El arte de comunicarse

Si hay algo que le encanta al que escribe estas líneas es la posibilidad de comunicarse con los demás. Es algo que disfruto poder hablar, poder escribir intercambiando ideas, opiniones o simplemente mantener el contacto. ¡Eso es estimulante, enriquecedor y retante al mismo tiempo!

En los tiempos que corren nos ha tocado vivir cosas que han dificultado grandemente la capacidad de comunicarse. Al menos en mi caso personal. Lo que sigue a continuación es una recopilación de cosas para que podáis haceros una idea de lo que me ocurre y tal vez os ayude a entender mejor algunas de mis reacciones. El propósito de este artículo tan personal no es ni dar pena, ni que se me vea diferente, ni nada de eso…

En primer lugar he de deciros que convivo desde que nací con un problema de oído a causa de una negligencia médica. Doy muchas gracias a Dios por los médicos y todo el personal sanitario porque sé de primera mano que son personas capaces de hacer cosas que ni siquiera pensamos. Estar en un quirófano es algo que personalmente no podría hacer (por ejemplo), o diagnosticar, intervenir con celeridad y acierto en determinadas situaciones de urgencia o accidentes. No obstante, en mi caso personal hace ya unos años no atendieron a mi madre cuando estaba para dar a luz porque «era primeriza» y eso provocó sufrimiento fetal que afectó a mi oído derecho. Tengo la oreja, pero no el oído por ese lado. Tengo claro que es algo que Dios permitió que ocurriera aunque os puedo decir que han habido momentos duros y difíciles de llevar.

Eso de tener un oído solamente ha hecho que tenga mis temporadas mejor en cuanto a audición y mis temporadas que ha sido más complicado de llevar. Sin embargo, hay una de las cosas que ha hecho que pudiese desarrollar cosas por supervivencia para poder comunicarme con más normalidad. Por ejemplo: aprendí completamente solo y de manera natural a leer los labios para ayudarme en la comunicación. Surge sin más. En los tiempos que vivimos actualmente podéis llegar a haceros una idea de lo que supone el uso de mascarillas actualmente. No estoy queriendo entrar en polémicas con nadie, simplemente digo lo que me ha supuesto y me sigue suponiendo. Es un esfuerzo extra que tengo que hacer para entender a la gente…

Por otra parte, esto me ha llevado a fijarme de manera especial en la pronunciación de las palabras, en la vocalización y, por supuesto, en la entonación. Disfruto muchísimo escuchando a personas hablando, dando discursos o conferencias. A parte de mirar y estudiar su línea argumental, observo su entonación, las pausas, las diferentes velocidades… En dos palabras: la retórica y la apologética. Eso me ha llevado a intentar comunicarme con claridad y vocalización buscando que a todo el mundo le sea fácil entenderme. Algo que todo el mundo debería de procurar para que el escuchar, asimilar y analizar sea fácil y sin esfuerzo extra.

Todo esto hace que me gusten los debates, el intercambio de opiniones o el tratar temas muy variados. Observo que en los canales de televisión y de radio es algo que se va perdiendo. Da la sensación de que el que alza más la voz, el que interrumpe más veces o es más faltón o soez es el que tiene razón cuando sabemos de sobra que no es así.  Los que me conocen personalmente o han tenido contacto de alguna manera conmigo, saben que me gusta hablar y tratar todo tipo de cosas. Amig@s míos podrán decir que literalmente hemos tenido debates, conversaciones o intercambio de opiniones por horas de conversación. Y siempre se aprende algo a fuerza de hablar, compartir e intercambiar con los demás.

Hoy en día, parece que se escape de todo ello. El intercambio de opiniones, visiones o simplemente de conversar es algo que brilla por su ausencia en muchas ocasiones. Más bien cada un@ va a soltar lo suyo sin parar a considerar de verdad a quien está al otro lado. Eso NO es una conversación ni un diálogo…. más bien es un monólogo. Y, llegados a este punto, no estoy señalando la capacidad de hablar solamente sino también la de escuchar.  Es vital.

