He estado un tiempo sin publicar por distintas razones. Hay algunas que no puedo decir, pero otras sí. He tenido tiempo de pensar, meditar y orar. Ahora es tiempo de compartir, al menos un poco, algunas cosas. En mucho de esto ha tenido que ver el caso de Noelia Castillo Ramos. Aunque haya algunos que han visto alguno de los vídeos que publiqué en las diferentes redes sociales y han tildado de «lágrimas de cocodrilo»… En fin.
Lo cierto es que he estado dándole muchas vueltas a este caso y, tal como hacían autocrítica algunas personas, lo cierto es que se ha fallado como sociedad, como seres humanos y (hay que decirlo) también como cristianos que amamos la vida sabiendo que es un derecho intrínseco que debería de ser común para todos. Nacidos y no nacidos. Con salud o sin ella. La única excepción debería de ser cuando alguien se salta las normas de convivencia y contrae una deuda con la sociedad al cometer delito muy grave…. Pero ese es otro tema….
El caso es que he escuchado y leído que muchos lanzaban la crítica: «¿Dónde estaban los cristianos antes de que saliera en las noticias?» Y en parte tienen razón. Porque creo que eso es algo que precisamente caracterizaba a Jesús de una manera que destacaba por encima de las muchas cosas que hacía, de las muchas enseñanzas que daba y que también fue algo que tuvo que enseñar a sus propios discípulos incluso después de que partiera. Ese algo es la compasión, sea a quien sea, tenga el trasfondo que tenga y cueste lo que cueste. Todo eso no implicaba que compartiera el estilo de vida de las personas que se le acercaban. Es más, una de las frases que más resuenan en los relatos de los diferentes evangelios es: «Vete y no peques más». Nada más que añadir, señoría.
Jesús, en su transitar por este mundo, marcó (y sigue marcando) de una forma especial y diferencial a la vez, por su cercanía. Siempre estaba entre las personas. Todo el mundo podía acercarse a él. Prostitutas, publicanos, niños (incluso sus discípulos intentaron evitarlo), fariseos, romanos, gentiles (no judíos). Su radio de acción traspasaba fronteras a pesar de que su ministerio público fue en su mayoría en territorio de Judea. Su influencia traspasaba barreras sociales. Su compasión atravesaba las formas culturales de la época, lo cual chocaba a muchos de sus contemporáneos.
Era capaz de recibir a Nicodemo de noche, mostrar compasión a una mujer sorprendida en adulterio, querer entrar en casa de un cobrador de impuestos como Zaqueo, recibir una unción de una mujer de mala reputación delante de todos, entrar en las sinagogas, alimentar a las multitudes y preocuparse de sus discípulos para escucharlos después de haberlos enviado a una misión…. ¡¡Buff!! no sigo porque entonces tendría que transcribir los 4 evangelios y para eso tienes tu Biblia para poderlo leer por tí mism@.. No obstante, permíteme que te transcriba un texto muy conocido que pone de manifiesto cómo era el Maestro.
«Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.» (Mateo 11:28)
En cambio, hoy en día todo esto está muy diluido. Si hacemos un análisis general a vista de pájaro, creo que deberíamos de aceptar que distamos mucho de esto. Voy a poner unos ejemplos para ilustrar esto, aunque he de advertir que lo que expongo a continuación no pretende constituir ningún elemento de juicio hacia nadie. Tan sólo es para hacernos pensar. ¿Te atreves?
