
La decisión de dejar una iglesia local es una de las más delicadas que un creyente puede enfrentar. La congregación suele ser vista como una familia espiritual, un lugar de refugio, enseñanza y comunión. Y lo es. Sin embargo, la Biblia también nos muestra que no todas las comunidades permanecen saludables en el tiempo (Apocalipsis 2–3). A veces, la fidelidad a Dios implica tomar la difícil decisión de apartarse de un entorno que ya no edifica la fe ni permite crecer en Cristo.
1. Motivos doctrinales
La enseñanza de la Palabra es central en la vida de la iglesia. Pablo exhortó a Timoteo: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Timoteo 4:16). Cuando una iglesia comienza a apartarse de la sana doctrina, tolerando enseñanzas que no se ajustan a la Escritura, permanecer puede ser dañino para la fe. En tales casos, es mejor buscar una comunidad donde se proclame fielmente el evangelio de Jesucristo.
2. Aspecto comunitario
La iglesia es también un cuerpo vivo (1 Corintios 12:12–27), llamado a edificarse mutuamente en amor (Efesios 4:16). Pero cuando predominan las divisiones, la falta de compañerismo o la indiferencia hacia las necesidades de los hermanos (las que sean), el cuerpo deja de funcionar como debe. El Señor Jesús dijo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:35). Cuando la comunidad deja de reflejar este amor, puede ser señal de que es momento de buscar un lugar donde sí se viva esa realidad.
3. Motivos laborales
La Biblia enseña que el trabajo también es un don de Dios (Eclesiastés 3:13), y no debe convertirse en una carga de culpa para el creyente. Hay ocasiones en que las exigencias laborales obligan a un cambio de ciudad o limitan la asistencia regular. En esos casos, lo más sabio no es abandonar la fe ni aislarse, sino buscar una nueva congregación donde se pueda seguir creciendo en medio de la nueva situación. Recordemos que la iglesia primitiva también se extendió en parte porque los creyentes se vieron obligados a moverse (Hechos 8:4).
4. Falta de oportunidades para el desarrollo de dones y talentos
Dios ha dado a cada creyente dones para edificar el cuerpo de Cristo (1 Pedro 4:10; Romanos 12:6–8). Cuando una iglesia no abre espacio para que sus miembros sirvan, enseñen o desarrollen sus capacidades espirituales, se corre el riesgo de apagar lo que Dios ha puesto en ellos (1 Tesalonicenses 5:19). Buscar una congregación donde se anime a todos a poner sus dones al servicio del Reino no es egoísmo, sino obediencia a la vocación divina. Se habla mucho de que Dios prepara, de que Dios usa para preparar y equipar a la iglesia para servir con los dones y talentos. Eso es cierto (Efesios 4:7-16). Ahora bien, ¿cómo se puede ejercer, desarrollar e impulsar esos dones si no dan espacio? O peor aún, ¿si te lo impiden? Y lo más triste es que eso se normalice y no cause pesar….
Ahora bien, hay diversas actitudes que suelen ocurrir en un lado y otro de esta cuestión que no son nada agradables. Es imposible mencionarlas todas, pero puede servir de base para saber acerca de lo que quiero decir. Veamos:
* Por los que se quedan – Normalmente son el pastor o cuerpo de ancianos cuando no se ha llegado a un entendimiento. Es común escuchar como «explicación» aludir al texto «Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros (1ª Juan 2:19) o hacer mención a este otro: «Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados» (1ª Corintios 11:19) dando por hecho que los que se quedan son los que son aprobados o los que son «de nosotros» mientras que los que se van son los que «han roto la comunión». Esto no siempre es así. A parte de que, en el primer texto, habla de unas personas concretas en cuanto a la circuncisión que fue resuelto en Hechos 15, dar siempre por sentado que las figuras de autoridad que se quedan son las que tienen siempre la razón por el simple hecho de que son autoridad, eso es faltar a la verdad. Al menos a toda la verdad. En muchas ocasiones los profetas y los apóstoles que transmitían la Palabra de Dios no tenían una posición relevante en la sociedad en la mayoría de los casos. Esto suele pasar. Y ya no digamos si hay difamación, intentar que otras iglesias bloqueen la entrada y la inclusión de las personas que deciden marcharse y otras situaciones sumamente desagradables que se han dado y, si no aprendemos, se seguirán dando.
* Por parte de los que se van – Es común que puedan incurrir en la difamación, el hablar mal de la congregación, y toda una serie de actitudes también sumamente desagradables y de mal gusto, además de mal testimonio. Si, finalmente, se toma la decisión de cambiar de congregación sigue amando a tus hermanos y cierra la boca. Es muy fácil caer en la murmuración intereclesial, hasta parecer incluso espiritual, diciendo que es un «motivo de oración».
Hemos de ser muy cuidadosos (todos) entre otras cosas porque seguimos siendo hermanos en la fe. Sí, ya sé que ha ocurrido que hasta se haya puesto en duda eso por cualquiera de las partes, lo cual es fatal y habla de poco discernimiento. La realidad es que seguimos siendo hermanos en la fe y eso no cambia.
Conclusión
Dejar una iglesia local no significa abandonar la fe ni deshonrar al Señor. Muchas veces, es una forma de ser fiel a Su Palabra y a la obra que Él desea realizar en cada vida. Jesús es el verdadero Pastor y Cabeza de la Iglesia (Colosenses 1:18), y Él guía a Sus ovejas para que encuentren lugares donde puedan ser pastoreadas, crecer y servir. Lo importante no es aferrarse a un nombre, a un edificio, o a una persona o personas sino permanecer en Cristo y buscar una comunidad donde se viva la verdad en amor.
Entiendo que este tema es muy delicado y complejo. No obstante, es algo en lo que entiendo que cada caso es distinto y cada situación diferente. No obstante, lo que quiero que pienses en todo momento es algo que últimamente me lo pregunto o me lo recuerdan mucho: «¿Qué quiere Dios de mí ahora?» Puede ser irse o puede ser quedarse. Sea lo que sea, cultiva esa sensibilidad para con la voluntad de Dios, para que, sea lo que sea, eso sea tu verdadera motivación y razón de vivir: estar en el centro de la voluntad de Dios.
¡Dios te ilumine!
Nota: Antes de que cierres, te animo a visitar en un par de días otro post relacionado con esto pero desde la otra perspectiva. ¿Te interesa?




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