Consagración: ¿me toca a mí?

Lectura base: Levítico 27:9-34

Cuando hablamos del significado de las palabras podríamos hablar del significado AMPLIO y del significado CONCRETO o ESPECÍFICO. Este es uno de los casos en los que ocurre una de estas acepciones. Y, dejadme decir, que ambas son válidas. No obstante, ocurre a veces que cuando miramos solamente el significado amplio, perdemos de vista el significado específico. Otras veces puede ocurrir que nos fijemos solamente en el significado específico y perdamos de vista el concepto amplio de las cosas. Conforme vayamos viendo espero que vayamos entendiendo por qué digo esto.

Significado según el diccionario:

1. tr. Hacer sagrado a alguien o algo.

2. tr. Conferir a alguien o algo fama o preeminencia en determinado ámbito o actividad. Ejemplos: “Aquella novela lo consagró como gran escritor” o “La computadora se ha consagrado como instrumento imprescindible.”

3. tr. Dicho de una autoridad competente: Reconocer o establecer firmemente algo.

4. tr. Dedicar, ofrecer a Dios por culto o voto una persona o cosa. 

5. tr. Dedicar con suma eficacia y ardor algo a un determinado fin. Ejemplos: “Consagrar la vida a la defensa de la verdad” o “Consagrarse al estudio”.

6. intr. Rel. Dicho de un sacerdote católico: Pronunciar en la misa las palabras que operan la transustanciación.

Tomado de la RAE (Real Academia Española de la lengua)

Creo que nos acercamos al significado especialmente según el punto 3 y 4. Esto concretamente es de lo que trata aquí. Siendo coherentes, podemos dividir el pasaje en tres partes que son distintos ámbitos en los cuales Dios expone los principios sobre los que su pueblo debía regirse en cuanto a este tema. Vamos a verlo:

* El patrimonio (vv.14-25) – Esto afectaba tanto a las tierras como a las casas. Y variaba su valor en cuanto al año que tocaba el jubileo que ocurría cada 50 años. Era un evento en el cual se hacía restitución de las tierras o propiedades a sus respectivos herederos en la repartición de la tierra que más tarde haría el caudillo Josué. De ahí que diga lo que dice acerca del valor de las cosas que, lógicamente, no valía tanto si estaba cerca el año del jubileo que si estaba más lejos. Para ampliar esto que es tan importante podéis leer el capítulo 25 donde explica todo esto con todas las implicaciones que esto tiene.

* Los animales y las personas (vv.26-29) – Nos podemos dar cuenta de que empieza con una máxima que Dios mismo instauró tal y como vemos un poco más adelante en Números 3:40-51 y 18:15-16. Esto es crucial para todo lo que se dice aquí. Y, si miramos atentamente las palabras que pone en el versículo 28 “será cosa santísima para Jehová”. Esto nos habla de la importancia que tiene para Dios cuando algo es dedicado a Dios. Y hace una referencia a lo que los teólogos llaman la consagración para destrucción, es decir, cuando Dios ordenaba que cierto pueblo fuese destruido  o cierta persona debía morir no había rescate posible.

* La economía (vv.30-34) – Aquí habla tanto del dinero en efectivo como de las cosechas. Y establece unos principios de rescate que nos da la pista de que esto para Dios es muy importante. Y nos debe de llamar la atención que haga tanto hincapié en tan diversos aspectos.

Fijémonos en el versículo 31 donde dice que lo que se puede ser rescatado tiene que ser rescatado por su precio de valor más una quinta parte de su valor. “Entonces me saldrá más caro”…Eso podría llegar a pensar alguno. Es que esa es la cuestión que Dios quiere destacar y remarcar. En los vv. 32-33 vemos que sube un nivel todavía más alto: se podía intercambiar el animal consagrado pero debía de tener el mismo valor y su razón de ser seguía siendo la misma. La frase final es contundente y lo podríamos resumir de esta manera: NO SE NEGOCIA. Y esto es una conclusión más fuerte de lo que ya tocó en versículos anteriores en cuanto al rescate de las personas. (Vv. 9-10)

Entonces podríamos llegar a pensar como dice Eclesiastés 5:1-2, parece que está diciendo que es mejor estar calladito y no decir nada para no ser prendido en tus palabras, o como dice Proverbios 20:25. El énfasis no es este. Lo que Dios quiere que entendamos es que la consagración o los votos son muy importantes para Él y es por esa razón por la que cuando consagramos algo o alguien ha de ser de una manera consciente, considerada y comprometida. Esta es la importancia que Dios le da a este tema.

