
Si estás aquí para leer esta continuación es que te interesa este tema mucho o tal vez te has podido identificar con alguno de los casos planteados. No obstante, permíteme que te exponga la otra cara de la moneda para que puedas reflexionar y considerar todos los aspectos.
«Pero Rubén», dirá alguien, «¿no decías que en estos casos que pusiste lo mejor era marchar?» Lo que he expresado han sido una serie de consideraciones para ello, no que fuese la única opción. Como en todas las decisiones importantes de la vida, muchas veces es necesario mirar una opción y la contraria para sopesar, meditar y, sobre todo, ver lo que Dios quiere de ti.
Sí, creo que esto ha de ser muy meditado y hoy quiero dejarte cuatro casos (como los que te expuse antes) para que puedas considerar los diferentes aspectos a tener en cuenta. ¿Te atreves?
- Los motivos doctrinales pueden ser una fuente de tensión. No obstante, a veces es necesario persistir precisamente para estar enfrente de quien se está apartando de la sana doctrina según la Biblia. Tenemos los ejemplos de Pablo y Bernabé con los judaizantes en Hechos 15, o la reprensión que le hizo Pablo a Pedro en Antioquía (Gálatas 2:11-21) Sí, sé que esto es muy difícil y se necesita un nivel de entereza grande.
- El aspecto comunitario que te comentaba, puede tener el otro punto de ser luz en medio de todo cuando se está derrumbando. Justamente es donde hacen falta personas que sí muestren a los demás eso que está faltando. No es mirar lo que está mal, más concretamente lo que los otros hacen mal, sino hacer lo que está bien por varias razones, aunque la principal razón y motivación debería de ser porque Dios lo pide. ¿Ejemplos? Las «pocas personas» de Sardis (Apocalipsis 3:4), el gran ejemplo de Bernabé, el del libro de los Hechos, que nunca daba por perdida a una persona. ¿Cómo lo hacía? Eso te lo tendrás que leer y lo podemos comentar
- Los motivos laborales son otro aspecto de peso por el cual tener que cambiar de lugar. Hay muchas personas que pueden poner en duda esto y quienes juzgan esto muchas veces lo hacen desde una posición económica estable, o que ya han terminado su edad laboral y te hablan «desde la experiencia». Es muy duro trabajar y no poder mantener a tu familia. Es muy duro ver que mucho del dinero se va en impuestos descomunales de un Estado cuya estructura cada vez es más elefantiásica, voraz y controladora, además de despilfarradora. Es muy duro. Lo sé por experiencia propia. No obstante, deja que te proponga que si miras sólo eso, tal vez no estás teniendo en cuenta otros aspectos espirituales que son los que marcan más tu vida y la vida de los que tienes alrededor de una forma más profunda que lo económico. El dinero viene y va, los trabajos también; pero lo que queda es la experiencia que puedas vivir en el entorno donde estás y, sobre todo si tienes hijos, puede que tengan muchas cosas, pero lo que forja el carácter y esculpe el alma es lo que queda para siempre y tal vez has de considerar qué es lo que vale más. Te sugiero que mires los ejemplos de Noemí, en el libro de Rut; y también en 2ª Timoteo4:9-10 donde habla de un tal Demas.
- Falta de oportunidades para el desarrollo de dones y talentos. Este es un aspecto muy delicado que quiero tratar de forma responsable y todo lo cuidadosamente que pueda. En primer lugar me gustaría decir a los ancianos, pastores y maestros que la iglesia tiene, dados por Dios, que lo que voy a decir a continuación no lo uséis como estrategia para así conseguir ejercitar a los que tienen dones y talentos de manera que tengan un carácter recio… ¡Ejem! Eso lo ha de hacer el Señor, no tú. Se suele bromear con la frase: «Dios quiere que tengas paciencia y por eso me ha enviado a ejercitártela…» Eso, hablando claro, es manipulación. De lo que eres responsable es de formar, equipar e impulsar a las personas para que desarrollen sus dones, sus capacidades y sus talentos (si me permites decirlo) incluso que lleguen a un nivel más alto que tú. Hasta aquí esta advertencia. Daría para desarrollar más. Ahora bien, ahora te hablo a ti que estás en un entorno que hostiga y se pone difícil para poder crecer. Mira, no sé concretamente tu situación (si quieres lo hablamos) pero déjame que te dé para considerar estos ejemplos: 1) Jeremías fue un profeta que amonestó a su pueblo advirtiendo acerca de lo que iba a venir y fue azotado, tirado a una cisterna de estiércol (que si no lo quitan de ahí, se hubiera muerto), vilipendiado por sus compatriotas y, finalmente aún cuando les dijo al pueblo que no se fueran de la tierra, se lo llevaron con él a sufrir el castigo de Dios; 2) Ezequiel fue otro profeta (este en el exilio) al que Dios mismo le dijo repetidas veces «no te oirán», pero también le encargó que hablase cuando Dios le decía y que callase cuando Dios le dijo que se mantuviera callado. Toda su vida ministerial fue así; 3) Gayo fue una persona por quien el apóstol Juan tenía un gran cariño y sabía que lo estaba pasando muy mal en una iglesia donde un tal Diótrefes había ocupado un lugar que no le correspondía y, para nuestra sorpresa, Juan en ningún momento le dice que se vaya, sino que siguiera haciendo lo que hacía. Te invito a leer la 3ª carta del apóstol Juan.
Todos estos ejemplos y situaciones, que no pretenden ser todas ni mucho menos, ponen de manifiesto algo que es muy importante: es muy importante que tu relación con Dios esté bien profunda porque solamente de esa manera podrás discernir qué es lo mejor en cada momento. O mejor dicho, ¿qué es lo que el Señor quiere de ti?
Ser sensible a la voz del Señor es algo que todos hemos de trabajar para poder caminar a la luz, a la guía y al mandato del Buen Pastor. Y, sí, ya sé que hay quienes saltarán de que Dios sólo habla a través de la Biblia y estoy de acuerdo en toda la frase excepto en el solamente. Dios puede hablar de otras maneras claramente, aunque su método principal sea la Escritura Sagrada para comunicarnos las instrucciones de lo que Él quiere, de lo que Él siente, de lo que desea en nuestras vidas de forma aplicada para que sea evidente la obra de Dios en nosotros.
Así que, hermano o hermana, Dios y tú o Dios y tu familia sois los que tenéis que sopesar vuestros casos concretos de una forma sincera, transparente y deseando por encima de todo hacer la voluntad de Dios, sea la que sea.
¡Dios te ilumine!



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