Reconozcámoslo….

Reconozcámoslo, somos amigos de compartir memes humorísticos, de hacer fotos de las comidas que nos ventilamos y de escuchar música sin parar….. Pero, ¿cuándo nos hemos parado a leer (sí, a leer detenidamente) un buen artículo, un buen libro o simplemente un escrito de alguien por la red o físicamente en papel?

Reconozcámoslo, no tenemos paciencia. No nos da la mente para ello…. Hemos caído en las garras de la tecnología, o del frenesí de no pensar, de la crítica fácil, del chiste express y de la burla rápida acerca de todo y cualquier tema. Porque todo vale. No importan los sentimientos de las personas ni sus consecuencias. Lo único que importa es la realización personal  aunque seamos incoherentes, ¡qué más da!

Reconozcámoslo, ya no se oyen argumentos ni debates de calidad donde puedas ver el ingenio del locutor, la línea argumental bien presentada y expuesta con aplomo, coherencia y sentido común. Lo único que queda es la descalificación, el insulto, la grosería y la mala educación. «Debates» donde el que más grita parece que es el que más razón tiene; el que más interrumpe es el que tiene más que decir; el que es más grosero y borde es el que acapara más atención. Y todo esto sin distinción de ninguna clase porque da igual si el que habla es hombre o mujer, rico o pobre, personaje político, persona de ciencia, de letras, del mundo de la cultura o ciudadano de a pie. Lo que hace no tanto tiempo se procuraba que fuese una excepción, hoy se ha convertido en una norma.

Reconozcámoslo, escuchar de verdad es algo que nos resulta extraño. Eso de estar pendientes de lo que otro diga y valorar de verdad sin juzgar a la persona y entrar en el terreno personal es algo que, hoy en día, resulta muy difícil. Ya no digamos si el interlocutor es de mentalidad totalmente contraria a la nuestra (al menos lo suponemos, eso ya es argumento convincente) entonces, no vamos a escuchar nada para valorar de verdad y considerar si es que tiene verosimilitud. De ahí que se puede ver cómo jóvenes hacen entrevistas solamente a jóvenes, universitarios a personas con carrera, periodistas a famosos….. El resto no importa. Lo que digan, si es contrario, no importa mucho…..

En medio de toda esta jungla cruel y sin sentido, resuenan con más fuerza que nunca las palabras de Jesús: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar» Mateo 11:28. Déjame decirte que precisamente para esto vino Jesús, para dar sentido a nuestras vidas. Pero déjame decirte también que Él dice «os haré descansar», no dice «te solucionaré todos tus problemas». Las cosas de la vida vienen para todos, los problemas, las penas, las luchas, el dolor…. Nadie se libra de ello. Y esto es algo que ha sido objeto de controversia mental para mucha gente. El tema es que Jesús promete hacernos descansar a pesar de lo que nos toque vivir. Es decir, estar equipados para cualquier circunstancia que nos pueda sobrevenir.

Y, curiosamente, Jesús durante su vida en este suelo no cedió ante las personas que no le reconocían de manera total. Hay muchísimos ejemplos de ello en las Escrituras y, lo más importante, sigue siendo vital en tu vida y la mía. Nos encontramos con la realidad inquebrantable de que o reconocemos todo lo que Jesús es (con todas sus implicaciones) o, en definitiva, no lo reconocemos. En ese sentido, Jesús era, es y será un radical. Igual de radical será la transformación en tu vida.

Tal vez te hagas la pregunta que varias personas me han hecho estos últimos días: ¿por qué Dios permite que algunas personas sufran tanto y otras se vayan de rositas? ¿Cómo es que da la sensación de que al que hace las cosas con maldad parece que todo le va bien y prospera y, en cambio, al que busca hacer lo correcto parece que todo le va en contra? Permitidme que este sea el tema de la siguiente publicación….

