Las tres cruces en Montornés del Vallés

«Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, este la salvará»

Jesús de Nazaret

Sí, llega el final de este año y se acerca otro. Tal vez el año inminente te genere una expectación casi incontenible porque tienes proyectos, planes o tal vez estés planeando casarte o tu jubliación…. La verdad es que desconozco en qué etapa de la vida estás leyendo esto. O tal vez en realidad te genere incertidumbre debido a multitud de cosas como la situación económica mundial, los conflictos o las malas noticias que parece que recibimos casi a diario o ¡a cada momento! Es, justamente, cuando solemos hacer balance de cómo han ido las cosas a diferentes niveles…

Estas palabras pronunciadas por Jesús más de una vez, en varias ocasiones y de una forma que tal vez nos sorprendiera en la actualidad, porque si nos abordara una persona por la calle pronunciando estas palabras no sé cómo reaccionaríamos…. ¿Cómo crees que seria tu respuesta?

Lo curioso del tema es que no es algo que fuera exclusivo para los discípulos porque en este pasaje (Lucas 9:23-24) vemos que lo decía a todos. En Mateo 16:24 sí que lo dice a sus discípulos y Marcos 8:34 nos da el dato específico que hizo el gesto de llamar a la gente y a sus discípulos. Todos debían escuchar lo que Jesús tenía que decir. Y, curiosamente, no es una presentación de las ventajas que podías obtener de seguirlo… Más bien todo lo contrario. ¡Menuda estrategia captadora de seguidores!

Ahora bien, como se está acabando este año, traigo estas palabras para acercarnos un poco más a lo que el Maestro expresó con este breve discurso. Sé que hay personas que han pintado esta exigencia de Jesús como algo muy difícil de alcanzar para la gran mayoría de la gente y que solo unos pocos elegidos lo alcanzan.. ¿Es esto cierto? Sigue leyendo…

De buenas a primeras se derriba el argumento de que estas palabras son para unos pocos al observar que se dirigía a todos. Discípulos y no discípulos. Personas que estaban cerca y otras que estaban lejos. Personas que simplemente pasaban por ahí. Eso nos habla de la voluntad del Maestro de que quería que todas las personas parasen un momento en su vida, le considerasen a Él y decidiesen seguirle de verdad. No porque multiplicara los panes y los peces (que lo hizo), no por curar enfermos (que lo hizo), no por devolver la vista a los ciegos (que lo hizo), no por devolver el oído y el habla (que lo hizo también), no por liberar a personas atormentadas por demonios (que lo hizo como ningún otro). Sino por el hecho de querer seguirlo a Él.

Hay una observación que es digna de atención: Todas las traducciones que he consultado traducen «cruz» aunque en la traducción de los tres pasajes que te he puesto anteriormente literalmente pone «poste vertical», probablemente queriendo evocar un estandarte que indicaba a todo el mundo a quién representaba la persona que llevaba ese poste o blasón. Aunque es aceptable la indistinción de uso para «cruz» o «poste». Con esto quiero hacer referencia a la asociación negativa de ideas con la traducción. Y, dejadme dejarlo claro, no estoy diciendo que sea algo fácil o sencillo. Simplemente que podemos cargar las tintas en algo como esta imagen del Maestro como que el tomar la cruz en algo que nos puede volver amargados, con resignación, con una vida sacrificial sin gozo o sin alegría. Esa parece precisamente la experiencia de muchos que dicen ser seguidores de Cristo. Viven en una frustración constante, llegando a la amargura y aflición de espíritu como si eso fuese lo normal de «tomar la cruz»… ¿Seguro que es eso?

La idea que deja justo después es «niéguese a sí mismo»…. Si ya es fuerte esta expresión, lo que dice literalmente es impactante. «Repúdiese a sí mismo», señala el griego koiné. Lo que ocurre con la expresión de repudiar es que era una expresión muy fuerte usada en procesos de divorcio que, por otra parte, es un tema que Dios deja muy claro que es algo que odia… Sí, lo odia. Pero este no es el tema. El tema es que trata acerca de nosotros mismos queriendo seguir a Jesús. Ahí el énfasis de Jesús es que nosotros no somos los importantes en esa ecuación. El máximo exponente es Jesús mismo. Sus deseos, sus exigencias, sus demandas, sus enseñanzas y que todo esto tenga un reflejo en tu vida de una manera práctica y evidente.

