
📖 Introducción
Entre los distintos sacrificios que encontramos en el Antiguo Testamento, las ofrendas de paz ocupan un lugar especial. No se trataba de buscar perdón por el pecado, sino de celebrar la comunión, la gratitud y la reconciliación entre el hombre y Dios.
A través de ellas, el pueblo de Israel expresaba su alegría por estar en paz con su Creador. Hoy, estas ofrendas nos ayudan a comprender mejor el gozo de vivir en comunión con Dios mediante Jesucristo.
🔹 1. ¿Qué eran las ofrendas de paz?
Las ofrendas de paz (también llamadas sacrificios de comunión) aparecen principalmente en Levítico 3 y Levítico 7:11–21.
En hebreo se denominan zébah shelâmîm, término derivado de shalom, que significa paz, bienestar y plenitud.
Eran ofrendas voluntarias, presentadas por personas que deseaban agradecer, cumplir un voto o expresar adoración libremente. No había obligación, sino deseo de acercarse a Dios con gratitud y alegría.
🔹 2. Propósito y sentido espiritual
Las ofrendas de paz representaban la comunión entre Dios, el sacerdote y el oferente.
A diferencia de los sacrificios por el pecado, estas ofrendas celebraban una relación ya restaurada, no una culpa pendiente.
Tres tipos de ofrenda de paz:
1. De acción de gracias – cuando alguien reconocía la bondad de Dios y sus bendiciones (Levítico 7:12–15).
2. Por voto cumplido – como señal de fidelidad al cumplir una promesa hecha al Señor (Levítico 7:16).
3. Voluntaria – ofrecida libremente como expresión de amor y devoción (Levítico 7:16).
Estas ofrendas reflejaban el deseo de agradecer y disfrutar la presencia de Dios.
🔹 3. La manera en que se ofrecían
El oferente presentaba un animal sin defecto, del ganado vacuno, ovino o caprino (Levítico 3:1).
El ritual tenía tres momentos importantes:
Una parte para Dios: la grasa y ciertos órganos se quemaban en el altar, como ofrenda al Señor.
Una parte para los sacerdotes: que servían en el templo.
Una parte para el oferente y su familia: quienes comían la carne en una comida sagrada de comunión.
Esa comida simbolizaba una mesa compartida con Dios, expresión tangible de que había paz, amistad y gratitud entre el cielo y la tierra.
🔹 4. Significado profético y cumplimiento en Cristo
Todo sacrificio del Antiguo Testamento apuntaba a Jesucristo, el Cordero perfecto.
Él es nuestra Paz (Efesios 2:14) y nuestra reconciliación con Dios (Romanos 5:1).
Su sacrificio en la cruz cumplió y superó todas las ofrendas del sistema levítico (Hebreos 10:10–14).
En Cristo, los creyentes ya no necesitamos altares ni animales, porque Su sangre estableció la paz eterna con Dios.
Ahora, cada vez que adoramos, damos gracias o compartimos la Cena del Señor, estamos participando de esa ofrenda de paz perfecta.
🔹 5. Aplicación práctica para el creyente
Aunque las ofrendas de paz pertenecen a un contexto antiguo, su mensaje sigue vigente.
Nos enseñan a vivir con un corazón:
* Agradecido, reconociendo que todo bien procede de Dios.
* Reconciliado, buscando la paz con Él y con los demás.
*Generoso, compartiendo nuestras bendiciones.
* Gozoso, celebrando la comunión que tenemos por medio de Cristo.
“Estad en paz entre vosotros” — 1 Tesalonicenses 5:13
🪔 Conclusión
Las ofrendas de paz nos recuerdan que la relación con Dios no se basa sólo en cumplir mandamientos, sino en disfrutar Su presencia.
A través de Jesucristo, esa comunión se ha hecho plena y eterna.
Hoy podemos acercarnos con confianza, adorando no por obligación, sino por amor, gratitud y paz interior.
¿Tienes algo que agradecer?