Y por los diferentes elementos que Dios pone aquí podemos decir que la consagración de algo o alguien debe ser:

* Para un servicio u objetivo concreto y específico.

* Por un tiempo determinado y pactado o de forma permanente

Para la mejor comprensión de estos conceptos y mejor aplicación para nuestras vidas, creo que es muy positivo que veamos ejemplos prácticos en las mismas Escrituras.

Por ejemplo, en el apartado de las cosas:

* El caso de Acán – Dios había dado unas instrucciones muy claras y específicas sobre las personas y las cosas de la ciudad de Jericó (6:16-19) y este señor al estar sacando las cosas que debían de sacarse para consagrar a Dios vio un manto y oro. Lo codició, lo sustrajo (es decir, pasó por alto las órdenes e instrucciones concretas de Dios) y lo escondió. Esto afectó al pueblo en la siguiente batalla contra la ciudad de Hai. Leamos Josué 7:10-12. Es una advertencia muy seria. 

* El caso de  Bernabé/Ananías y Safira – Aquí hay dos casos que tienen muy diferente resultado. Bernabé vendió una heredad, trajo el precio y lo puso a disposición de los apóstoles para las necesidades de los santos. Lo entregó sin reservas. Ananías hizo lo mismo, pero sustrajo del precio y dio a entender que lo daba todo también. Notemos el detalle de que no hablan de cantidades. Es muy llamativo. El apóstol Pedro, por iluminación del Espíritu Santo, le llama la atención y, podemos notar la similitud con el caso de Acán por su afán por ocultar. No tenían obligación ninguna de dar, pero no actuaron con transparencia. Normalmente se suele explicar que como era el inicio de la Iglesia, Dios actuó así de contundente. ¿No será más bien que sigue vigente el principio de la consagración? ¿No será que muchas personas han estado actuando como Ananías y Safira y esas consecuencias las está sintiendo todo el pueblo de Dios? Selah

En el apartado de las personas:

* El caso de Ana con Samuel – En esta ocasión vemos cómo esta mujer oraba por un hijo y se comprometió con Dios a entregarlo PARA SIEMPRE. Cuando dice “yo lo dedicaré”, literalmente dice “yo lo daré”. Si vemos el contexto en el que Ana entregó a Samuel al sumo sacerdote Elí, un hombre temeroso de Dios pero un padre que no estuvo a la altura de sus obligaciones, es aún más llamativo. Como padres a veces podemos cometer el error de decir que entregamos a Dios a nuestros hijos, pero luego queremos decir a qué los entregamos. Porque ocurre muchas veces que como padres queremos que nuestros hijos lleguen a donde nosotros no hemos podido llegar sin entender que ellos han de tomar sus decisiones por un lado; y por otro lado queremos condicionar a Dios diciéndole en qué queremos consagrar a nuestros hijos. No funciona así. Ana entregó a Samuel sin saber cómo iría nada de su vida, sin condiciones y de forma total. ¿Cómo planteamos la consagración?

* El caso de Jefté con su hija – Este caso es todavía más sorprendente y más cuando pensamos que a Dios no le agradaban los sacrificios humanos como expiación por el pecado al contrario que los dioses de alrededor del pueblo de Israel. Sin embargo, podemos entender un poco cuando consideramos las palabras que hemos leído sobre las personas anatema que no podían ser rescatadas. Es por eso que Jefté (y su hija) tuvieron que cumplir con su palabra porque echarse atrás podía acarrear consecuencias terribles.

* El caso del matrimonio en 1ª Corintios 7:3-5 – Notemos que está hablando de algo específico, por un tiempo determinado y acordado además de con un objetivo concreto. Es también una cuestión práctica y espiritual. Muchas veces la cuestión de la abstinencia es usado como castigo velado a la pareja, pero no para dedicarse a la oración o con un objetivo concreto. En este punto permitidme contaros que escuché el caso de un escritor secular que decía que, cuando tenía una fecha concreta para escribir un libro, hablaba con su mujer precisamente sobre pausar las relaciones sexuales porque se había dado cuenta de que cuando lo acordaban de esta manera era capaz de escribir hasta tres veces más rápido… El punto es que este tipo de consagración o entrega matrimonial ha de ser consensuado, pactado y hablado entre los dos, no de manera unilateral.