«Tome su cruz». Jesús no dijo: «Tome mi cruz». Es muy llamativo esto. No tenemos que llevar la cruz que el Maestro llevó y sobre la cual dio su vida porque sólo Él podía llevar esa cruz. Y, sí, en un sentido amplio nosotros también hemos de llevar la cruz de Jesús en cuanto a la renuncia a nosotros mismos, en cuanto a la obediencia al Padre y buscar hacer su voluntad. No obstante, es llamativo (insisto) que Jesús no dice de llevar «mi cruz» sino que cada uno tome su cruz. La traducción literal de hecho es mucho más expresiva: «el poste vertical de él». Habla, por lo tanto, de una personalización. Tu cruz no será la misma que la mía o que la de otro. Será distinta por el hecho de que somos distintos. Tan simple y profundo como eso.

«Cada día», aunque literalmente expresa «según día». Eso nos habla de que esto de «tomar la cruz» no es siempre igual. Probablemente variará según la época o la etapa de la vida que el Señor nos marque. No es algo estático, sino que es como si fuera variando según el criterio de Dios, porque Él siendo tan grande e inmenso, tiene un diseño con el propósito de hacer una obra con cada ser humano que decide seguirle. De eso nos habla Filipenses 1:6. Es decir, cada día es una aventura en esa obra que Dios está haciendo en nosotros. No habrá un día igual en todo este proceso. Eso nos hace ver la expectativa y la sensibilidad que hemos de mantener acerca de lo que nos toque vivir cada día, época, situación o contexto.

Ahora bien, y para ir concluyendo, tal y como hemos considerado al principio, Jesús pronunció estas palabras varias veces y también a todo el mundo. En esta época del año en que está terminando un año para comenzar otro, con todo el contexto de lo que está ocurriendo en alrededor del mundo, con lo que te esté ocurriendo a ti personalmente (cosa que no lo sé) y que muchas veces hacemos balance, probablemente aunque sólo sea de manera mental, entiendo que es un buen momento para hacer un alto en el camino, para pararse a escuchar a la persona más trascendente de la Historia de la humanidad: Jesús de Nazaret.

«Si alguno quiere«… Esa palabra es clave porque implica tu voluntad. Veíamos más arriba acerca de la voluntad de Jesús. Ahora vemos lo que implica tu voluntad. Y Dios reconoce la voluntad humana, la capacidad de decidir. No obstante, esta verdad no implica que tengas dos opciones sin consecuencias. Todos sabemos que cada decisión que tomamos tiene consecuencias tanto directas para cualquiera de nosotros, como unas implicaciones que afectan ineludiblemente a los demás. Esta es la decisión más trascendental de tu vida. Y también tiene consecuencias. Te invito a que leas con atención el versículo siguiente porque habla de que solamente hay una decisión correcta. Esto es una constante en las Escrituras en los sucesivos tratos que Dios ha tenido con el ser humano, siempre dice cuál es el deseo de su corazón para nosotros porque Él es bueno, porque Él nos ama, porque desea nuestro bien.

«Todo el que quiera salvar su vida, la perderá»…. ¿Salvar su vida de qué? Pues sencillamente de lo que ha dicho anteriormente: de seguir a Jesús, de negarse a uno mismo, de tomar la cruz cada día viviendo en consecuencia y coherencia. Esto es algo que cualquiera puede hacer porque Jesús decía esto a todos…. Hoy te lo dice a ti.

«Todo el que pierda su vida por causa de mí, ése la salvará». A ojos de muchas personas alrededor nuestro pueden pensar que seguir a Jesús es perder la vida, incluso perder personalidad o perder autonomía, voluntad o muchas otras cosas más. En un sentido es cierto que hay un coste de seguir a Jesús. El Maestro no escondía esto. Tampoco hacía rebaja en esta exigencia y requisito.

El siguiente texto es el versículo que me gusta denominar «del balance». Es hora de hacer tus cuentas a ver qué te compensa más. Así de claro, así de profundo. Seas quien seas, tengas el contexto que tengas, seas religioso o ateo, te digas cristiano o no. Voy a planteártelo de la siguiente manera: si crees que Dios no existe o que cada uno puede alcanzar a Dios a su manera y eso resulta ser cierto al final, ni tú ni yo habremos perdido nada. Cada uno hemos vivido la vida según nuestra manera de entender. Pero si lo que dice Jesús es verdad y tú vives sin considerar que esto que dice Jesús es cierto y te encuentras al final que Dios existe y que las cosas que Jesús dice aquí son la realidad… ¿Qué habrás perdido? TODO.

Así que, acabando el año, espero que esta breve consideración te lleve a pararte en tu camino, a reflexionar de una manera honesta, a tomar la única y la mejor decisión que puedes tomar: seguir a Jesús.

¡Dios te bendiga ahora y el próximo año cada día de tu vida y más allá!