- Jesús nos mostraba su accesibilidad. Cualquiera podía acercarse, hablar con él, hacerle cualquier tipo de pregunta o comentario. Hoy en cambio para hablar con algún pastor has de hablar con la secretaria, o ha de consultar su agenda para ver si tiene un hueco, o peor aún: algunos pastores tienen guardaespaldas… Como los discípulos con los niños, oye. ¿Esto es ser como Jesús? Creo que dista bastante. Pero no pongamos la mirada solamente en las personas que tienen más grado de influencia (y en otro aspecto, más responsabilidad). ¿Nosotros estamos accesibles a los demás o somos unos estirados? No se trata de cultura, de estudios, de capacidad económica o de cualquier otra cosa que se te ocurra. NO. Se trata de ser como Jesús. Y, sí, eso puede resultar cansado, cargante y pesado. Si vemos al Maestro, eso lo llevó hasta el extremo de morir por todos nosotros para que aquellos que nos acercamos para ser transformados por Él, para que avivamos por Él reflejando, entre otras cosas, esa disponibilidad del Maestro. Y no digo que no haya tiempos de descanso necesarios. No se trata de eso. Se trata de reflejar a Jesús. Y me parece a mí que Noelia y otros muchos deberían de hablarnos fuertemente, tal vez gritarnos, de que no estamos siendo como Jesús era.
- Jesús tomaba ejemplos de la vida cotidiana, identificándose con las personas, no estando a parte en una especie de monasterio. No era un solitario ni un asceta. Se le puede ver ayudando a algunos de sus discípulos remendando las redes, trabajando en la carpintería de José (un oficio vital en aquella época), asistiendo a entierros como el del hijo de la viuda de Naín, atendiendo las peticiones de los principales de una sinagoga… Eso no quita que algunas personas puedan ser sostenidas económicamente para poder dedicarse de una forma más consagrada a determinados servicios. Siempre siendo sensibles con el contexto de la iglesia local o de la zona. Eso lo vemos en el apóstol Pablo, como ejemplo más claro. Hoy vemos a pastores, misioneros o personas dentro del ámbito cristiano con mansiones, algunos teniendo negocios millonarios e incluso algunas organizaciones que se dicen cristianas (seguidoras de Cristo) teniendo hasta sus propias entidades financieras que mueven millones. Y, por favor, eso no está queriendo decir que personas que se dedican a eso (que tiene un proceso y sobre todo ha de tener un llamado muy claro) no puedan tener una vida digna acorde al contexto social donde estén realizando su labor. Hemos de reconocer que, al menos aquí en España, se ha sido muy injusto con las personas dedicadas plenamente a la obra del Señor. El punto es que Jesús estaba siempre entre la gente atendiendo sus necesidades, viviendo su cotidianidad a la vez que transmitía su mensaje. Y eso, permitidme que lo diga es algo que TODOS los cristianos tenemos que hacer.
- El lugar que es el punto de reunión debería de ser un entorno seguro al que acudir. En la configuración del Tabernáculo se habla del «lugar que el Señor escogiere». Y, sí hermanos, sé que a lo que apunta esto es a Quien iba a venir, Jesús el Mesías y que en la Iglesia primitiva, la palabra «iglesia» (ekklessia, asamblea) habla de reunión de personas, no un edificio como se tiende a entender hoy. Es cierto y estoy totalmente de acuerdo con esa aplicación. No obstante, permitidme rescatar un poco la idea de que el punto de reunión debería de ser un entorno seguro al que acudir porque allí seguro que puedes encontrar a personas que te pueden ayudar y/o atender. Eso es algo muy importante que hoy se ha distorsionado también con la llegada de la tecnología (y no estoy en contra de ella). Muchas veces se prefiere reunirse a través de Zoom u otras aplicaciones que acudir presencialmente a una reunión por diferentes motivos, aunque alguno puede ser el de la comodidad, la pereza o porque así evitamos cualquier tipo de conversación con las personas para que «no se metan en mi vida», o porque nos es más fácil conectarnos a cientos o miles de kilómetros, que reunirnos de forma presencial con esta gente de aquí al lado que tienen muchos defectos… Hemos perdido el norte, ¿no crees? La importancia de la presencialidad es algo que está en las Escrituras de una forma que no deja lugar a dudas. Y eso tiene múltiples ámbitos como el discipulado, la misión… ¿No deberíamos de plantearnos algo?
