
Este es uno de esos momentos en que cuesta escribir… entre otras cosas porque hay circunstancias que desatan un torrente de emociones y pensamientos que son muy difíciles de transmitir así por escrito, pero haré lo que pueda. Os pongo en contexto:
Hace ya unos meses a Loida le ha tocado padecer dolores de cabeza bastante intensos últimamente. Normalmente lo atribuimos al cansancio acumulado que lleva, además de todas las actividades que lleva encima de atender una casa y las necesidades que 4 adolescentes que son variadas y cambian con los diferentes momentos del día y las circunstancias. Los padres que están pasando o han pasado esta etapa entienden a qué me refiero… El cansancio acumulado no le impide a ella seguir tirando para adelante porque está acostumbrada a convivir con el dolor.
Un fin de semana me dice: «Cariño, mira lo que me ha salido aquí»… Por «aquí» se refería a una parte detrás de la oreja hacia el centro. Pasé la mano y noté un bulto duro. Los dos nos alarmamos un poco. Le dije que pidiera cita con el médico para que se lo mirasen. «Ya lo haré», me dijo. «Ya lo haré, no. Hazlo», le dije siendo muy consciente que con tal de continuar con las actividades se podía ver tan atareada que su salud pasase a un segundo plano. Me hizo caso (¡milagro!😅).
En la cita con el médico, que la atendió estupendamente, y le dijo que, aunque probablemente no sería nada preocupante, mejor hacer una prueba para ver de qué se podía tratar para descartar que hubiese nada anómalo y así asegurarse bien. Supongo que los buenos médicos buscan no alarmar demasiado porque son conscientes de que eso conduce a situaciones de estrés y calenturas de cabeza excesivas. No obstante, cursó la solicitud de la prueba como urgente/prioritario. Como todos seguramente sabéis mejor que quien escribe, entre la solicitud de la realización de la prueba y hasta que te contactan para darte día y hora pasa un tiempillo… Durante ese «tiempillo» han ocurrido varias cosas… Y antes de escribir nada más, quiero exponer que la gestión de una situación así puede ser muy diferente a la tuya o a la de cualquier otra persona. No hay «gestión correcta». Quien habla de eso probablemente es porque no ha enfrentado una situación así, o si la ha enfrentado, tal vez esté estableciendo su manera de gestionar como la «correcta». Nosotros compartimos (sí, porque Loida me ha dado permiso para compartirlo) lo que nos ha sucedido por varios motivos, pero uno de ellos es que hemos visto de primera mano todas las implicaciones que tiene a nivel físico, mental, emocional y también espiritualmente. Continúo…
Durante todos esos días de espera por el día de la prueba, Loida, como cualquier mujer, estuvo dando vueltas a la cabeza a varios posibles escenarios. Siempre negativos… En principio no quería compartirlo con nadie, incluidos nuestros hijos, para no preocupar innecesariamente. No obstante, los chicos intuían que algo no iba muy bien. Se lo comenté, y tuvimos esa conversación con ellos. Fue bueno, aunque la manera de afrontarlo cada uno fue distinta. Compartir esa carga con la familia ayuda a llevarlo entre todos. Ayuda a madurar y ser consciente de que pueden darse circunstancias que no gustan, pero que hay que afrontarlas. Eso es muy importante y, después de esa experiencia, es lo que aconsejaría a cualquiera. Paradójicamente, por duro que sea decir y conocer una posibilidad de enfermedad grave con consecuencias fuertes como la muerte, es mucho más sanador y puede llevarte más lejos como persona.
Cuando ya tuvimos el día de la prueba, hasta este momento todo este proceso lo sabían solamente la familia cercana y nuestra iglesia local (porque siempre hemos querido actuar de forma transparente), pero fue hora de anunciarlo a la otras personas de otras iglesias con las que tenemos relación. Fue impresionante, consolador y reparador la reacción de las personas (todas diferentes) y resultó estimulante sentir las oraciones de personas cargadas de amor e identificación. Por ejemplo, de una hermana que está batallando con problemas de salud, Loida pudo decirle que su actitud ejemplar de esperanza en Dios era estimulante para ella… Esta hermana se le abrió un horizonte, porque ni siquiera lo había pensado… O de otras personas que, sin conocer mucho a Loida, derramaron un cariño especial. A todas ellas estamos agradecidos enormemente. ¡Gracias!😊
A lo largo de los días previos, fue imposible que algunas personas que nos preguntaban por la familia, diésemos esa respuesta superficial: «Bien», porque por lo entrañables que son para nosotros nos sentiríamos mal de ocultárselo… Supongo que hay muchas emociones por medio y tal vez podáis pensar que eso es una tontería. Tal vez.