Cuando alguien habla es importante que los demás consideren importante lo que tiene que decir, o al menos, tengan por digna a la persona que está por hablar. Esto me recuerda algo que llevo tiempo dándole vueltas:

«Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo» (Hebreos 1:1‭-‬2)

Como decía antes, si somos coherentes, hemos de considerar y poner atención cuando alguien habla. Otra razón es tener en cuenta la dignidad y el prestigio o reconocimiento de la persona que habla. Un ejemplo que pongo muchas veces es cuando hablo con compañeros de profesión más veteranos que comentan sus experiencias con el camión. El oficio ha cambiado mucho con el paso del tiempo (cosa normal) pero siempre se aprende de la acumulación de experiencia.

Me llama la atención en el texto bíblico que os he citado de que Dios ha hablado «muchas veces» y «de muchas maneras» para continuar diciendo que en última instancia nos ha hablado por «el Hijo», es decir por medio de Jesús. Y lo que más me llama la atención es de que muchas personas no escuchan de primera mano lo que Jesús dijo, lo que hizo, cómo vivió y cuál es el mensaje que venía a traer. Y más cuando hoy en día es muy fácil acceder cada un@ directamente a ello a través de la Biblia o de las aplicaciones móviles para poder leerla directamente y sin intermediarios. Me llama la atención de que se escucha a los que hablan acerca de Jesús, que no está mal en sí mismo, más que escuchar o leer directamente lo que Jesús dijo. Y lo que más me llama la atención es que, en general, no se quiere saber sino que se rechaza de plano «a priori»… Es decir, para cualquier figura o personaje que mínimamente haya influenciado en la humanidad, se suele decir que hay que conocer sus palabras, sus vidas o su biografía (eso, como mínimo…) mientras que eso no se realiza con todo lo que tiene que ver con la Biblia o con Dios.

Si Dios ha hablado, debe de tener algo importante que decir. Y, si somos honestos y coherentes, debemos escucharlo directamente. ¿Lo has hecho?

Terminando ya, si quieres hablar acerca de cualquier tema, intercambiar opiniones, compartir acerca de cuestiones (espirituales o no) nos tienes a tu disposición desde este espacio de El Rincón de Pensar por los diferentes canales en las redes sociales, correo electrónico y cualquier otro medio que tienes a tu disposición. Se te va a escuchar sin escándalos, sin juzgar y con privacidad, pero siendo sinceros y honestos. Si buscas esto, este es tu espacio. Seas quien seas, creas lo que creas y pienses como pienses.

¡Dios te bendiga!

Reconozcámoslo….

Reconozcámoslo, somos amigos de compartir memes humorísticos, de hacer fotos de las comidas que nos ventilamos y de escuchar música sin parar….. Pero, ¿cuándo nos hemos parado a leer (sí, a leer detenidamente) un buen artículo, un buen libro o simplemente un escrito de alguien por la red o físicamente en papel?

Reconozcámoslo, no tenemos paciencia. No nos da la mente para ello…. Hemos caído en las garras de la tecnología, o del frenesí de no pensar, de la crítica fácil, del chiste express y de la burla rápida acerca de todo y cualquier tema. Porque todo vale. No importan los sentimientos de las personas ni sus consecuencias. Lo único que importa es la realización personal  aunque seamos incoherentes, ¡qué más da!

Reconozcámoslo, ya no se oyen argumentos ni debates de calidad donde puedas ver el ingenio del locutor, la línea argumental bien presentada y expuesta con aplomo, coherencia y sentido común. Lo único que queda es la descalificación, el insulto, la grosería y la mala educación. «Debates» donde el que más grita parece que es el que más razón tiene; el que más interrumpe es el que tiene más que decir; el que es más grosero y borde es el que acapara más atención. Y todo esto sin distinción de ninguna clase porque da igual si el que habla es hombre o mujer, rico o pobre, personaje político, persona de ciencia, de letras, del mundo de la cultura o ciudadano de a pie. Lo que hace no tanto tiempo se procuraba que fuese una excepción, hoy se ha convertido en una norma.

Reconozcámoslo, escuchar de verdad es algo que nos resulta extraño. Eso de estar pendientes de lo que otro diga y valorar de verdad sin juzgar a la persona y entrar en el terreno personal es algo que, hoy en día, resulta muy difícil. Ya no digamos si el interlocutor es de mentalidad totalmente contraria a la nuestra (al menos lo suponemos, eso ya es argumento convincente) entonces, no vamos a escuchar nada para valorar de verdad y considerar si es que tiene verosimilitud. De ahí que se puede ver cómo jóvenes hacen entrevistas solamente a jóvenes, universitarios a personas con carrera, periodistas a famosos….. El resto no importa. Lo que digan, si es contrario, no importa mucho…..

