
III. El llamado de Dios al servicio y al ministerio
Una vez que el creyente ha respondido al llamado de salvación, Dios puede dirigirle un llamado específico: una tarea, una misión o un ministerio (servicio) dentro de Su plan. Este llamado no es para unos pocos privilegiados, sino para todos los que han sido redimidos, aunque no todos tienen la misma función.
“El que nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús.”
(2 Timoteo 1:9)
El llamado ministerial es personal y soberano. Dios elige a quien Él quiere, en el momento que Él decide, para cumplir Su voluntad. Moisés fue llamado a liberar al pueblo (Éxodo 3:10); Isaías, a proclamar la Palabra (Isaías 6:8); Jeremías, desde el vientre materno (Jeremías 1:5); los apóstoles, a seguir y anunciar a Cristo (Marcos 3:14); y a Pablo, junto con Bernabé más tarde, a llevar el Evangelio a los gentiles (Hechos 9:15).
En todos estos casos, hay una constante: Dios llama, el hombre responde.
La respuesta adecuada no es la perfección, sino la disponibilidad. “Heme aquí, envíame a mí” (Isaías 6:8) resume la actitud del corazón dispuesto. El que es llamado al servicio debe depender de Dios, reconocer su propia limitación y perseverar con fidelidad (Éxodo 4:10–12; 1 Corintios 4:2).
El fruto de ese llamado es glorioso: vidas transformadas, la expansión del Reino y el gozo de saber que uno está siendo instrumento de Dios (Juan 15:8; Filipenses 2:17–18).
III. Los llamados se complementan
Aunque distintos, estos diferentes llamados están profundamente entrelazados. Nadie puede servir verdaderamente a Dios si antes no ha sido alcanzado por Su gracia salvadora. El servicio sin salvación se vuelve esfuerzo humano; la salvación sin servicio se estanca en la pasividad.
| Aspecto | Llamado a Salvación | Llamado a Ministerio |
|---|---|---|
| Destinatarios | Todos los seres humanos | Creyentes redimidos |
| Propósito | Reconciliación con Dios | Servicio en Su obra |
| Base bíblica | Juan 3:16; Romanos 10:13 | Efesios 4:11–12; Hechos 13:2 |
| Respuesta | Fe y arrepentimiento | Obediencia y compromiso |
| Resultado | Vida eterna | Fruto espiritual y edificación del cuerpo de Cristo (la Iglesia) |
Ambos llamados surgen del mismo corazón divino: el amor. Dios primero nos llama a venir a Él, y después nos llama a ir por Él. Uno nos salva; el otro nos envía.
IV. ¿Los creyentes que están alrededor qué han de hacer?
Aunque el llamado es personal e instransferible (como el DNI), no obstante, sí es visible y perceptible por los que están a nuestro alrededor. Dado que esto es así, ¿qué responsabilidad tenemos cada uno de nosotros? Vamos a verlo brevemente:
- Los pastores, ancianos y obispos son personas capaces y capacitadas por Dios que, entre sus responsabilidades y propósitos, han de estar pendientes de los dones que Dios reparte entre la Iglesia para formarlos, fomentarlos dándoles su espacio, además de encomendarlos e impulsarlos. Ser pasivos en este ámbito por miedo a ser eclipsados, por pereza, por incredulidad o por cualquier otra razón no debería de ser opcional para nadie que ame la obra de Dios. Ser negligentes en esto es algo que genera anomalías, dolor, sufrimiento innecesario y, en muchos casos, pérdidas para todos hasta el punto extremo de que tal vez el Señor lleve a cerrar el punto de testimonio en un lugar. Algo que debería de provocar una tristeza tremenda de considerar esta posibilidad siquiera. Dios ha dado pautas e instrucciones de acerca de cómo hacer que la iglesia local sea fiel y relevante en su entorno. Pautas que se han de seguir de una manera práctica y tangible, no teórica. Un ejemplo de esto está en el encargo de Pablo a Timoteo en 2ª Timoteo 2:1-2.
- Los creyentes concregantes en una iglesia local también han de estar pendientes de los dones que Dios reparte en dicha congregación. No es una cuestión exclusiva de los ancianos, pastores y obispos. Es algo a lo que toda la iglesia debería de prestar atención, entre otras cosas, porque la gran diferencia entre cualquier religión y lo que Dios muestra en las Escrituras es que la iglesia NO es una organización sino un organismo vivo. Un ejemplo de esto está en 1ª Corintios 16:14-18 donde se nos habla de toda una familia sirviendo activamente al Señor y el apóstol Pablo insiste con la idea: «Reconoced». Eso puede implicar alzar la voz, señalar de forma evidente porque eso es sano y estimulante para todos. También es una muestra de que Dios guía a través de las diferentes generaciones.
- Uno mismo ha de ser sensible a la voz de Dios y, por lo tanto, ha de cumplir con el llamado divino de la mejor manera posible. Es que muchas veces con los dones o capacidades que Dios da, normalmente también realiza un llamado a algo específico o a algún tipo de servicio o misión concreta. ¿Y si los que están alrededor no se dan cuenta de ese llamado? O peor, ¿y si los que están en posición de autoridad como guías intentan apartarte o arrinconarte porque resulta molesto para ellos? Ahí toca doblar la rodilla para estar más pendiente de lo que Dios quiere de ti en cada momento y, a la vez, ser consecuente con el llamado de Dios a pesar de todos los problemas que eso conlleve. Hay muchos casos de los profetas, llamados por Dios, que tuvieron que hacer frente a gran oposición , muchas veces de parte de los que deberían de ser los conductores, guías e impulsadores de las personas hacia Dios. Eso no impidió que cumpliesen con el llamado con el que Dios les llamó a pesar de todo. ¿Sufrimiento externo? Sí. ¿Sufrimiento interno? También. A nadie le gusta ser ninguneado, despreciado e, incluso, difamado. Por poner un ejemplo (de los muchos que hay) el profeta Jeremías muestra ese combate interno al ver que comunicar el mensaje de Dios solamente le daba problemas y más problemas hasta el punto de estar en peligro su vida varias veces.
V. Conclusión
Cada persona, sin excepción, ha sido llamada por Dios. Algunos aún están oyendo la voz que dice “Venid a mí”. Otros ya han respondido y ahora escuchan “Ve y haz discípulos” o «Ve y predica el Evangelio». Pero en ambos casos, el origen es el mismo: un Dios que busca corazones dispuestos a escucharle y seguirle.
“Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.”
(1 Tesalonicenses 5:24)
Escuchar el llamado de Dios es más que una decisión puntual: es entrar en una historia eterna donde Él guía, transforma y envía. El verdadero descanso del alma y la plenitud del servicio nacen cuando respondemos con un simple y sincero: “Heme aquí, Señor.”
Déjame recordarte que este llamado particular se da en el siguiente orden:
1º Llamado general a creer en Jesús
2º Llamado general a todos los creyentes a ser santos
3º Llamado particular a una misión, ministerio o función concreta
¿En qué punto estás tú?
¡Dios nos ilumine!






