
He de confesar que estoy un poco hartito de este tema. Por doquier en las redes sociales se habla mucho últimamente acerca de este caso. Vaya por delante que no conozco personalmente a Álex Sampedro, a su mujer y tampoco a la otra parte afectada que no se sabe el nombre. Por lo cual puede decirse que soy completamente imparcial en este asunto. No obstante, este es un artículo que busca poner un poco el equilibrio en todo esto. Al menos lo voy a intentar🤷🏻
Con toda probabilidad los que estáis leyendo estas líneas sabéis de los nefastos sucesos que tuvieron lugar. Mención a parte de que varios medios de comunicación evangélicos, entre ellos Protestante Digital, hicieron varios tipos de comunicados de forma pública y explícita, llegando a publicar el «testimonio» de la persona afectada con voz distorsionada y sin que se le viera el rostro. Ese testimonio lo escuché de forma completa en la plataforma Séneca Falls. Curioso que a uno se le nombra con nombre, apellidos, fotos y con todo lujo de detalles y a la otra parte se le distorsiona la voz y se le protege en el anonimato….🤔 Parece que hay un doble rasero muy llamativo. Se ha dicho que es porque era un caso de abuso y que hubo amenazas. Tal vez. Es posible. Y no estoy diciendo que esté bien. Es más, de ser cierto, dificulta las cosas mucho. No obstante, creo que la forma de tratar este asunto no ha sido la más adecuada. ¿Será que también estamos afectados por nuestro contexto legislativo y sociopolítico de este país?
En la cronología salta a la vista que cuando saltó todo el tema, la iglesia o la denominación puso disciplina, la respuesta de Álex fue marcharse con su padre a Latinoamérica a ministrar. Sorprendente. Y, a mi entender, mal hecho. Porque eso ha sido no asumir la disciplina eclesial o denominacional de una forma clara y explícita. Al menos en principio. Y esto lo dice alguien que ha pasado por un proceso de disciplina, no de orden moral, durante un año estando en silencio en la iglesia mientras me hacían preguntas muchos miembros de la iglesia, incluidos mis hijos. Nunca pueden decir que hice campaña. Y, repito, la disciplina (en principio no se le llamó así) fue de forma totalmente arbitraria y personal. Lo que quiero decir con esto es que si quieres restauración y tienes voluntad de arreglar las cosas, toca asumir, aguantar, tratar con quien se tiene que tratar y sobre todo, cuidar de los que tienes alrededor. Y eso, parece que por parte de los Sampedro (padre e hijo) no se tuvo disposición a asumir.
Durante este tiempo he podido seguir unos artículos publicados en Protestante Digital (de nuevo) cuyo autor es Marcos Zapata (Enlaces 1 y 2). Desde ahí se dan una serie de «clases magistrales» sobre lo que se tiene que hacer en casos así. ¡Uau! Un señor que está a 1300 kms de donde sucedieron los hechos hablando de algo a esa distancia y, probablemente, sin conocer todos los detalles de una y otra parte. Lo que más tristeza me da de esta serie de artículos es que cita palabras de una publicación reciente de Álex Sampedro sin nombrarlo. Actitud mostrada también en otros publicadores e «influencers» que no lo mencionan, pero todos sabemos de quién se habla; ya no digamos de algunos que, aunque no lo nombran, hacen referencia en términos como el «susodicho» o el «inombrable». Da la impresión de que se pretende ahogar cualquier atisbo de restauración… Y otros… En fin, entiendo que existe mucho dolor en mucha gente debido a la notoriedad de los hechos.Muy «espiritual» todo😓. Esto no hace más que hacerme recordar una frase que seguro que habréis escuchado en más de una ocasión:
«La iglesia es el único ejército que remata a sus propios soldados caídos»
Selah. Triste pero cierto.😢
En toda esta situación (y otras) echo en falta para la restauración de todas las partes a una o varias personas que actúen como aquel buen samaritano que fue movido a misericordia a curar las heridas (probablemente a mancharse las manos y la ropa de sangre), a cargar a aquel herido apaleado a punto de morir y a dejar encargo de que fuese cuidado «hasta que vuelva»…. (¿No nos hacen pensar estas palabras?🤔) Me da la sensación de que somos como aquel sacerdote o aquel levita que vemos al herido (aquí hay varios heridos protagonistas), pero no queremos contaminarnos, mucho menos estamos dispuestos a mancharnos las manos o involucrarnos de ninguna forma en aras de nuestra pulcritud. Preferimos pasar de largo o mejor, rematar a los heridos para que sigamos conservando nuestro status. Sin embargo, Jesús preguntó a aquel intérprete de la Ley: «¿Quién de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de ladrones?». La respuesta era clara: «El que usó de misericordia con él». La respuesta de Jesús debería de quedarse grabada en nuestras mentes, corazones, labios y en nuestro propio cuerpo para ponerlo en práctica: «Ve y haz tú lo mismo». Te sugiero que leas todo el pasaje en Lucas 10:25-37, lo reflexiones y me compartas lo que piensas después de leerlo.