Llegó el día previo de la prueba y como podéis suponer, yo no podía estar presente por mi trabajo. Hay que sostener a la familia, porque si no es una carga más que no podríamos soportar. Y justo ahí, nuestro hijo mayor, Israel, dijo que de ninguna manera iría sola a la prueba, que estaba cerca de su instituto y que justo a esa hora la tenía libre. Y si no la tuviera libre, iría igual. Personalmente apoyé su decisión. Fue importante para él y para su madre mucho más de lo que se puede explicar aquí. Y, dejadme decir, que hubo más personas que se ofrecieron a acompañar a Loida, pero creímos los dos que quien debía ir era Israel. Toda la prueba fue bien.
Empezó el tiempo de espera hasta conocer los resultados y, como podéis suponer, también juegan un poco con los nervios y la incertidumbre que genera inquietud mental. Muchas fueron las voces que nos dijeron que si no nos llamaban antes de tiempo de la cita con el médico, que fue el pasado día 20 de febrero, era buena señal. Muchas fueron las personas que nos escribieron dando ánimos, orando y preguntando también. Muchas fueron las personas que nos pidieron que cuando supiésemos los resultados, por favor, se lo dijésemos.
El día de la consulta Loida fue con su madre (¡Gracias suegri!😊). Era una ocasión para no ir sola. El médico fue muy amable y atento respondiendo todas las preguntas que se le hicieron. Podemos decir ahora de manera pública que es un lipoma. Que simplemente había que estar pendiente de que no creciera y que por la zona donde está, llena de glándulas, probablemente provocaría esos dolores de cabeza (aunque deslizó que podía ser cosa de los nervios también…) y que él no intervendría de momento. Es decir, que en principio no era lo que a todos se nos pasó por la cabeza. ¡Suspiro de alivio!. Fijaros el alivio que supuso que, al salir de la consulta, Loida se echó a llorar…. Había pasado mucha tensión en los días previos, disimulados muy bien hasta ese momento. En ese momento no pudo contenerse más.
En todo este proceso puedo decir que hubo de todo. ¿Lágrimas? Sí. ¿Preguntas? Muchas. ¿Emociones? Seguro que las habréis notado en el desarrollo. Y muchas más de las que soy capaz de describir, no soy tan buen escritor… Hasta hubo ocasiones de pensar en lo que sería estar sin ella (¡glup!), otras llegando a pedirnos cosas personales por si faltara. Cuestiones que no se piensan en la rutina de la vida hasta que llega la incertidumbre en ocasiones parecidas o incluso más fuertes e inquietantes. Lo cierto es que a pesar de la incertidumbre, las preguntas, los miedos, las lágrimas y mucho más, puedo decir que la fe de Loida y su mirar siempre se elevaba hacia quien le da esa esperanza que da esa calma inexplicable en la tormenta.
En cierta ocasión, hubo un rey al que Dios mandó un profeta diciéndole: «Ordena tu casa porque morirás y no vivirás». La muerte es una realidad tan imperativa que no hace distinción a estatus económico, a géneros, a etnias o razas, a conocimientos ni a relevancia. A todos en cualquier momento nos puede llegar la hora de pasar a la eternidad. Y más que poner en orden los asuntos de herencia, situación económica o últimas voluntades (que también) hay el asunto más importante que trasciende los años que pasemos en este mundo en comparación con la eternidad para encontrarnos con el Creador. ¿Dónde pasarás la eternidad?
Esta ha sido parte de nuestra experiencia. Os invito a que comentéis, preguntéis y compartáis vuestra experiencia en los comentarios más abajo o si necesitáis algo más concreto, tenéis nuestro correo electrónico a disposición o las diferentes vias en nuestras redes sociales.
¡Dios te bendiga!