La esencia del Evangelio (2)

Este trabajo mío tiene cosas que no todo el mundo es capaz de soportar, pero tiene algunas que lo hacen especial, al menos en mi caso. Cuando conduces en larga distancia te da tiempo a ordenar pensamientos mientras escuchas el sonido del motor, ves las luces de los demás o pasa un compañer@ con el camión decorado (lo confieso, en esos momentos se me cae la baba)… Son esos momentos en los cuales puedes hilvanar ideas o rumiar un tema importante como el que estamos tratando. Os aseguro que muchas de estas cosas las he pensado en mi «despacho con volante» para luego ponerlas por escrito.

Alguien podría decirme que la Biblia habla mucho del pecado y eso es cierto. Sin embargo, de lo que más habla es de Alguien y es de Jesús. Es el gran tema central. Toca multitud de temáticas, hay diferentes tipos de libros con distintos estilos como libros proféticos, libros poéticos, escritura sapiencial, epístolas doctrinales, libros históricos y el relato de la vida de Jesús que conforman los cuatro evangelistas. Pero todos estos libros reunidos en un solo tomo nos transmiten un mensaje inequívoco y es que Jesús es el personaje central por diseño y autoría de Dios. Ese es el GRAN TEMA de la Biblia.

EL objetivo de Dios en todo el diseño, es mostrarnos a Jesús, lo que vino a hacer, lo que nos implica eso a nosotros y, sobre todas las cosas, cómo Dios es, siente, actúa y revela. Esto nos lo dice Juan 1:18 – «A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer». Eso es lo importante y revelador.

Naturalmente, obviar el tema del pecado sería quitar un tema capital de la Escritura. Pero ¿cuál es el lugar bíblicamente hablando que ocupa el pecado? Permitidme dar algunas indicaciones breves:

  • El pecado es universal. Esta frase quiere decir que afecta a todos los seres humanos. En nuestros primeros padres, a raíz de su caída, quedó tocado el código genético humano de varias maneras notables. Entre ellas es que la maldad, el engaño, el orgullo se ve en cualquier ser humano desde muy temprano. «No hay justo ni aun uno», dice el apóstol Pablo en Romanos 1:10. Esto mismo nos señala la Ley dada por Dios una y otra vez.
  • El pecado tiene consecuencias para el ser humano. La principal es su alejamiento de Dios cuando el lugar que ocupaba era muy distinto. El siguiente más evidente es la muerte. Si nos atenemos a una mirada física objetiva a nuestro cuerpo nos daremos cuenta de que ha sido diseñado para vivir. Por eso es tan frustrante para cualquiera tener que hacer frente a la realidad de la muerte y al deterioro físico. «La paga del pecado es la muerte», dice Romanos 3:23.
  • El pecado tiene consecuencias manifiestas para el planeta en el cual vivimos. Esto también es fruto de la acción del ser humano donde lo que priman son los beneficios a costa muchas veces del ecosistema, de las personas y pasando por alto reglas de agricultura, especies autóctonas y muchas otras cosas más que no es posible explicar en una sola publicación.
  • El pecado fue sacado del medio por Jesús en la cruz. «Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz.» Colosenses 2:13‭-‬14
  • Ahora mismo el gran pecado al que se enfrenta la humanidad es no reconocer a Jesús tal y como Dios mismo demanda. «El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.» S.Juan 3:36

Esto es, a muy grandes rasgos, lo que la Biblia dice acerca del pecado. Es un tema trascendente porque nos toca a tí y a mí. Es importante explicarlo bien, pero no es el tema central. El tema central es Jesús y la gran pregunta que Dios tiene para el ser humano es: «¿Quién es Jesús para ti?»

La Ley de Moisés y nuestro presente

Antiguo Pacto y Nuevo Pacto. El Dios del Antiguo Testamento no es el mismo que el del Nuevo Testamento. ¿Es así o no? Hay movimientos que dicen que sí, hay otros que dicen que no. Hay quien comenta que las cosas de la Ley eran para los judíos de su tiempo, pero como ahora ha venido Jesús, «las cosas viejas pasaron».

Ante todo en primer lugar decir que es cierto de que en Cristo se ha cumplido la ley del Antiguo Pacto. Esto es cierto, no porque lo diga yo (que no es importante) sino porque lo dijo Él mismo en Mateo 5:17 “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas, no he venido para abrogar, sino para cumplir”. Con lo cual en este punto no hay discusión posible. Él cumplió TODA la ley y TODOS los profetas.