Otra cuestión es cómo se restaura y a qué. Esa es una cuestión muy importante, aunque compleja. No obstante, a pesar de todo, creo en un Dios que restaura y que usa a personas para restaurar a otras como instrumentos que deberían de poner de manifiesto de forma visible, real y práctica cómo Dios transforma, restaura y rescata. Aunque queden cicatrices.😕
Llegados a este punto, creo que es conveniente que leáis las palabras de Julio Martínez:
LA CAÍDA Y LA RESTAURACIÓN DEL LÍDER
Las redes sociales lo amplifican todo. Amplifican la persona, el personaje, y amplifican todo lo peor de nosotros mismos. Lo peor es que podemos construir una imagen pública de algo que NO somos. En ese sentido la iglesia local y el liderazgo plural, junto con la transparencia y la sujeción mutua permiten que tengamos algo de cordura y evitemos que esas tentaciones parasiten nuestra personalidad.-
Me preocupa la trayectoria de los últimos años, donde líderes muy jóvenes son encumbrados, llenando auditorios y recibiendo elogios, lejos de sus iglesias locales, y lejos de sus familias y esposas. La soledad y el elogio pueden ser una mezcla terrible que termina desgastando al más fuerte de nosotros.
Tras un gravísimo escándalo (reciente) gestionado de forma muy precaria, han surgido interesantes reflexiones de personas muy respetadas entre nosotros, reflexiones que comparto en muy buena medida, pero que me atrevo a ser crítico, no a las personas, cuya experiencia y testimonio son de mucho peso, sino a algunas ideas.
1. El uso de la palabra «víctima» en casos de adulterio. Dejadme antes establecer un territorio común. Creo que existe una asimetría entre un pastor que seduce a otras personas valiéndose de su carisma y de situaciones de vulnerabilidad. Creo que esos procesos de «restauración» son muy deficientes cuando se ignora la restauración, ignorando a las otras partes y centrándose en el pastor. Pero también creo que es una falta de respeto a las mujeres que sabiendo que un hombre casado la está seduciendo y se rindan a sus acercamientos por el hecho de ser mujeres vulnerables. Lo digo por respeto a todas esas mujeres que sufren carencias, pero que son los suficientemente fuertes para resistir algo que, por desgracia, muchas mujeres solteras sufren: el acoso de hombres casados, y que, a pesar de sus necesidades y tristezas, permanecen fieles.
La dicotomía entre víctimas y agresores me parece tomada del nuevo feminismo y la rechazo. No favorece ni la igualdad ni la dignidad de las mujeres.
2. Creo que el proceso de restauración es para el pecador, y en un adulterio hacen falta dos pecadores.
3. Creo que una cosa es el adulterio y otra muy diferente es el caso de alguien que de manera sistemática se dedica a seducir en serie a mujeres de su iglesia o de su entorno, valiéndose de su visibilidad. Esto es un agravante en su pecado y merece ser tratado de forma diferente al adúltero arrepentido, ya que se trata de una conducta compulsiva y depredadora.
4. Creo que debemos fortalecer la iglesia, 1 Cor 6:5 menciona que en las iglesias hay personas con discernimiento y sabias, capaces de juzgar. La iglesia local debería tener la madurez y el equilibrio para juzgar y restaurar. Y en caso de que sea una iglesia pequeña, buscar la ayuda de iglesias con hermanos con la madurez para ayudarles. Existe el peligro de que estemos creando una dependencia de organismos para eclesiales en detrimento de la madurez de la iglesia local.
5. Debemos seguir el modelo bíblico de liderazgo plural. Recuerdo a mi querido D. Pedro Inglés diciendo: «el consejo debe estar formado por un número impar y no de la misma familia».
