En este artículo os quiero hacer partícipes de un pasaje que el Señor trajo a mi mente justo antes de echarme a dormir subiendo para Holanda. Es un pasaje… bueno, mejor os lo transcribo y eso es mejor que lo que pueda escribir yo.
«Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses. Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.»
Jesús de Nazaret impartiendo el «Sermón de la Montaña» (Mateo 5:38-48)
Este es uno de esos pasajes de los que no se escucha hablar ni en predicaciones, ni en discipulado, ni forma parte de nuestras conversaciones de forma habitual. Normalmente se toman versos sueltos, generalmente para usarlos contra otro porque queremos que sea la otra parte la que haga esto. Por poner un ejemplo habitual, solemos mencionar el texto de poner la otra mejilla cuando somos nosotros los que estamos abofeteando (hablo figuradamente) a quien le recitamos el texto porque es el otro el que tiene que poner la mejilla y si no la pone….
Cuando el Señor me trajo este texto a la mente estando en el camión ya preparándome para dormir, lo leí. Lo volví a leer. ¿Si había pasado por este pasaje? Sí, cientos de veces. Con esto en la mente, me fui a dormir. Después del descanso, al levantarme, volví a tomar la Biblia y lo volví a leer. Lo que me estaba viniendo a la mente era tan impactante y tan directo que esto que estoy escribiendo es, en primer lugar, para mí. No es pensando en nadie. Tú decides si creerme o no. Frente a eso no tengo nada que hacer.🤷🏻♂️
Estas palabras forman parte del Sermón del Monte, o Sermón de la Montaña (como le llaman en otros lugares), en el cual Jesús expone una serie de cosas radicales de las que en muchas ocasiones se extraen citas parciales de diferentes momentos del Sermón. Por decirlo en nuestro lenguaje más actual, es el discurso más largo que tenemos del Maestro. El resto de palabras, aunque las hay de distinta longitud, no alcanzan la extensión del Sermón de la Montaña. Dicho sea de paso, gran parte de la enseñanza de Jesús era en conversaciones, muchas de ellas en el hogar y, particularmente, con la mesa y la comida de trasfondo. No es de extrañar, que los apóstoles y los discípulos la mayor parte de su labor fue así. Tampoco es sorprendente que forme parte de una de las exhortaciones más olvidadas hoy en día en un mundo individualista como el nuestro actualmente. De eso hablaremos otro día si os parece, que me enrollo….😅
Llama la atención que por dos veces el Maestro hace alusión a cosas que Dios mismo había dicho. ¿Quiere decir esto que invalidaba lo que la Torá/Ley decía? Absolutamente NO. Quiere decir que «Dios habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos tiempos nos ha hablado por el Hijo» (Hebreos 1:1-2, énfasis del autor). Quiere decir que las personas de aquel tiempo ya habían escuchado la voz del Padre como nos recuerda el apóstol Pedro: «Pues cuando Él (Jesús) recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia». Palabras que podemos leer en varios pasajes en los Evangelios. Te reto a que busques estos pasajes y me lo pongas en los comentarios….
Por lo dicho anteriormente, es que debemos prestar mucha atención a estas palabras de Jesús porque nos está mostrando un camino más alto para seguir. No estaba invalidando la Ley (sobre todo la Ley moral) porque ella nos muestra la tremenda Santidad, Justicia y Perfección de Dios de una manera excelsa. Ahora nos muestra que eso es posible también con la misericordia, el amor y la compasión. Y esto es algo, a diferencia de muchos maestros en aquel tiempo, y también en el nuestro, que Jesús mostró esto de una forma completa y plena. Muchos maestros dicen o se conducen manifestando este pensamiento: «Haced lo que digo, pero no mires lo que hago». Jesús no. Él fue la persona más coherente de toda la Historia de la humanidad. ¿Quieres verlo?
«Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra» (v.39) – Y esto nos debería hacer recordar la escena en que más adelante dice «Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos y otros le aboteteaban diciendo: Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó» (26:68) y en otro lugar (Marcos 14:65) menciona específicamente que «los alguaciles le daban de bofetadas». Él fue el primero en poner la otra mejilla.
«Y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa» (v.40) – Este verso debería de llevarnos al texto profético que fue cumplido en la misma cruz. «Repartieron entre sí mis vestidos y sobre mi ropa echaron suertes» en el Salmo 22:18 y en el cumplimiento literal en Mateo 27:35; Marcos 15:24; Lucas 23:34; Juan 19:24. Fíjate que esto es un detalle que los cuatro autores de los Evangelios relatan… ¡Impresionante!
«Y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos (v.41) – Y aquí lo que me estaba trayendo a la mente el Señor está en Isaías 53:6 «Mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros» y «he aquí yo estoy con vosotros todos los días , hasta el fin del mundo» (Mateo 28:20). No solamente podemos decir que lo hizo, sino que lo hace.
«Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.» Eh, eh, eh, para, para, para… Pero si hago esto, me voy a empobrecer y se van a aprovechar de mí.. Estas palabras anteriores seguramente pululen por la mente de cualquiera. No obstante, si miramos al Señor su dar fue una constante: su tiempo, su atención, sus milagros, su compasión llegando al punto de darse a sí mísmo por todos nosotros para concedernos una oportunidad de poder volvernos a Él sin reservas. Y te propongo un ejercicio: ¿serías capaz de pensar en todas las cosas que Dios cada día te da y hacer una lista? Compártela en los comentarios
«Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen». Sin duda habrás notado el énfasis en los verbos que pronuncia el Maestro. Todos son imperativos, es decir, son una mezcla de deseo, instrucción y mandamiento para nosotros. Así que permitidme parar un poco aquí y considerar estos 4 verbos que parecen las 4 ruedas de un auto (sí, ya sé que hay otros vehículos con diferente número de ruedas, recordad que soy camionero.. Capta la idea, porfa) para poder hacer viaje. Veamos:
«Amad» – Se ha escrito mucho acerca del amor. No voy a extenderme mucho porque no quiero aburrirte, pero déjame mencionar que la palabra «amar» aquí es el vocablo griego «agapau» que viene de «ágape», una palabra que en las Escrituras es usada exclusivamente para hablar del tipo de amor de Dios. Es decir, Jesús está diciendo: «amen con el amor divino». Y, creo que es inevitable que la mente viaje a otro pasaje (hay muchísimos) que habla de esto: Juan 3:16
«Bendecid» – Esta palabra significa simplemente «decir bien» o «hablar bien». Usualmente pensamos que decir «Dios te bendiga» (que está bien, yo lo hago) eso es bendecir. Pues se queda corto. Si vemos el trato que Jesús tenía hacia las personas que le rodeaban, siempre era de bendición, sabía reconocer cuándo se le respondía bien («Bien has dicho»), destacaba lo que otros no veían como en el episodio de la ofrenda de la viuda (Lucas 21:1-4), sabía consolar («No llores») y muchos otros detalles que nos muestran esa excelencia hasta el punto de interceder en la cruz: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas 23:34)
«Haced bien» – Esto va más allá de lo que podamos decir con nuestra lengua. Hay un dicho popular que dice: «Obras son amores y no buenas razones». Si sólo hablamos y después hacemos todo lo contrario o no hacemos lo que decimos, el mensaje pierde mucha fuerza, ¿no crees? Jesús precisamente fue y es la persona que manifestó con sus hechos esto que dice aquí, hasta el punto de que sus discípulos podían decir «cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él» (Hechos 10:38). Estoy seguro de que se te ha ido la vista al siguiente versículo donde dice que Dios hace salir el sol y hace llover sobre justos e injustos… Y, creo que que puedo decir sin temor a equivocarme, que el hecho que habla más elocuentemente de esto es precisamente la cruz.
«Orad» – Algo de esto ya lo hemos visto en el punto anterior de bendecir. Hay mucha conexión con esto. La Biblia nos muestra a Jesús como aquel que intercede por los que se acercan a Dios y, en consonancia con esto, también nos muestra que es abogado para con los que creen. Y, creo que seguro que estás pensando en las Palabras impactantes en la cruz que ya he mencionado (perdona que insista): «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».
En los versículos siguientes, el Maestro hace una serie de preguntas con respuesta implícita que lo que hace es resaltar lo que es normal entre los seres humanos independendientemente de su procedencia o status social. Los gentiles somos cada uno de nosotros que no somos judíos y los publicanos eran judíos que gestionaban el cobro de impuestos del imperio y aprovechaban eso para enriquecerse… Eso ya no ocurre hoy en día… (Nótese la ironía😅)
El punto final de este texto es impresionante porque puede hacer que te explote la cabeza: «Sed, pues, vosotros perfectos como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto» Ese es el objetivo. Ser como Él es. Y, puede ser que llegados a este punto se te empiecen a acumular las pegas por nuestra condición humana, se te acumulen los ejemplos negativos en personas que has visto o quizás te hayan lastimado y herido, que te pienses que esto es imposible. Déjame decirte que todos estos pensamientos también los he tenido cuando leía repetidamente este pasaje. Pero las palabras de Jesús siguen ahí resonando: «Sed perfectos como vuestro Padre celestial». Y esto daría mucho más para escribir, aunque lo que recibía del Señor hacia mi vida en ese momento no era teología, sino una pregunta. Una sola pregunta punzante: «¿Lo crees?» Esta pregunta te la traslado a tí porque tú mism@ has de contestarla.
Es posible que te hayan herido, que se hayan portado mal contigo, que incluso te hayan perseguido de alguna forma. Ni siquiera pondré en duda eso, porque Jesús no lo hace. De lo que se trata aquí es de si vamos a seguir el ejemplo del Maestro o no. Ese es el punto.
Empezaba con una cita y voy a terminar con una cita:
«Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca, quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevó Él mismo nuestros pecados sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados. Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habnéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.»
1ª Pedro 2:20-25
Dios no nos pide nada que Él mismo no haya hecho ya.
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