Un hermano que no conozco, pero que me gustaría conocer….

Este artículo surge a consecuencia de varias cosas que tocan nuestra vida personal (sí, porque esto también afecta a mi compañera de viaje desde hace 19 años) con observaciones estudiando las Escrituras, además de observaciones a lo largo de los años, con lecturas biográficas y también en conversaciones con diferentes personas de diferentes ámbitos. Paso a explicarme un poco:

Recientemente estaba hablando con un hermano un poco acerca de este tema y la observación que me hacía era acerca de que en su propia vida había dedicado su vida a estudiar, a un ministerio de enseñanza y diferentes cosas ministeriales sin dejar de trabajar secularmente. Todo esto tuvo una serie de implicaciones tanto en su tiempo de descanso (muchas veces se vio reducido), como su organización del tiempo disponible cambiando sus prioridades, sin dejar de atender todas sus responsabilidades tanto familiares, pastorales y laborales. En ese sentido es todo un ejemplo y puedo dar fe que esto ha sido así en la vida de este hermano y ha sido (y es) un instrumento en las manos del Señor.

Ahora bien, el punto que me dejaba entrever era como un poco de sospecha sobre quien se dedica a la obra «a pleno tiempo» como solemos decir en nuestro entorno evangélico. Como si estas personas no supiesen organizar su tiempo de una manera correcta, a la vez de que suele haber una fina crítica por parte de las personas acerca de los «obreros a pleno tiempo» que son carga a expensas del trabajo de otros… Creo que todos hemos escuchado o leído cosas así, probablemente habiendo tenido experiencias amargas en este ámbito.

Seamos claros: vividores del Evangelio han habido, hay y los habrá hasta que el Señor Jesús vuelva. Eso no podemos evitar que pase. Lo que sí podemos hacer es tener claro lo que nos implica a nosotros en el área que nos corresponde a cada uno. Por eso creo que es más necesario que nunca tener una serie de consideraciones acerca de la obra del Señor. Ni por un momento hemos de pensar que esto sirve para sentar cátedra y que no se pueda tener opinión al respecto, pues es un tema muy amplio. No obstante, sirva esto como una reflexión en voz alta para hacer pensar y, sobre todo, como punto de compartir sobre este tema tan amplio que nos afecta a todos.

¿Se puede vivir del Evangelio? 1ª Corintios 9 nos da una serie de enseñanzas y principios que deben de ser tenidos en cuenta. No obstante, la respuesta rápida es . Además, como desarrollo de todo esto os voy a transcribir unos puntos que compartía terminando la exposición de carta a los Filipenses:

  • Los obreros han de ser conscientes del entorno y contexto económico de las personas donde desarrollan su ministerio. Pablo llevaba su “kit” de trabajo para desarrollar su oficio que era hacer tiendas. Lo tuvo que usar en más de una ocasión, unas veces por necesidad y otras veces para no ser una carga entre las personas entre las cuales estaba desarrollando discipulado y evangelización. Esto necesariamente es flexible y a criterio del obrero en cuestión donde debería ejercitar esa sensibilidad para con las personas a las que desea ser de edificación.
  • Los obreros han de ser conscientes de que su ministerio puede tener fecha de caducidad. Vemos el ejemplo en Pablo mismo en esta carta escribiendo desde la cárcel o, mejor dicho, desde el arresto domiciliario. No estaba realizando la labor que acostumbraba a hacer. Sin embargo, no vemos un motivo de queja, pesar o desvalorización ni hacia Dios ni hacia los hermanos. Todo lo contrario. Precisamente la falta de conciencia en este punto ha causado y está causando muchas dificultades teniendo como consecuencia la falta de relevo generacional, la nula vocación en muchos casos para ese relevo y el pesimismo a la hora de ver los dones y talentos en las asambleas (ya no digamos para fomentarlos o impulsarlos). En este mismo punto se podría incluir el anclaje en una manera de hacer las cosas que conduce al inmovilismo, al recelo por la comunicación, los estudios o otros ministerios que no sean los propios…
  • Las personas que trabajamos hemos de cultivar la sensibilidad de los hermanos en Filipos porque no se trata de una cuestión económica nada más sino de cuidado. Y eso puede implicar cuidado de índole moral, emocional y hasta de una forma personalizada que incluye muy especialmente la parte económica. Eso descarta la idea de que se le está pagando… tan popular en estos días.
  • Las personas que trabajamos con un salario hemos de vigilar nuestro espíritu de crítica constante y hacer lo que nos recomienda Hebreos 13:7 “imitad su fe” es algo que nos debería hablar muy fuerte de cómo miramos y observamos.
  • Los obreros dedicados a pleno tiempo y también el resto de los hermanos hemos de dar igual valor y respaldo a aquellas personas que, sin dejar de trabajar secularmente, han desarrollado ministerios. Ni unos ni otros son más que nadie, sino que Dios usa a todos para Su obra. Y, en palabras de George Werver, todos somos necesarios en la obra de Dios y todos los tipos de personas son necesarias. Por ejemplo: las personas con muchos estudios y las personas sencillas, las personas de alta clase social y las personas de clase social más baja… y así. De esto trata mucho 1ª Corintios 12-14 con mucha profundidad.