Ahora, después de esto que estamos considerando, dejadme compartiros un poco de lo que Dios me mostró y que hizo que me quedase sin dormir una de las noches cuando estaba pensando y meditando para este mensaje que compartí en varias iglesias. Hemos visto que la consagración es algo que se decide, que se aparta de manera especial con un fin concreto y por un tiempo determinado. Se ha de considerar que en muchas ocasiones la Biblia habla de la soberanía de Dios pero más concretamente de que toda la tierra (el continente con su contenido, podríamos decir) es suyo. Están en estos pasajes: Salmo 24:1; 50:12; 89:11; 1ª Corintios 10:26 y 28 donde se enfatiza que a Dios le pertenece toda la tierra por sus derechos como Creador. Por lo cual Dios podía exigir como en la Ley que todos los primogénitos le pertenecían por derecho propio y, sin embargo, proveyó de sustitutos para su rescate. Podemos ver que esto ya se había establecido como principio en la persona de Isaac en el monte Moriah en la relación de Dios con Abraham. Y también sabemos por el libro de Hebreos y otros pasajes de que esto era una sombra o una señal que apuntaba a lo que había de venir, o más bien, QUIEN iba a venir y de qué manera. Así que vamos a ver el caso de Cristo como el consagrado a ver si encaja con todo lo que hemos visto.

El caso de Cristo

* Apartado y dedicado para algo concreto – 1ª Pedro 1:17-21. Nos encontramos con esta maravilla difícil de entender pero que nos lleva a afianzar la fe y la esperanza. No fue algo hecho sin pensar o por un calentón o un parche a una situación que se había descontrolado. NO. Fue algo decidido de manera consciente, concreta y específicamente. Esto es similar a lo que hemos visto de las tierras

* Entregado sin reservas y por un tiempo determinado – No había cláusulas ni condiciones que pudiesen entorpecer la entrega. De manera similar a Ana, Dios entregó a Jesús sin reserva. Juan 3:16. ¿Por cuánto tiempo? Hebreos 7:21 nos lo dice: PARA SIEMPRE. Y esto ya estaba anunciado de antemano en el Salmo 110:4. ¡Cómo hila Dios!

* Cristo no tuvo sustituto – Hemos visto en el v. 33 que había determinados casos en los cuales se podía intercambiar el sujeto pero no el objetivo. Ambos debían de ser cosas sagradas o dedicadas a Dios. Debían de tener las mismas condiciones y características. Debían de tener el mismo objetivo concreto y no podían ser rescatados. Muy curioso todo esto y muy sorprendente cuando consideramos al Señor Jesús en este aspecto. No había sustituto, no había otro que pudiese igualar sus características. De ahí podemos comprender por qué el Señor le habló tan fuerte a Pedro cuando le reconvenía después de que el apóstol declarara: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16).

* Cristo fue hecho anatema o maldición – Esta verdad tan tremenda y profunda, conectado con lo anterior, lo explica el apóstol Pablo en profundidad en la carta a los Gálatas. Es un tema denso que no podemos ahora tratar, pero el aspecto que vemos ahora está en el 3:13-14. También nos encontramos con esta otra afirmación en 2ª Corintios 5:21. Fue hecho pecado o, en otras palabras, maldición o anatema. Esto cobra mucho más sentido y fuerza cuando recordamos en el pasaje base en Levítico el versículo 29. “Indefectiblemente” quiere decir que no hay otro camino posible. No hay rescate. Por eso el Señor le contestó a Pedro de aquella manera; por eso cuando oró en el huerto de Getsemaní en grande angustia no recibió contestación audible (pero sí práctica, un ángel fue enviado para fortalecerle). Al igual que la hija de Jefté, sabía que iba a morir. Por eso, y por la misma razón, es que no se “encontró a ninguno digno de abrir el libro y desatar sus sellos” (Apocalipsis 5) porque no había rescate para el anatema y, por lo tanto, nadie se había ganado el derecho de poder abrir aquel libro. 

