Se te va a escuchar sin escándalos, sin juzgar y con privacidad, pero siendo sinceros y honestos. Si buscas esto, este es tu espacio. Seas quien seas, creas lo que creas y pienses como pienses.

¡Dios te bendiga!

A propósito de los padres…

Hace unos días se celebraba el día del padre. No soy un gran amigo de celebrar días concretos que celebra todo el mundo tal vez porque lo celebren de verdad, o tal vez porque queda «cool» en tu perfil de Facebook, Instagram, Twitter o cualquier otra red social, o tal vez porque celebrándolo así cada año (o cada cuanto sea) eso sirve para acallar la conciencia de lo que haces el resto del año…

Hablar acerca de un padre sin caer en las cursilerías acostumbradas de «eres mi héroe», «el mejor padre del mundo», «el padre perfecto» y cosas así o, por el contrario, en la falta de respeto, el rencor o la indiferencia es un poco complicado. Unas frases tienden a idealizar y las otras a criminalizar. Ninguna de las dos tendencias es mi propósito. A ver si lo consigo

Dejadme mencionar tres pasajes de la Biblia que hablan claramente acerca de la igualdad del respeto que los hijos han de tener a los progenitores, pero observad que el punto de vista que pone acerca de la relación con un padre o con una madre son diferentes. Estos textos os los puse en un artículo anterior hablando acerca de las madres. Cualquiera que tenga dos dedos de frente reconocerá que no es lo mismo un padre que una madre, generalmente hablando, el tipo de relación es diferente. Transcribo los textos:

«Hay generación que maldice a su padre y a su madre no bendice. El ojo que escarnece a su padre y menosprecia la enseñanza de la madre, los cuervos de la cañada lo saquen, y lo devoren los hijos del águila.» Proverbios 30:11‭ y ‬17

«El hijo sabio alegra al padre; mas el hombre necio menosprecia a su madre.» Proverbios 15:20

«El hijo sabio alegra al padre, pero el hijo necio es tristeza de su madre.» Proverbios 10:1

Es fácil observar que para Dios es muy importante la familia y el trato entre los miembros que la componen. Hay multitud de pasajes y referencias acerca de la importancia que Dios le da a los roles, responsabilidades y privilegios de los diferentes papeles que existen en la familia. Cuando habla acerca de las generaciones que «escarnecen» a sus padres, está hablando concretamente acerca de los progenitores masculinos. La RAE define escarnecer como «burlarse o mofarse con el propósito de humillar o ridiculizar». Para ser honestos y no señalar o hacer sentir mal a nadie, he de confesar con vergüenza de que en mis años mozos lo hice varias veces y por diversos motivos sin entender que eso en realidad se vuelve contra ti. No importa como sea tu padre, no importa cuantos estudios tenga, no importa lo mal que lo haya hecho o lo que ha dejado de hacer. Tu padre merece tu respeto, no tu burla. Merece tu consideración, no tu humillación. Habrá personas que incluso se reirán o te animarán a ello, pero esas mismas personas que te alientan a comportarte así, si observamos bien, jamás consienten que se diga nada malo de sus padres, piensen ellos lo que piensen, y hayan hecho sus padres lo que hayan hecho. Cuando los hijos entienden esto de manera profunda, cambiará la forma de relacionarnos con nuestros padres y también con nuestros hijos. ¡Cuántas heridas profundas se producen que cuesta muchísimo de curar!

Con el paso del tiempo, la mirada en retrospectiva y la madurez que uno va adquiriendo se puede valorar y considerar detalles que en otros momentos ni se me habían pasado por la cabeza. ¿Tuvo errores mi padre? Por supuesto que sí. Permitidme comentar un poco el contexto en el que creció: Mis abuelos paternos fueron dos huérfanos criados con sus tíos. Son cosas que ocurrían en plena época de la emigración española a muchos países en busca de una vida mejor o de un sustento para sus hijos. Las circunstancias no eran fáciles y el contexto no invitaba a experimentar ese cariño familiar que sólo unos padres pueden dar. En ese hogar creció mi padre junto con sus dos hermanas. Hicieron lo que mejor supieron o pudieron. Así creció mi padre. Y en sus tiempos mozos conoció a una joven que le conquistó el corazón como fue mi madre.

La vida familiar y lo que tuvieron que pasar pertenece a mis padres, pero al menos dejadme deciros que mi padre trabajó con esmero sabiendo de la responsabilidad que tenía de proveer para su familia. Hizo su desempeño de profesión hasta ese tiempo (y desde los 14 años) con honradez en un mundo tan duro como el de la construcción. Cuando supo que mi madre estaba embarazada, se esforzó para sacarse una oposición. Puedo decir por testimonios de varios familiares y de testigo directo mi madre, que puso todo el tesón en esa tarea. Era capaz de llevarse los libros para aprovechar la hora del bocadillo de media mañana y luego la hora de comer para estudiar. Sus compañeros llegaron a decirle que se iba a volver loco de tanto estudiar. Luego, nada más terminar su jornada, se iba a la academia donde le daban las clases pertinentes y, tarde en la noche, volvía andando a casa para ahorrar el billete de autobús. Mi madre me decía que muchas veces se levantaba a la 1 o a las 2 de la madrugada y se encontraba a mi padre estudiando. Aprobó esa oposición donde pudo jubilarse después de 37 años de servicio público como policía local en mi ciudad natal.

