Hoy quiero compartiros de forma muy breve este Salmo que habla de algo que no nos gusta pensar, o al menos nuestro cerebro hace por aparcar esta hecho ineludible todo lo que puede porque no es algo agradable. Pero no nos adelantemos…

Poniendo un poco de precedente, todos ya sabéis que a toda la familia camionera y a mí (y no sólo a nosotros sino a una multitud de personas) nos ha tocado saber y experimentar la pérdida de una persona que tenía mucha influencia tanto en redes sociales como a nivel personal como fue nuestra compañera Oti Cabadas. En lo mejor de la vida, 41 años, de golpe y porrazo, nos dejó. Todos hemos salido tocados de esto. Déjame decirte que antes de que eso ocurriera, no sé por qué, pero tuve una impresión muy fuerte que me impelió a contemplar y meditar este Salmo…. Que compartí con los hermanos de la iglesia el pasado día 1.

En los primeros 4 versículos es muy curioso cómo comienza con una afirmación de confianza por cómo es Dios con nosotros y cómo es Él en su esencia: divino, inabarcable y eterno. Algo que, por otra parte, es un objetivo que el ser humano ha buscado incansablemente a lo largo de la Historia de la humanidad. El anhelo de la imortalidad es algo que siempre ha estado en el corazón del ser humano… porque lo ha puesto Dios mismo: «Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.» (Eclesiastés 3:11). En medio de esta realidad Dios hace un llamado al ser humano…. De eso hablaremos en otra ocasión….

Esas dos cosas, la eternidad y la fragilidad, son algo que ha dado mucho de lo que hablar, escribir y pensar. Algo sobre esto expresó Jonathan Swift, ¿no sabéis quien es? Si menciono una de sus obras como «Los viajes de Gulliver» tal vez sí os suene de algo, ¿no? Hay un episodio en uno de sus viajes que le mencionan unas personas que nacían con una marca en su piel, nadie sabía por qué, que quien llevara esa marca quería decir que eran imortales. Gulliver se asombró y expresó en voz alta su deseo de ser un struldbrugg (un inmortal) porque así podría hacer muchas cosas para el bien de todos. Ante esa expresión, se vio rodeado de toda la expedición y los lugareños de allí para saber qué haría si fuese un struldbrugg. Resumiendo, dijo que primero acumularía riqueza, estudiaría para acumular sabiduría (sobre todo en la rama de las ciencias) y que después sería un referente para los jóvenes y todo el que quisiera consultarle como si fuese un diccionario viviente. En todo esto sus íntimos amigos serían los struldbruggs porque compartirían su inmortalidad y verían los sucesivos ciclos de reinos, caídas, progresos y decadencias humanas…. Los que le escuchaban se le rieron en la cara con una gran carcajada. Le dijeron: «Eso que te planteas no tiene sentido salvo que seas eternamente joven«. Entonces le llevaron a ver a un sitio de struldbruggs donde se les daba de comer y se atendían. Muchos estaban arrugados y con muchas dificultades para caminar. Otros casi no oían, a otros no se les entendía el habla por su edad y con los que se podía interactuar, para saber su edad aproximada, se les preguntaba por el rey o el reino que recordaban más antiguo…. Gulliver concluyó que cualquier muerte era mejor que eso.

No obstante, esa dicotomía es la que vive la humanidad hoy en día. De hecho, es recurrente a lo largo de los tiempos en las diferentes generaciones, no hay más que leer un poco…

La realidad ineludible con la que se encuentra el ser humano es la que expresa con la realidad de que somos muy pasajeros, como se dijo muy acertadamente: «Cuando me siento así de mal, siempre juego a lo mismo: Miro a la gente que hay alrededor y pienso que, en unos 80 años, 100 como mucho, ya no estarán aquí. Ni ese poli, ni el niño del globo con forma de dragón. Ninguno estaremos aquí. Nos habrán sustituido otras personas con las mismas angustias, las mismas preocupaciones y miedos. Y a ellos los reemplazarán otros. Probablemente, en este mismo banco volverá a sentarse otra chica desesperada con otro tío al lado diciéndole bobadas. Así de reemplazables somos. Pero a la vez somos únicos. Nuestra vida nunca será igual a la de otro.» Cita de «El primer día de mi vida» (2023).

Moisés también se expresó con diferentes imágenes poéticas tal y como encontramos en los versículos 5-10. Si lo pensamos fríamente es así. Y todos coincidiremos en la fragilidad y en lo fugaz de la vida humana. Porque todo esto es a causa del furor y la ira de Dios. Esto se ve en Génesis 6:3 en medio de un episodio que es complejo de explicar, pero que nos muestra el decreto de Dios de acortar la vida humana a causa de este episodio que no da mucha más explicación. Y en los pasajes siguientes vemos una disminución progresiva en las edades que nos transmite el relato bíblico.