A todo esto se suma un vídeo que ha salido y está disponible en el canal de Youtube del programa evangélico Buenas Noticias con el título «Pastores olvidados». He visto ese vídeo y me ha dejado con muchas ganas de hacer preguntas, porque creo que no se entiende bien las instrucciones que el Señor deja en este sentido. Para abundar en este punto estoy preparando un artículo de respuesta.

Queda claro que uno de los puntos fuertes tiene mucho que ver en lo económico y que requiere de la implicación de todos, de las prioridades que hemos de tener a nivel personal, familiar y hasta eclesial. No obstante, este aspecto es menor en comparación con el aspecto espiritual.

Muchos nos llenamos la boca hablando de personas que nos han precedido y que han sido baluartes, sobre todo pensando en la obra del Señor en España. A la par que noto la nostalgia de ciertos herman@s, con cierto tinte de idolatría, tal vez, al decir que no hay actualmente personas en la obra de Dios de semejante calibre… y con esto probablemente no se den cuenta de que lo que se hace de esta manera viviendo en el pasado es que, por esa razón, las personas que se están intentando involucrar en la obra de Dios se encuentran con una sombra muy larga y que además se puede convertir en algo muy pesado porque ni el contexto ni la sociedad es la misma en la que estos herman@s realizaron su labor. Y para que quede claro, no estoy diciendo que haya que romper con todo.

Después está la clásica «guerra» entre los defensores del estudio académico y los que defienden que sólo se ha de estudiar la «Biblia y nada más, porque el resto es cosa de hombres». Creo que ya he comentado ampliamente este tema en otro artículo. He vivido la moda de la «titulitis» en los púlpitos, en la obra pastoral y en la enseñanza. Pienso que un énfasis excesivo en estudios reglados puede dar como consecuencia en la profesionalización sin tener los dones que indican las Escrituras. También he vivido el énfasis en los «dones» y el terror o fobia a cualquier persona que tuviese un mínimo de formación o haga uso de la argumentación, la retórica o la oratoria. Una posición equilibrada en este tema creo que es lo más sano que se puede llegar a tener. Ni llamar «ñapas con buen corazón» a las personas que nos han precedido y que insistían en la importancia de las Escrituras, ni decir que las personas que tienen estudios «no tienen corazón»…. Hermanos, en ambos extremos se perjudica a las personas que conforman el pueblo de Dios, porque al final el propósito de Dios es la edificación de los santos.

Relacionado con lo anterior, muchas veces hemos observado en diferentes lugares, que cuesta que haya un relevo generacional paulatino. Eso implica una formación, observación e impulso de las personas a las que que Dios va otorgando dones y talentos. Y, sí, a veces salen excusas como que el relevo generacional no está en la Biblia (no con esas palabras, pero la idea es algo palpable en toda la Escritura) o que no se está lo suficientemente preparado porque, claro, generalmente lo dicen personas que ya tienen acumulada una gran experiencia en años y pretenden encontrar que las personas estén a su nivel, cosa que es imposible… El discipulado bíblico implica dejar hacer para poder crecer, no pretender que absolutamente todo se exprese, se haga o se piense de la misma manera que las personas en autoridad. Aprovecho también para decir que tampoco se trata de hacer un «borrón y cuenta nueva» con las personas veteranas. Por lo que entiendo en las Escrituras es en el conjunto de ese abanico de edades, ese respeto por parte de todos y también esa implicación conjunta que se puede ver cómo Dios va guiando de forma evidente.