Ese mismo tesón y constancia que mostró para proveer el sustento familiar de manera estable, es la misma manera que mostró constancia en leer las Escrituras de forma familiar, mostrarnos a Dios y ponernos en sus caminos. Con sencillez de corazón, corazón noble, trabajando incansablemente e intentando aprender todo lo posible en el proceso, puedo decir que para mí es todo un ejemplo, con sus virtudes y defectos, de lo que es ser y comportarse como un padre. Sus lecciones no iban tanto en la dialéctica, sino en la práctica. Con él aprendí en vivo y en directo lo que es ser cristiano, ser padre, ser buen vecino y ser una persona íntegra, no perfecta (eso es imposible).

Hoy en día, mi padre sigue enseñándome más sin palabras. Ahora mismo me está enseñando lo que significa ser abuelo (tranqui@s, espero que aún pasen algunos añitos)… Mis hijos disfrutan mucho estando con él, yendo a ayudarle con sus tareas del campo (esa recogida de huevos de las gallinas) o jugando con él a la pelota, dando paseos por la montaña… Mi padre tiene la virtud de tener esa paciencia ejemplar con ellos aunque estoy seguro de que le vuelven la cabeza loca alguna vez….

Mi padre es para mí el mejor padre que Dios podía darme, entre otras cosas, porque ha intentado reflejar con su vida, con sus palabras y con sus acciones lo que el Padre Celestial hace con aquellos que se acercan a El de todo corazón. Papá, muchas gracias por todo lo que has hecho y lo que haces. ¡¡Muchas gracias por ser como eres!!

Si queréis que os cuente una de las cosas que me enseñó mi padre en un vídeo breve, ¡¡escribidme!!

Mi padre, mi ejemplo, mi apoyo.

La esencia del Evangelio (2)

Este trabajo mío tiene cosas que no todo el mundo es capaz de soportar, pero tiene algunas que lo hacen especial, al menos en mi caso. Cuando conduces en larga distancia te da tiempo a ordenar pensamientos mientras escuchas el sonido del motor, ves las luces de los demás o pasa un compañer@ con el camión decorado (lo confieso, en esos momentos se me cae la baba)… Son esos momentos en los cuales puedes hilvanar ideas o rumiar un tema importante como el que estamos tratando. Os aseguro que muchas de estas cosas las he pensado en mi «despacho con volante» para luego ponerlas por escrito.

Alguien podría decirme que la Biblia habla mucho del pecado y eso es cierto. Sin embargo, de lo que más habla es de Alguien y es de Jesús. Es el gran tema central. Toca multitud de temáticas, hay diferentes tipos de libros con distintos estilos como libros proféticos, libros poéticos, escritura sapiencial, epístolas doctrinales, libros históricos y el relato de la vida de Jesús que conforman los cuatro evangelistas. Pero todos estos libros reunidos en un solo tomo nos transmiten un mensaje inequívoco y es que Jesús es el personaje central por diseño y autoría de Dios. Ese es el GRAN TEMA de la Biblia.

EL objetivo de Dios en todo el diseño, es mostrarnos a Jesús, lo que vino a hacer, lo que nos implica eso a nosotros y, sobre todas las cosas, cómo Dios es, siente, actúa y revela. Esto nos lo dice Juan 1:18 – «A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer». Eso es lo importante y revelador.

Naturalmente, obviar el tema del pecado sería quitar un tema capital de la Escritura. Pero ¿cuál es el lugar bíblicamente hablando que ocupa el pecado? Permitidme dar algunas indicaciones breves:

  • El pecado es universal. Esta frase quiere decir que afecta a todos los seres humanos. En nuestros primeros padres, a raíz de su caída, quedó tocado el código genético humano de varias maneras notables. Entre ellas es que la maldad, el engaño, el orgullo se ve en cualquier ser humano desde muy temprano. «No hay justo ni aun uno», dice el apóstol Pablo en Romanos 1:10. Esto mismo nos señala la Ley dada por Dios una y otra vez.
  • El pecado tiene consecuencias para el ser humano. La principal es su alejamiento de Dios cuando el lugar que ocupaba era muy distinto. El siguiente más evidente es la muerte. Si nos atenemos a una mirada física objetiva a nuestro cuerpo nos daremos cuenta de que ha sido diseñado para vivir. Por eso es tan frustrante para cualquiera tener que hacer frente a la realidad de la muerte y al deterioro físico. «La paga del pecado es la muerte», dice Romanos 3:23.
  • El pecado tiene consecuencias manifiestas para el planeta en el cual vivimos. Esto también es fruto de la acción del ser humano donde lo que priman son los beneficios a costa muchas veces del ecosistema, de las personas y pasando por alto reglas de agricultura, especies autóctonas y muchas otras cosas más que no es posible explicar en una sola publicación.
  • El pecado fue sacado del medio por Jesús en la cruz. «Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz.» Colosenses 2:13‭-‬14
  • Ahora mismo el gran pecado al que se enfrenta la humanidad es no reconocer a Jesús tal y como Dios mismo demanda. «El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.» S.Juan 3:36

Esto es, a muy grandes rasgos, lo que la Biblia dice acerca del pecado. Es un tema trascendente porque nos toca a tí y a mí. Es importante explicarlo bien, pero no es el tema central. El tema central es Jesús y la gran pregunta que Dios tiene para el ser humano es: «¿Quién es Jesús para ti?»