En medio de toda esta jungla cruel y sin sentido, resuenan con más fuerza que nunca las palabras de Jesús: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar» Mateo 11:28. Déjame decirte que precisamente para esto vino Jesús, para dar sentido a nuestras vidas. Pero déjame decirte también que Él dice «os haré descansar», no dice «te solucionaré todos tus problemas». Las cosas de la vida vienen para todos, los problemas, las penas, las luchas, el dolor…. Nadie se libra de ello. Y esto es algo que ha sido objeto de controversia mental para mucha gente. El tema es que Jesús promete hacernos descansar a pesar de lo que nos toque vivir. Es decir, estar equipados para cualquier circunstancia que nos pueda sobrevenir.

Y, curiosamente, Jesús durante su vida en este suelo no cedió ante las personas que no le reconocían de manera total. Hay muchísimos ejemplos de ello en las Escrituras y, lo más importante, sigue siendo vital en tu vida y la mía. Nos encontramos con la realidad inquebrantable de que o reconocemos todo lo que Jesús es (con todas sus implicaciones) o, en definitiva, no lo reconocemos. En ese sentido, Jesús era, es y será un radical. Igual de radical será la transformación en tu vida.

Tal vez te hagas la pregunta que varias personas me han hecho estos últimos días: ¿por qué Dios permite que algunas personas sufran tanto y otras se vayan de rositas? ¿Cómo es que da la sensación de que al que hace las cosas con maldad parece que todo le va bien y prospera y, en cambio, al que busca hacer lo correcto parece que todo le va en contra? Permitidme que este sea el tema de la siguiente publicación….

La esencia del Evangelio (2)

Este trabajo mío tiene cosas que no todo el mundo es capaz de soportar, pero tiene algunas que lo hacen especial, al menos en mi caso. Cuando conduces en larga distancia te da tiempo a ordenar pensamientos mientras escuchas el sonido del motor, ves las luces de los demás o pasa un compañer@ con el camión decorado (lo confieso, en esos momentos se me cae la baba)… Son esos momentos en los cuales puedes hilvanar ideas o rumiar un tema importante como el que estamos tratando. Os aseguro que muchas de estas cosas las he pensado en mi «despacho con volante» para luego ponerlas por escrito.

Alguien podría decirme que la Biblia habla mucho del pecado y eso es cierto. Sin embargo, de lo que más habla es de Alguien y es de Jesús. Es el gran tema central. Toca multitud de temáticas, hay diferentes tipos de libros con distintos estilos como libros proféticos, libros poéticos, escritura sapiencial, epístolas doctrinales, libros históricos y el relato de la vida de Jesús que conforman los cuatro evangelistas. Pero todos estos libros reunidos en un solo tomo nos transmiten un mensaje inequívoco y es que Jesús es el personaje central por diseño y autoría de Dios. Ese es el GRAN TEMA de la Biblia.

EL objetivo de Dios en todo el diseño, es mostrarnos a Jesús, lo que vino a hacer, lo que nos implica eso a nosotros y, sobre todas las cosas, cómo Dios es, siente, actúa y revela. Esto nos lo dice Juan 1:18 – «A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer». Eso es lo importante y revelador.

Naturalmente, obviar el tema del pecado sería quitar un tema capital de la Escritura. Pero ¿cuál es el lugar bíblicamente hablando que ocupa el pecado? Permitidme dar algunas indicaciones breves:

  • El pecado es universal. Esta frase quiere decir que afecta a todos los seres humanos. En nuestros primeros padres, a raíz de su caída, quedó tocado el código genético humano de varias maneras notables. Entre ellas es que la maldad, el engaño, el orgullo se ve en cualquier ser humano desde muy temprano. «No hay justo ni aun uno», dice el apóstol Pablo en Romanos 1:10. Esto mismo nos señala la Ley dada por Dios una y otra vez.
  • El pecado tiene consecuencias para el ser humano. La principal es su alejamiento de Dios cuando el lugar que ocupaba era muy distinto. El siguiente más evidente es la muerte. Si nos atenemos a una mirada física objetiva a nuestro cuerpo nos daremos cuenta de que ha sido diseñado para vivir. Por eso es tan frustrante para cualquiera tener que hacer frente a la realidad de la muerte y al deterioro físico. «La paga del pecado es la muerte», dice Romanos 3:23.
  • El pecado tiene consecuencias manifiestas para el planeta en el cual vivimos. Esto también es fruto de la acción del ser humano donde lo que priman son los beneficios a costa muchas veces del ecosistema, de las personas y pasando por alto reglas de agricultura, especies autóctonas y muchas otras cosas más que no es posible explicar en una sola publicación.
  • El pecado fue sacado del medio por Jesús en la cruz. «Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz.» Colosenses 2:13‭-‬14
  • Ahora mismo el gran pecado al que se enfrenta la humanidad es no reconocer a Jesús tal y como Dios mismo demanda. «El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.» S.Juan 3:36

Esto es, a muy grandes rasgos, lo que la Biblia dice acerca del pecado. Es un tema trascendente porque nos toca a tí y a mí. Es importante explicarlo bien, pero no es el tema central. El tema central es Jesús y la gran pregunta que Dios tiene para el ser humano es: «¿Quién es Jesús para ti?»

¿Quién es Jesús para ti?

Sí, esa es la gran pregunta que debe hacerse la humanidad y cada persona en particular. Al hablar con muchas personas he conocido la variedad de opiniones que hay acerca de quién fue Jesús: un revolucionario, un gran maestro, un filósofo, un enviado de Dios, un profeta, un loco de su tiempo, un independentista o un vividor son unos pocos ejemplos de las variopintas opiniones que pueden llegar a tener las personas de diferentes épocas y contextos acerca de Alguien que marcó histórica, cultural y moralmente a la humanidad hace 21 siglos.

Jesús mismo hizo esta pregunta a sus discípulos. Si quieres, puedes leer Mateo 16:13-17 y ver por tí mism@ el pasaje. En esta primera pregunta que les hace Jesús creo que no buscaba la manera de aquellos tiempos de ver el «feedback» o el «impacto» que estaba teniendo en la sociedad de su tiempo, algo que preocupa mucho en nuestros días seas de donde seas y tengas el status social que tengas. Más bien estaba esperando poder hacer la pregunta siguiente, la que verdaderamente le importaba: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Eso era lo que verdaderamente le importaba

Dependiendo de cómo contestemos esta pregunta de verdad y sinceramente está la clave de tu vida. A Jesús no le importa lo que piensa la muchedumbre sino lo que piensas tú. Eso es lo importante para cada un@.  ¿Sabes por qué? Porque eso no dejará tu vida, tu mente y tu corazón indiferente. Deja a un lado prejuicios, historias que has visto u oído, comentarios e incluso alguna experiencia que hayas tenido con personas que dicen conocer a Jesús. Has de conocerlo por ti mísm@. Y puedo asegurarte que no es una experiencia mística, no es una leyenda ni es una fábula, sino algo real que sólo puedes experimentar tú si te acercas con sinceridad a la Biblia y empiezas a preguntarte: ¿Quién es Jesús para mi?

Hay algo más en este pasaje: Jesús le dice a Pedro que es bienaventurado («dichoso» o «feliz» podría traducirse) que no se lo reveló nadie, sino Dios. Y eso es una declaración formal de que no hay nadie más que pueda actuar de esa manera. Dios mismo ha diseñado esto así. Pedro era como tú y como yo y recibió la revelación de Dios. Nadie puede revelarte a Jesús en todo lo que significa sino Dios mismo. Podemos hablar de Él, podemos saber lo que hizo, cómo vivió, cómo murió y muchas otras cosas más pero conocer de verdad quién es Jesús para ti sólo lo puedes hacer tú. Es algo entre tú y Dios. Aunque pienses que Él no existe, aunque seas religios@ (seas de la religión que seas) y aunque creas lo que creas sólo tú puedes recibir esto si te acercas con sinceridad a Él.

Así que te reto a que pruebes si esto es verdad o no, porque a pesar de todo lo que pueda decirte sólo tú podrás contestar esta pregunta: ¿Quién es Jesús para ti?