Y, dejadme abundar un poco más en el tema de la implicación de las personas por parte de pastores, maestros o misioneros. Voy a poner un ejemplo que nos pasó a nosotros con David Puente, que ya está en la presencia del Señor. Hace un tiempo que David e Isabel nos pidieron que visitásemos su casa Loida y yo solos. Fue un tiempo muy bueno de escuchar a dos personas con una experiencia tremenda acumulada a sus espaldas, aunque ya veíamos que David estaba muy mermado físicamente. Loida y yo pudimos notar que deseaba decirnos algo relacionado con la obra allí en mi ciudad natal, pero finalmente no lo dijo. Terminamos la visita y en relativamente poco tiempo después, el Señor se lo llevó a casa. Os digo de verdad que si nos hubiese pedido algo relacionado con la obra allí, Loida y yo nos lo hubiésemos planteado muy en serio, pues el Señor ha trabajado en nosotros desarrollando sensibilidad y disposición para servir al Señor en lo que Él nos ponga delante. No obstante, tenemos una convicción de que no debemos de buscar nosotros imponer nada, aunque sea patente y evidente la necesidad. Seguramente a Isabel se le llenen los ojos de lágrimas al leer esto. Lo pongo como ilustración viviente. El «pasa a Macedonia y ayúdanos» (Hechos 16:9) es algo que retumba en mi mente muchas veces y observo que a muchas personas activas en la obra del Señor les cuesta precisamente esto. Es como si se sintieran vulnerables, como si no diesen la talla y fuese humillante pedir ayuda o colaboración, cuando es algo que debería de ser lo normal. Después a muchos de estos herman@s los escuchas de que no hay implicación ni compromiso ni nadie desea continuar… ¿será que no lo han pedido? ¿Será que no han sabido cómo implicar a otras personas que observan y que saben que tienen el potencial? Hermano, hermana si crees que el Señor está poniendo delante a personas, implícalos, háblales, toma la iniciativa. Esto fue lo que Pablo instruyó a Timoteo: «Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros» (2ª Timoteo 2:2). Y justamente aquí vemos que es un trabajo sin fin, al igual que predicar el Evangelio.

Otro de los aspectos que considero que es muy importante es la interrelación entre iglesias locales. «Ah, pero es muy difícil por calendario, porque no pensamos lo mismo, porque las formas son distintas….» Mil y una excusas que lo que provocan es precisamente que cada iglesia local sea como un reino independiente o un taifa que no tiene nada que ver con otros… Todo lo contrario de lo que nos muestran las Escrituras, que con los medios que tenían, había mucha más interrelación de lo que nosotros, con la gran cantidad de recursos de la que disponemos, hacemos en el día de hoy. Y ya no digamos del sistema unipastoral, que firmemente creo que no es la voluntad de Dios reflejada en las Escrituras porque siempre que habla de ancianos, pastores u obispos lo hace en plural. Eso nos debería de hablar muy fuerte de cómo Dios quiere las cosas porque el único PASTOR en singular es Jesucristo (1ª Pedro 5:4). Ahondando más en esa interrelación intereclesial es que se han perdido paulatinamente esas conferencias como las de Verdi en Barcelona, las de Carballiño (originalmente Panjón, con Eric Bermejo y Álvaro Figueirido en Galicia) u otras en otros lugares donde se invitaban a las iglesias de la zona cuando había algo especial, como un reconocimiento de ministerio o de ancianos, o de misioneros; cuando se invitaba a algún predicador y, de esa manera se fomentaba la comunión entre los miembros…. Hoy se prefiere conectarse por Zoom o seguir cómodamente desde casa la retransmisión por Youtube, cosas que no están mal en sí mismas pero que a veces se convierten en enemigo de lo mejor. Y esto creo que hemos de tomárnoslo en serio…

Como consecuencia de mucho de esto, notamos Loida y un servidor, que los creyentes hoy en día no saben, no conocen lo que es una iglesia local y las implicaciones que esto tiene o deben de tener en nuestra vida personal y familiar… Es por eso que estamos trabajando en un proyecto que tendrá un aspecto muy práctico que conformará otro de los espacios de El Rincón de Pensar. De eso hablaremos más adelante…..

Así que, en la obra de Dios estamos todos implicados. La pregunta es: ¿lo estás tú? Te animo a que comentes (ya bien sea en el cajón de comentarios o en privado), compartas y también te cuestiones sobre esto que acabas de leer. Un último punto: dados los acontecimientos que están ocurriendo y la situación que vivimos a todos los niveles a nuestro alrededor, ¿no crees que el Señor está cerca? Y este hecho que es cierto, pienses lo que pienses a nivel escatológico, ha de tener una implicación práctica directa en tu vida y en la mía, ¿no crees?

Una última cosa: ¡Te quiero! ¡Y Dios también!

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