Las iglesias evangélicas somos responsables de exaltar, encumbrar y de no pedir cuentas a aquellos que hemos levantado. Hemos seguido el ejemplo de la sociedad al exaltar a líderes, separándolos de sus iglesias y familias. Hemos pecado al querer restaurar usando criterios diferentes para ellos de los que usamos para otros. Dudo seriamente de esa figura de predicador de iglesias itinerante cuyo ministerio es pasar mucho tiempo fuera de casa, hemos tenido hombres fieles que han servido así, pero también otros han caído, y otros han encontrado una forma de vida ideal para vivir sus pecados en soledad. Estamos encumbrando a líderes muy jóvenes que son vulnerables, y que necesitan una solidez mayor, en el pasado nuestros predicadores eran hombres de edad y experiencia, de sabiduría y carácter probado. Hemos pecado al exaltar la juventud y el carisma por encima de la piedad.
Julio Martínez Moreno-Dávila
*Este artículo refleja únicamente mi opinión personal. Podría cambiar de opinión y acepto con gusto otras opiniones.
*Antes de aplicar todo lo que he escrito a un único caso concreto en el que todos pensamos, recapacita, porque este problema no atañe a un sólo caso, llevamos varios casos de caídas de líderes, lo cual manifiesta un problema de fondo.
Texto íntegro tomado con permiso del autor (Nota del editor)
Lo que acabas de leer son algunos de los distintos principios en los que creo firmemente que son clave en las Escrituras y que a día de hoy los tenemos muy diluidos de nuestra realidad vivencial. Es por eso que ocurren, en parte, estas situaciones que generan muchísimo daño a todos. Y, como dice Julio, no es un único caso. Hay más. Tristemente.
Voy a mencionar estos principios con un poco de comentario aunque tal vez sea mejor desarrollar en otra ocasión. Ahí van:
- La pluralidad de ancianos/pastores/obispos – Es algo muy patente en las Escrituras. Además, tal y como lo reflejan, su autoridad es colegiada, es decir, todos tienen la misma autoridad y peso. Y si se diera el caso de que no fuera así porque alguien está iniciando en esa carrera, los demás deben de trabajar para que eso sea el objetivo de forma natural y coherente. La figura de uno por encima de otros es ajena a la Biblia y, sobre todo, a la doctrina de los apóstoles. Por lo tanto, todo lo que sea el sistema unipastoral, o que un pastor esté en un escalafón superior al consejo de ancianos, o cualquier otra fórmula distinta a la que presentan las Escrituras no hará más que agravar el problema de fondo que menciona Julio.
- La función de los ancianos/pastores/obispos no es monopolizar todas las actividades de la iglesia local. Eso no es sano ni es bíblico. Y es una corriente creciente en determinados sectores evangélicos donde se piensa y se enseña que «sólo los pastores pueden predicar y enseñar». De hecho he podido observar que cada vez es más frecuente el «culto guiado», es decir, que la participación está limitada y reglada a determinadas personas en un formato preestablecido de manera que no cabe nada ni nadie más. Eso se llama limitación y control.
- Las personas jóvenes han de desarrollar sus dones y talentos bajo la tutela de un discipulador (no tiene que ser un anciano/pastor/obispo). Y esa tutela implica acompañar, corregir, escuchar e impulsar. Ahí entra la rendición de cuentas y también donde se aporta el equilibrio, el poner los pies en el suelo y mantener la objetividad con el objetivo de ir alcanzando la madurez junto con la experiencia necesaria e imprescindible. También entra el impulso y el apoyo. Creo que no se ha de ahogar a los jóvenes, sino que se ha de caminar al lado de ellos como hizo Jesús con los discípulos. Si esto no se hace así, se corre el riesgo de que sólo se acepta a personas con cierto recorrido, se pierde la frescura y sobre todo se le priva a una nueva generación de irse incorporando de forma paulatina y natural, no de forma abrupta.
- La iglesia tiene que tener espacio para poder expresarse tal y como vemos en el libro de los Hechos de los Apóstoles en diferentes ocasiones. No existen para nada las reuniones «informativas» de forma que exista un veto a que la iglesia local pueda expresarse alegando la autoridad pastoral o del consejo de ancianos/pastores/obispos.
Estos son sólo algunos de los puntos más importantes a destacar que nos ayudan de manera práctica a que la Iglesia en general y de forma más particular en cada punto de testimonio local se puedan llevar a cabo las dos encomiendas de Jesús que forman parte de la misión: Predicar el evangelio y hacer discípulos. Ambas muy prácticas. Ambas retan y nos llaman a cambiar de forma práctica y real.
¿Estamos dispuestos a pasar a la acción? Te leo abajo👇🏻👇🏻👇🏻👇🏻👇🏻👇🏻👇🏻👇🏻👇🏻👇🏻
¡Dios te bendiga!

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