Si Dios que es todosuficiente, sin tener necesidad de nada, hizo esto de forma totalmente voluntaria, decidida y concreta; es normal que se ponga muy serio cuando habla de consagración, entre otras cosas porque Él hizo la consagración más grande y por excelencia. Es por eso que en un sentido amplio todos hemos de consagrarnos a Dios porque es algo natural a lo que debería ser movida cada persona. Pero también vemos que Él se pone serio cuando habla de la consagración concreta, específica y determinada en el tiempo, debidamente meditada y de forma voluntaria y consciente. No se debe de hacer a la ligera porque Dios no lo hizo ni se lo tomó a la ligera.

Y, viendo la consagración, la dedicación, la entrega suprema que Dios mismo hizo con Jesucristo, ¿no deberíamos de plantearnos que la consagración es una consecuencia lógica, directa y razonable? 

Llegados a este punto que deberíamos preguntarnos de una manera muy seria la siguiente cuestión que os pongo. Y, dejadme decir que no se trata de acusar a nadie, sino de hacer pensar y llamar a la conciencia de cada cual para que sea el Espíritu Santo el que trate en particular.

¿Qué podemos consagrar a Dios?

  • Nuestro cuerpo – De esto habla Romanos 12:1. Cuando dice que “es vuestro culto racional”, se podría traducir sin hacer violencia al texto “es vuestro culto lógico”. Muchas veces espiritualizamos las cosas dándole una dimensión que nada tiene que ver con algo tan práctico y palpable como es nuestro cuerpo, pero Dios es un Dios que abarca todo. De hecho, uno de los deseos que el apóstol Pablo expresa lo dice abarcando el SER de las personas que han conocido a Dios en 1ª Tesalonicenses 5:23.
  • Nuestro tiempo – Sí, en el contexto AMPLIO que hablábamos al principio, todo nuestro tiempo es dedicado a Dios. De esto habla Colosenses 3:17. Este es el sentido amplio. ¿Has pensado dedicar algún tiempo específico y determinado para Dios de manera consciente, concisa y concreta? Y, sí, podemos pensar en el tiempo devocional (aunque personalmente lo veo como un tiempo de alimentación espiritual) sino algo mucho más específico y concreto. Tal vez sea un tiempo de dedicarte a estudiar y profundizar en las Escrituras, o un tiempo de aprendizaje cerca de personas con experiencia en la obra misionera, o de trabajar con un objetivo concreto…
  • Nuestros hijos – No es solamente presentarlos al Señor, de manera general sino también de una manera específica. ¿Tiene un componente de renuncia? ¡¡Sin lugar a dudas!! Aunque esto sería motivo de otro estudio, esto se mete con nosotros como padres porque nos coloca en una situación que escapa a nuestro control
  • Nuestras capacidades – Me resulta muy llamativo que Jesús en el NT utilice dos parábolas para hablar de lo importante que es para Dios esto. Curiosísimamente sale en el evangelio de Mateo 25:14-30 y también en Lucas 19:11-27 y, concretamente, el pensamiento y contexto es escatológico, es decir, relacionado con los tiempos de la venida de Jesús o la instauración visible del Reino de Dios. Y, mira por dónde, Jesús habla de la responsabilidad personal de la utilización de los dones y talentos que Él nos concede a cada un@. Algo que muchas veces no se toca cuando se habla de la Escatología o se dan estudios sobre la 2ª Venida de Cristo. Se dan conjeturas, se tratan hipótesis, interpretaciones y posturas bíblicas pero no se habla sobre el verdadero énfasis que Dios da justamente cuando trata estas cosas. Y, tal como hemos estado viendo en el tema de la consagración, Dios le da mucha importancia a esto. Dicho en otras palabras: Esto es para tomárselo en serio. ¿Estás usando todas tus capacidades, dones y talentos para gloria de Dios? ¿No hay nada en que puedas enfocarte de una manera más específica y concreta?
  • Nuestro dinero – Dicen que lo último que tarda en convertirse es el bolsillo de un cristiano. Aunque es una frase muy ácida, lo triste es que muchas veces es cierta. Aunque en muchos contextos evangélicos se enfatiza que el tema del diezmo no está puesto como un mandamiento para la iglesia, sí que sale la palabra “ofrenda” que significa “entrega”. Y, dejadme aclarar, que no tengo en mente lo de poner algo en la bolsa de la iglesia local donde te congregues. Esto es un principio y merecería una exposición completa acerca de esto. Estoy hablando relacionado con el tema de la consagración de una manera consciente, concreta y específicamente determinada. Porque, según hemos estado viendo, también se refiere al aspecto económico. ¿Nos hemos planteado de manera seria, consciente y decidida dedicar cierta cantidad de dinero para algo concreto para Dios?
  • Nuestro hogar – Con “hogar” me estoy refiriendo de una manera específica al lugar donde vivimos (casa, piso, habitación, caravana o tienda) y hacemos nuestras comidas, descansos y actividades propias del hogar. Es decir, un lugar de refugio, al que regresamos esperando encontrar refrigerio tanto físico, como mental y espiritual. Es evidente al leer las Escrituras que Dios da una gran importancia al hogar, sea cual sea, y a todo lo que involucra. Si vemos en el AT acerca de la expresión “edificar casa” nos daremos rápidamente cuenta de que no está queriendo decir solamente construir un edificio. Si vemos también en el NT, el mismo Jesús utilizó el hogar de una manera deliberada y habitual a través del cual, en la vida diaria y de manera natural, podía mantener conversaciones donde impartir las enseñanzas que surgían sobre todo a través de preguntas o comentarios de sus discípulos y de las personas que lo rodeaban. Salvo el Sermón de la Montaña, no hay grandes discursos del Maestro. Tenemos muchos ejemplos como la casa de los tres hermanos María, Marta y Lázaro; en casa de Simón el fariseo; en casa de Zaqueo o la misma casa del apóstol Pedro. Esto fue continuado con los apóstoles en el libro de los Hechos y vemos cómo los hogares fueron puntos muy importantes tanto a nivel de evangelización (Cornelio), como de enseñanza-discipulado (Aquila y Priscila) e, incluso, de reuniones de comunidades o iglesias locales dado que el contexto era muy distinto al de hoy. Y, curiosamente, hay una exhortación con una enseñanza muy importante acerca de la hospitalidad. Os voy a dejar dos pasajes solamente, aunque hay más, para que consideréis: Hebreos 13:1-2 y 1ª Pedro 4:9 (curiosamente el apóstol Pedro, quien puso su casa como “base de operaciones” en Capernaum). Este tema sería para tratarlo también de una manera más amplia…
  • ¿? 

