
Seguimos con este tema de las relaciones rotas. En esta ocasión sin entrar en materia, hay un pasaje de una historia que expuso Jesús hablando precisamente de este tema que ha estado martillándome la cabeza por diferentes motivos. Así que, de manera muy breve, vamos a considerar este pasaje que se encuentra en Mateo 18:23-35
De manera muy sencilla, Jesús explica que había un siervo de un Rey que hizo cuentas con sus siervos. Claramente vemos aquí que se trata de una parábola y que, por esa misma razón, no podemos interpretar todo haciendo enseñanza. Lo cierto es que aquí podemos estar reflejados absolutamente todos. De manera muy fácil podemos ver a Dios en la figura del Rey. Y, también de manera muy fácil, podemos vernos a nosotros en la figura del siervo. Todos teníamos una deuda que no podíamos pagar de ninguna manera. De forma deliberada, Jesús lleva la exageración de la ilustración en la suma de la deuda y después en la decisión de vender al siervo y a su familia para abonar parte de esa deuda. Si intentamos hacernos a la idea de ese contexto sociocultural, vemos que por mucho que se sacara por la venta de todos, la deuda era de tal magnitud que era poco menos que impagable.
El siervo pronuncia unas palabras de desesperación que no tenían mucho sentido: «Ten paciencia conmigo y yo te lo pagaré todo»… Esto es un contraste muy fuerte con todo lo que se expuso anteriormente. La bancarrota era evidente y clara. Sin embargo, el Rey es movido a misericordia y le perdona la deuda. ¡Increíble! Dicen los economistas entendidos (yo no soy uno de ellos) que las deudas económicas no desaparecen, sino que siempre se pagan de una manera o de otra…
Aquel siervo, nada más salir de la presencia del Rey se encuentra con un consiervo (un igual, no hay categorías) y resulta que esta persona le debía a él una cantidad irrisoria, totalmente pagable y hasta ridícula. Así es cómo Jesús está ilustrando una realidad acerca de la visión que Dios tiene, por un lado de nuestra deuda con Él y, por otro lado, de las deudas (no está hablando de economía) que tenemos los unos con los otros. El contraste es muy acusado. Dios nos muestra que nuestra deuda con Él era totalmente impagable por nosotros y que las deudas entre nosotros son una pequeñez desde su visión.
Lo curioso del tema es la forma en que este siervo exigía el pago de lo que el otro le debía: agarrándolo del cuello y pronunciando «¡Págame lo que me debes!» Aquí hemos de hacer una pausa necesaria. ¿Cuántas veces adoptamos esta actitud? Cuando nos ofenden (de hecho el contexto surge de una pregunta de los discípulos al inicio del capítulo) podemos adoptar esta postura exigente. Cuando nuestra pareja nos es infiel o nos decepciona… «¡Págame lo que me debes!» Cuando nos hieren de una manera muy dolorosa y traumática… «¡Págame lo que me debes!» Y generalmente al adoptar esta actitud nunca se alcanza a pagar lo que se debe. ¿Por qué digo esto? Se ve en cómo el siervo toma la medida exagerada por una pequeñez de deuda ¡llegando al extremo de echar al consiervo en la cárcel! ¿Cuántas veces condenamos al ostracismo, hacemos el vacío a las personas nos deben algo según nuestra percepción? ¿Cuántas veces les hacemos la vida imposible poniéndoles requisitos imposibles de cumplir o como indispensables para dar señal de que el otr@ está arrepentido? Lo que muchas veces eso se traduce en que nunca será suficiente… Frases que un servidor ha escuchado como «Aún hay algo más» o «No es suficiente» o «Si no hace esto o aquello no es señal de que sea genuino y por lo tanto no puedo perdonar»….
Jesús continúa relatando que ese consiervo realizó las mismas acciones que el siervo primero: se postró, rogó y hasta pronunció las mismas palabras… ¿No le debían de sonar de algo? La clave de esto es la voluntad: «No quiso», dice Jesús. Es más, dice que lo puso en la cárcel «hasta que pagase la deuda»… Pregunta: ¿cómo puedes pagar una deuda en la cárcel? Imposible. Esto ilustra muchas de nuestras «condiciones» que podemos poner como requisitos para el perdón…. Hablando claro como decía Jesús: no queremos.
¡Ah!, pero hay más protagonistas en el suceso. Otros consiervos ven la situación y acuden al Rey explicando lo que ocurre. Y el Rey vuelve a llamar a ese primer siervo con el que se empezó la historia. La frase que Jesús pone (v.32) en labios del Rey es llamativa. Te invito a leerla otra vez. Y llama la atención que da la sensación de que, aunque monetariamente estaba saldada su deuda, esta vez moralmente había contraído una nueva deuda con el Rey al no actuar con la misma misericordia.
La conclusión de la parábola la da el mismo Maestro: «Así también hará con vosotros mi Padre celestial si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas»
Así que podemos extraer unos puntos prácticos:
- Cómo Dios ve nuestra deuda con Él a nivel moral y espiritual
- Cómo Dios ve las deudas de los demás hacia nosotros
- Cómo Dios quiere que actuemos
- Cómo Dios ve de importantes las relaciones que intervendrá tarde o temprano de una forma u otra.
Ahora bien, déjame decirte algo más antes de concluir este artículo: Que puedas estar de acuerdo intelectualmente con la lección moral de esta parábola no sirve de nada si no lo practicas. Y voy a ir más allá: Si no has experimentado el perdón de Dios de una manera personal, vivencial y exclusivo te va a resultar muy difícil de llevar a cabo este perdón con los demás. Por no decir imposible.
Antes te decía que los economistas decían que las deudas económicas no desaparecen sino que alguien ha de asumirlas y pagarlas. Lo cierto es que la gran deuda de la humanidad Dios la ha pagado ya en la persona de Jesús en la cruz. Tan solo debes aceptar ese perdón para que sea efectivo y así comenzar esta nueva relación única con Dios que lógicamente tendrá consecuencias visibles y tangibles en tu relación con los demás.
¿Has experimentado el perdón de Dios?

Como toda la Palabra de Dios nos confronta, al descubrir en nosotros nuestra maldad, y quitar toda excusa cerrándonos la boca, mediante las cuales solemos justificarnos antes nuestra conciencia y los demás, endureciendo nuestro corazón, con nuestro necio razonamiento.
Y como bien expones, la clave es Cristo Su Evangelio (Si no has experimentado el perdón de Dios de una manera personal, vivencial y exclusivo te va a resultar imposible llevar a cabo este perdón con los demás.) No podemos dar lo que no tenemos, y sólo en Cristo tendremos Vida abundante, ¡Qué profundidad tiene esa expresión!
Dios te guarde y bendiga hermano Rubén, sigue compartiendo, exhortando y ministrando a la iglesia de nuestro Señor Jesucristo, Maranata!!!
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Muchas gracias por tus palabras. Dios te bendiga!
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