Saltamos al verso 13-15 donde vemos cómo Moisés vuelve esta poesía en un canto de ruego que pide a Dios aplacamiento de su ira y misericordia. Porque sí, uno de los aspectos que menos se menciona en general es que Dios también es un Dios de ira. No de ira infundada o de esas que nunca sabes cuándo va a estallar como muchos de los dioses orientales como, por ejemplo, la diosa Khali de la India que siempre está enfadada y nunca le llegan los sacrificios que se le hacen (incluidos los humanos), siempre está sedienta de sangre… ¡Dios no es así! Dios tiene ira aunque no es furibunda, incontrolable e implacable. Por eso Moisés, que conocía bien a Dios, pide que se aplaque su ira. De hecho, fueron varias escenascuando se estuvo dando Éxodo en las que interviene de esta misma forma. Y esta intervención no es simplemente para evitar un desastre, sino algo mucho más profundo…

Es por eso que los dos versículos con los que remata el Salmo son verdaderamente impresionantes. Notemos que aparece tres veces la palabra «obra». Es curioso cómo están relacionadas. Lo digo porque muchas veces hablamos de la obra de Dios y hacemos muchas veces énfasis en que Dios es el que hace la obra y no nosotros. Pues mira, aquí una vez está relacionado con Dios y dos veces con el ser humano.

  1. Relacionado con Dios (v.16) podemos observar que es algo que Moisés ruega de una manera muy interesante: «Aparezca en tus siervos Tu obra». Por mencionar una versión distinta, la LBLA traduce: «Manifiéstese tu obra a tus siervos y tu majestad a tus (o sobre) sus hijos». Es decir, que la obra de Dios no sea sólo para mí, sino para los que me siguen. ¡Impresionante! Y esta obra ya la ha hecho o la sigue haciendo el mismo Dios. Es suya. Sólo la puede hacer Él. Y ha empeñado Su palabra en que la va a llevar a cabo. Pase lo que pase. Ocurra lo que ocurra. Su voluntad será cumplida. Lo hermoso de todo esto que apenas anunciaba el salmista en este momento histórico, es algo que leemos muy claramente, por poner un solo ejemplo, en Filipenses 1:6 donde podemos ver esa promesa tan firme de parte de Dios como si fuese un pacto, de hecho lo es, de forma unilateral.
  2. Relacionado con el ser humano observamos que el ruego es doble para que confirme «la obra de nuestras manos». ¿Se referirá acaso a lo que podamos construir con nuestras manos? Puede ser destruido. ¿Propiedades? Nos las pueden quitar. ¿Entonces a qué se refiere? Lo que hemos mencionado antes de que la obra de Dios no es sólo para mí sino que sea también para los que me siguen, creo que está íntimamente relacionado con esto. Es decir, Dios hace Su parte y siempre cumple y cumplirá precisamente porque Él es Dios. Eso no quita nuestra responsabilidad. Deuteronomio 6:6-9 es una muestra de ello. Pero no solamente abarca el ámbito familiar, sino que puede abarcar a todos los que nos rodean más cercanos independientemente del momento vital en el que nos encontramos. Porque, entre otras cosas, nunca sabemos cuándo vamos a partir. ¿Tú sabes cuándo será la hora? Te aseguro que yo no (y menos mal que es así). Relacionado con este tipo de obra que nos pertenece a nosotros, podemos ver sólo dos pasajes más (hay muchos) para ver que aparece de forma constante. Uno es Juan 15:16. El tipo de fruto (obra) es del que permanece. ¿Por qué digo fruto? La ilustración la puso Jesús, no yo. Un fruto es algo que lo puedes ver, lo puedes oler, lo puedes tocar y, por supuesto, lo puedes comer. Es algo tangible. No es etéreo o abstracto. Jesús añade aquí una característica especial: «es del que permanece». El otro pasaje que refuerza esto es Apocalipsis 14:13. Y este pasaje marca una trascendencia que supera incluso la muerte.

Es por eso que el último punto del título habla de legado. Porque esto es algo que complementa las dos palabras anteriores: eternidad (sólo le pertenece a Dios) y temporalidad (le toca al ser humano, aunque fue diseñado para otro propósito). El legado es algo que transmitimos sí o sí. Déjame que te haga esta pregunta: ¿Qué legado estás transmitiendo ahora a los que te rodean? ¿Cuál es el que te gustaría transmitir? Como siempre, si quieres hablar sobre esto, contestar estas preguntas, debatir o incluso disentir, en la caja de comentarios más abajo o en las diferentes redes sociales puedes hacerlo con total confianza.

Entonces, para esta ocasión, considerando estas cosas es un consuelo, un ánimo y un estímulo volver a leer el versículo 1:

«Señor, tu nos has sido refugio de generación en generación»

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