Seguramente hay muchos más puntos que poner. Eso lo puedes hacer tú de una manera más privada o concreta. Simplemente me he limitado a poner algunos ejemplos para tu reflexión personal. 

Conociendo el contexto sociocultural, económico, político y religioso de hoy en día,  tan cambiante por otro lado, y con una dirección que apunta a lo ya anunciado por el Señor a través de las Escrituras cobran más importancia las palabras del apóstol Pablo:

“Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen; y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa”

1ª Corintios 7:29-31

Quiera Dios que estas consideraciones que he hecho hacia mí mismo en primer lugar, te hayan servido a ti. Oro de todo corazón de que todas las personas que lean estas líneas, sean edificadas y usadas por Dios hasta la próxima venida de Cristo.

Un gran abrazo en Cristo

El Olvidado

«Mas el Consolador, el Espíritu Santo….»

Juan 14:26

Al ignorar o negar la deidad de Cristo, los liberales han cometido un trágico error, porque no les deja nada más que un Cristo imperfecto cuya muerte fue un simple martirio y cuya resurrección es un mito. Los que siguen a un mero Salvador humano no siguen a ningún Salvador real, sino solo a un ideal, y además uno que no puede hacer nada más que burlarse de las debilidades y de los pecados de quienes les siguen. Si el hijo de María no era el Hijo de Dios en un sentido en qu eno lo es ningún otro hombre, la raza humana ya no puede tener esperanza. Si aquel que se llamó «la luz del mundo» no fue más que una antorcha vacilante, la oscuridad que rodea el mundo ha llegado para quedarse. Los llamados líderes cristianos se encogen de hombros, pero su responsabilidad hacia las almas de su grey no se puede eliminar con un mero encogimiento. Dios les pasará cuentas por el daño que han hecho a las personas sencillas que confiaron en ellos como guías espirituales.