- Jesús tomaba un hogar como punto neurálgico de acción. Eso lo podemos ver sobre todo en el Evangelio de Marcos, donde probablemente la casa de Pedro fue la «base central de operaciones» del Maestro. ¿No deberían de ser nuestros hogares puntos seguros que están abiertos a cualquiera donde se puede trabajar con las personas, donde encuentren sanidad, comprensión, cariño y bendición? El hogar debería de ser ese sitio donde cuidar y ser cuidados fuese lo habitual y no la excepción… Textos como 1ª Pedro 4:9, Hebreos 13:2 deberían de ampliar tus fronteras en este punto. Y sé que en la manera de pensar, en las circunstancias que se ha vivido recientemente y todas las influencias que se dan externamente se fomenta lo contrario: el «quédate en casa» ha hecho mucho daño, las ciudades de 15′ es algo que pretende limitar los movimientos libres de los ciudadanos, «el usa el transporte público o comparte coche», la falta de trenes, la subida de precios de combustibles, la bajada de las velocidades en las autopistas (todo lo «solucionan» así), el miedo a salir de casa y al volver encontrártela ocupada… Todo eso nos pretende empujar a asumir como normal el encierro, la limitación de trato personal y provoca una serie de vacíos que a la vista está en una sociedad más interconectada que nunca existe una pandemia de soledad sin precedentes. Y justo en eso es en lo que deberíamos imitar a Jesús.
Sé que esto puede resultar duro para algunas personas. Para mí también lo es, porque me confronta de una forma brutal mis prioridades sabiendo el llamado de Dios que tenemos como matrimonio. Y estoy en ello. No he alcanzado la meta todavía.
Muchos de los acontecimientos que están sucediendo hoy en día apuntan a que el regreso del Rey está cercano y creo que nuestras vidas, nuestas propiedades, nuestras posesiones y nuestros talentos deberían de ser exprimidos al máximo para reflejar a Aquel que abandonó lo que era suyo por derecho propio, su propio trono rodeado de gloria y majestad, para venir a este mundo en misión de rescate. Y lo fuerte de todo esto, creo que no lo pensamos mucho, es que todo lo que somos y lo que tenemos (talentos, vida, dinero, casa, conocimiento) será evaluado por el mismo Señor Jesús en cómo se empleó. Esto debería da hacer arder nuestro corazón, llamar a nuestras conciencias y ser revolucionada nuestra vida porque así y sólo así podremos evitar casos como el de Noelia y muchos otros que no conocemos, tal vez. Entonces seremos sensibles a la gente que nos rodea como Jesús lo fue. Entonces podremos llevar de la mano a la presencia de Aquel que dijo «Venid a mí».
Una palabra para aquellos que leen estas líneas sin ser creyentes: no sé lo que pensarás de todo esto. Tal vez te suene a un idioma extraterrestre. O tal vez hayas sido herid@ por gente que dice seguir a Jesús. Tal vez por omisión o tal vez por acción. Las dos cosas causan heridas. Es fuerte esto que te voy a decir, pero sí, la gente de Dios puede herir. Podemos equivocarnos, podemos hacer daño y podemos incluso sr tan incoherentes que decimos una cosa y hacemos otra. Es verdad. Y, por mi parte, he de reconocer que no siempre estoy a la altura de lo que Jesús enseñaba y practicaba. Lo siento de veras. He de pedir perdón por ello y lo voy a seguir teniendo que hacer mientras Dios no culmine su obra de transformación en mi persona. Eso es una realidad.
La otra realidad es que Jesús está disponible para ti y que Él no falla. Él te conoce y, aún así, te ama. Él sabe cómo sanar tus heridas de una forma increíble y única si acudes a Él tal y como lo ha demostrado cuando estuvo en este suelo y lo sigue haciendo con cada persona que quiere ser curada, sanada y transformada por Él de una forma trascendental. Te aviso, habrá cambios, habrá proceso y habrá cosas que no te gusten en el camino. ¡Te aseguro que vale la pena! ¿Vas a dejarlo pasar otra vez?
¡Acudamos todos a Jesús para ser transformados por Él!