Ahora bien, hay dos aspectos por lo menos que encontramos cuando leemos la Ley que se pueden diferenciar fácilmente: uno es la ley ceremonial con todos los sacrificios, ritos, fiestas, construcción del tabernáculo (y más tarde el templo), vestiduras, organización del campamento… etc; y otro es la ley moral que nos muestra cómo es Dios en su esencia y que esa forma de comportarse es su exigencia para con los seres humanos tal y como se lo planteó a los del pueblo de Israel.

Jesús cumplió con estos dos aspectos plenamente. Con el primero siendo el cumplimiento de aquellos ritos y sacrificios que apuntaban a aquel GRAN SACRIFICIO que iba a venir para satisfacer la deuda moral de la humanidad para con Dios. Eso lo explica muy bien el libro de Hebreos sobre todo en su primera parte.

Ahora bien, ese mismo libro de Hebreos en 9:13-14 nos muestra una cosa sublime. Nos muestra que Jesús no se ofreció en sacrificio ni realizó ningún acto en su ministerio terrenal en su propio poder (que lo tenía) sino que se puso en las manos del Espíritu. Para mejor entendimiento te ruego que busques en los evangelios, sobre todo en los primeros capítulos, donde dice claramente que Jesús “fue llevado por el Espíritu”. Hacía todo en obediencia a su Padre poniéndose en las manos de OTRO. Y el autor de Hebreos nos dice que esto nos habilita para “servir al Dios vivo y verdadero”.

Es decir, antes de conocer a Dios, la ley (tanto la ley moral como la ley sacrificial) me mostraba que era imposible por mis propias fuerzas llegar a Dios. Eso lo explica el apóstol Pablo en Romanos donde también dice que “la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno”. (Romanos 7:12)

La gran maravilla de Dios es que con el sacrificio del Señor Jesús está abierto para nosotros el camino al Lugar Santísimo de la misma presencia de Dios (cosa que antes era imposible por el pecado). Ahora, de la misma manera que Él tenía que ponerse en las manos de OTRO para marcarnos el camino, nosotros también tenemos y podemos hacerlo. Eso nos lo dice el capítulo 8 de Romanos y 1ª Pedro 2:21. Es decir, que la Ley moral de Dios sigue plenamente vigente. Sus principios morales no cambian, sus exigencias no disminuyen. La diferencia es que antes por mucho que nos esforzáramos no podíamos y ahora sí.

Evidentemente que un gran principio moral es el amor. Jesús lo dijo en Juan 15:12. Pero también dijo “Si guardareis mis mandamientos (plural), permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos (plural) de mi Padre y permanezco en su amor.” ¿A qué mandamientos se refería Jesús? Obviamente a los mandamientos morales de Dios.

No obstante, un punto importante es que cuando menciona “amor” en este pasaje y otros parecidos siempre hace mención del amor “ágape” que es el amor de Dios. Es decir, Dios ama pero no contraviene ningún otro aspecto de su Ser y esencia. Dios ama y es justo. Dios ama y es santo. Dios ama y también aborrece el pecado. Dios ama y es fiel a su palabra. La gran noticia para el ser humano es que Jesús nos abrió el camino para que nosotros pudiésemos tener la capacidad de poder poco a poco ser transformados a su semejanza. Esto antes de Jesús, era imposible.

Por eso la ley moral de Dios sigue vigente. Los principios morales de Dios siguen siendo actuales y hacen falta recordarlos, meditarlos y aplicarlos a nuestras vidas con urgencia, con rodillas dobladas y con corazón quebrantado y dispuesto a aprender acerca del deseo de Dios manifestado en toda la Escritura. Entonces amaremos, obraremos y haremos las cosas según la esencia moral de Dios y sus principios no porque tengamos que hacerlo, sino porque es lógico, razonable y es consecuencia directa de la nueva vida que nos da en Jesús para poder pensar, sentir y obrar como Él lo haría.

Habría mucho más que tratar, pero creo que esto es suficiente por ahora. Permíteme preguntarte: ¿sabes algo de esto?