Sin embargo, por muy culpable que sea el acto de los liberales cuando niegan la deidad de Cristo, nosotros, que nos enorgullecemos de nuestra ortodoxia, no debemos permitir que nuestra indignación nos imida ver nuestros propios errores. Sin duda no vivimos en un momento en que podamos felicitarnos, porque también nosotros, en los últimos años, hemos cometido un costoso error en la religión, un error equiparable estrechamente al de los liberales. Nuestro error (o podemos ser sinceros y llamarle «pecado»?)ha sido descuidar la la doctrina del Espíritu hasta un punto en que prácticamente le negamos su lugar en la Trinidad. Esta negación no se ha plasmado en una afirmación doctrinal abierta, porque en lo relativo a nuestros dogmas de fe nos hemos aferrado con bastante fuerza a la postura bíbica. Nuestro credo formal es sólido; el problema radica en nuestro credo práctico.

No es una distinción sin importancia. Una doctrina solo tiene valor práctico siempre que sea prominente en nuestro pensamiento y suponga una diferencia en nuestras vidas. Según este baremo, la doctrina del Espíritu Santo tal como la sostienen hoy en día los cristianos evangélicos casi no tiene valor práctico. En la mayoría de iglesias cristianas, el Espíritu apenas se tiene en cuenta. No supone ninguna diferencia real si está presente o ausente. Se hace una referencia breve a Él en la Doxología y en la Bendición. Aparte de eso, es como si no existiera. Le ignoramos hasta tal punto que si nos llamamos trinitarios, es solo por educación. La doctrina cristiana de la Trinidad afirma osadamente la igualdad de las tres Personas y el derecho que tiene el Espíritu Santo a ser adorado y glorificado. Todo lo que no esté a esa altura no es trinitarismo.

Nuestro descuido de la doctrina de la bendita tercera Persona ha tenido y tiene consecuencias graves. Y es que la doctrina es como dinamita; antes de liberar su poder debe tener el énfasis suficientemente agudo como para detonarla. Si no es así,puede aguardar en silencio en un rincón de nuestras mentes durante toda nuestra vida, sin producir efecto alguno. La doctrina del Espíritu es dinamita enterrada. Su poder espera que la Iglesia lo descubra y lo utilice. El poder del Espíritu no se concederá a la aceptación cursi de una verdad pneumatológica. Al Espíritu Santo no le importa en absoluto si le incluimos en nuestro credo al final de nuestros himnarios; espera nuestro énfasis. Cuando se introduzca en el pensamiento de los maestros, llegará a las expectativas de los oyentes. Cuando el Espíritu Santo deje de ser secundario y vuelva a ser fundamental, el pueblo que se llama «cristiano» volverá a afirmar su poder.

El concepto del Espíritu sostenido por el miembro medio de cualquier iglesia es tan difuso que prácticamente no existe. Cuando piensa en el tema, es probable que intente imaginar una sustancia nebulosa, como una nubecilla de humo invisible que, se nos dice, está presente en las iglesias y se cierne sobre las buenas personas cuando se están muriendo. Francamente, alguna de esas personas o cree nada de eso, pero quiere creer en algo y, como no se ve a la altura de la tarea que supone examinar toda la verdad a la luz de las Escrituras, llega a un acuerdo aceptando la creencia en el Espíritu en un lugar tan distante del centro de su vida como sea posible, sin permitir que suponga diferencia alguna para nada de lo que afecte en el terreno práctico. Esto describe a un número sorprendentemente alto de personas sinceras que procuran de corazón ser cristianos.

Ahora bien, ¿cómo hemos de pensar en el Espíritu? Una respuesta completa exigiría una docena de tomos. Como mucho, solo podemos señalar a la «unción de la gracia celestial», y esperar que el propio deseo del lector proporcione el estímulo necesario para inducirle a conocer a la bendita tercera Persona por sí mismo.

Si entiendo correctamente el registro de la experiencia cristiana a través de los años, quienes disfrutaron en mayor medida del poder del Espíritu son quienes menos tuvieron que decir de Él mediante una definición formal. el santo bíblico que caminaba en el Espíritu nunca intentó explicarlo. En las épocas postbíblicas, muchos que fueron llenos del Espíritu y dominados por Él no pudieron, debido a las limitaciones de su talento literario, decirnos mucho sobre su Persona. No tenían el don del autoanálisis, sino que vivieron con una sencillez arente de crítica. Para ellos, el Espíritu, era alguien a quien amar y con quien tener comunión, como se tiene con el propio Señor Jesús. Se habrían perdido completamente en cualquier debate metafísico sobre la naturaleza del Espíritu, pero no tuvieron ningún problema para reclamar el poder del Espíritu para llevar una vida santa y tener un servicio fructífero.

