
Este artículo es algo totalmente distinto a lo que normalmente suelo escribir. Tal vez a algunos les sorprenda porque acerca de quien voy a escribir no son mis abuelos, no son mis parientes y, sin embargo, me siento en el deber de hacerlo. Así que si este comienzo no te interesa, sigue con lo que estabas haciendo…
El pasado día 27 de noviembre un matrimonio muy entrañable para mí celebraron que hicieron ¡70 años de casados! Un número que pocos alcanzan. Una cifra que hace que los que llevamos 18 años como Loida y un servidor nos veamos como pipiolos a su lado. Una cifra para recordar y celebrar como se hizo: por todo lo alto y con sencillez. Así es como recuerdo siempre a estas personas: Jaime y Carmiña.
Este matrimonio han sido personas muy entrañables para mí desde que mis padres conocieron el Evangelio a través de una vendedora de fruta en la plaza de abastos de mi ciudad natal, Ourense. Esta vendedora se llamaba Lidia, pero esta es otra historia…
Desde niño siempre recuerdo que la casa de este matrimonio estaba siempre abierta a los hermanos en la fe y también a cualquier persona. Eso provocaba que ocurrieran un sinfín de sucesos, unos cómicos y otros de conversaciones profundas que podían darse entre las personas que íbamos a ese hogar. Recuerdo una perrita, Sandy, que era la delicia de los niños pequeños… Ahora que lo pienso, cuando nos íbamos, debía de acabar extenuada…😅
Una de los recuerdos que tengo es de realizar algún viaje con el señor Jaime (así le llamábamos con cariño) en el Bibliobús que estuvo a su cargo durante algún tiempo. ¿Es posible que mi aficción por los camiones y autobuses venga de ahí? 🤔
Recuerdo también las labores de visitación a personas que vivían a kilómetros de la ciudad en pueblos apartados y cómo se tomaba la molestia de ir. En esa ocasión fuimos mi madre y yo, el señor Jaime y otro hermano, Fernando Toquero, a visitar una familia. Ahí, entre otras cosas, pudimos asistir al nacimiento de un ternero… 😍
De Carmiña recuerdo su voz, su disposición para cantar que todavía sigue teniendo a pesar de sus 90 años y su merma de capacidades. También recuerdo sus historias, sobre todo de su familia, sobre todo una que me dejó marcado. Cuando Jaime Fernández Garrido estaba estudiando le dieron una sola instrucción: tenía que asistir a clase, pero debía arreglárselas para asistir a los cultos (las reuniones) de la iglesia. Se ve que había momentos en los cuales salía Jaime de clase escopeteado para la reunión, llegaba en punto, y cuando se terminaba, salía disparado para otra clase. A decir de Carmiña, nunca suspendió una asignatura y eso a mí me hablaba de dos cosas: por una parte la capacidad de Jaime y por otra la recompensa de Dios de las prioridades en la vida práctica.
Otra de las cosas que caracteriza a este matrimonio entrañable es su amor por las personas mostrado de diferentes maneras. Una de las maneras la experimentaron una y otra vez mis padres cuando por algún motivo faltábamos a la reunión por algún compromiso. Sonaba el teléfono (sí aquellos teléfonos que no tenían identificador de llamadas y que eran fijos) y eran cualquiera de los dos que se interesaban por si nos había pasado algo, o estábamos enfermos o teníamos alguna necesidad. Era una constante en sus vidas y aún hoy en día, a pesar de su edad avanzada, sigue siendo así.
Una de las cosas que tengo más grabado en la memoria era en prácticamente los inicios del programa «Nacer de Novo» con el que mis padres colaboraron durante años de forma activa tanto en grabación de diferentes programas, como en la entrega de paquetes con Nuevos Testamentos y literatura, como en la «trastienda» es decir, en unas oficinas enfrente del local de la iglesia donde varios hermanos voluntariamente iban allí ya de noche después de una jornada de trabajo para ayudar a preparar paquetes, cosa que se hacía con muy buen humor, y para los que no éramos adultos había hasta tiempo de juego con aviones de papel entre paquete y paquete. Jaime y Carmiña también estaban allí apoyando. ¿Cómo me acuerdo? Porque uno de los aviones que lancé se estrelló en el cabello de Carmiña quedando allí clavado…🤦🏻♂️ Carmiña es una mujer que siempre le gustó ir bien arreglada y, sin embargo, no se enfadó ni se molestó sino que participó de las risas de todos los presentes… Obviamente, mi padre me hizo pedirle disculpas….😁
Después de preparar aquellos paquetes pasábamos un tiempo de oración por el programa que se iba a emitir esa noche (más bien madrugada) y en cuanto se emitía el programa, se atendían las llamadas telefónicas personalizadas y muchas veces se podían tener conversaciones buenas y profundas. Allí estaban ellos atendiendo llamadas cada uno con un teléfono. Hubo personas que conocieron a Dios a través de esta labor. Tal vez de esto, podría hablar mejor el propio director del programa…
Estos son sólo unos ejemplos. Sin duda en su caminar de estos muchos años juntos hay personas que podrían contar, explicar y compartir muchísimas más cosas que yo.
En definitva, estos 70 años (sí, toda una vida) son un grito en medio del derrumbe de la sociedad que nos rodea, son un testimonio contundente ante la falta de compromiso a nivel tanto matrimonial como familiar, son una prueba viviente de que el pacto ante Dios y ante la comunidad humana es posible, factible y, aunque no está exento de dificultades a todos los niveles, ellos son prueba viviente de la hermosura, la belleza y lo entrañable que puede llegar a ser hasta el punto de ponerte la piel de gallina…
La experiencia de Jaime y Carmiña nos habla de que no importan las dificultades económicas, que las tuvieron, de hecho Jaime ha escrito un libro donde habla de sus experiencias. No importan las dificultades que se van transformando con la acumulación de los años. No importan las dificultades de ver cómo tu cónyuge va acusando la edad y perdiendo facultades. No importa si tienes que reinventarte a edad avanzada y hacer cosas que nunca has aprendido a hacer y lo haces porque tu compañer@ de viaje en la vida lo necesita y estás ahí a pesar de todo. Hoy eso brilla por su ausencia en muchos casos.
Por esto, por su cercanía, por las experiencias y porque se lo merecen es este sencillo homenaje que les hago desde aquí. Lo único que me puso algo triste es no haber podido estar en esta ocasión especial…
¡Dios os bendiga por mucho tiempo más queridos Jaime y Carmiña!