Esto es como debería ser. En la vida real, la experiencia personal debe ser siempre lo primero. Lo más importante es que experimentemos la realidad usando el método más corto y directo. Un niño puede tomar alimentos nutritivos sin saber nada de química ni de dietética. Un muchacho campesino puede disfrutar el deleite del amor puro sin haber oído hablar en su vida de Sigmun Freud o de Havelock Ellis. El conocimiento es por descripción, y el primero no presupone el segundo ni lo exige.

En el entorno de la religión, más que en cualquier otro campo de la experiencia humana, debemos hacer siempre una distinción clara entre saber sobre y conocer. La distinción es la misma que hay entre saber cosas sobre los alimentos o comerlos. Un hombre puede saberlo todo sobre el pan y aún así morirse de hambre, y un hombre puede estar espiritualmente muerto aunque conozca todos los datos históricos sobre el cristianismo. «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios veerdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado» (Juan 17:3). Solo tenemos que modificar un verbo de este versículo para entender la enorme diferencia que existe entre saber sobre algo y conocer algo. «Y esta es la vida eterna: que sepan de ti, el único Dios verdadero, y de Jesucristo, a quien has enviado». Esta simple modificación marca la gran diferencia entre la vida y la muerte, porque llega hasta la misma raíz del versículo y altera su teología de una forma tan radical como vital.

A pesar de eso, no queremos subestimar la importancia que tiene saber cosas sobre algo. Su valor radica en su capacidad de provocarnos el deseo de conocerlo por propia experiencia. Así, el conocimiento por descripción puede llevar al conocimiento por experiencia. Digo que puede llevar, pero no necesariamente. Es decir, no nos atrevamos a llegar a la conclusión de que, por el mero hecho de aprender cosas sobre el Espíritu, lo conocemos. El conocimiento del Espíritu solo llega cuando tenemos un encuentro personal con el propio Espíritu Santo.

¿Qué podemos pensar del Espíritu? La propia palabra espíritu nos dice muchas cosas. «Espíritu» significa un ser que existe en un nivel superior a la materia y más allá de la misma; supone una vida que se sustenta en otro plano. Un espíritu es una sustancia que no tiene peso, ni dimensión, ni tamaño, ni extensión en el espacio. Estas cualidades pertenecen a la materia, y no son aplicables al espíritu. Sin embargo, el espíritu tiene un ser auténtico y es objetivamente real. Si te cuesta imaginar esto, puedes pasarlo por alto, porque en el fondo no es más que un pobre intento de la mente por entender lo que escapa a su capacidad. Y no pasa nada si al pensar en el Espíritu nos vemos atrapados por las limitaciones de nuestro intelecto para revestirle con las imágenes familiares de las formas materiales.

¿Qué podemos pensar del Espíritu? La Biblia y la teología cristiana están de acuerdo en que es una Persona, dotada de todos los rasgos de la personalidad, como emociones, intelecto y voluntad. Sabe, desea, ama; siente afecto, antipatía y compasión. Piensa, ve, escucha, habla y realiza cualquier acto del que es capaz la personalidad.

Una de las cualidades del Espíritu Santo, que tiene un gran interés y una enorme importancia para todos los corazones que le buscan, es la penetrabilidad. Puede penetrar en la materia, como el cuerpo humano; puede penetrar en la mente; puede penetrar en otro espíritu como es el humano. Puede realizar una compenetración perfecta con el espíritu humano y relacionarse con él. Puede invadir el corazón humano y hacer espacio para sí mismo sin expulsar nada que sea esencialmente humano. La integridad de la personalidad humana queda intacta. Lo único que se ve obligado a retirarse es el mal moral.

El poblema metafísico que esto conlleva no se puede ni eludir ni resolver. ¿Cómo puede entrar una personalidad en otra? La respuesta sincera sería admitir simplemente, que no lo sabemos, pero un enfoque aproximado para comprenderlo puede ser una sencilla analogía que tomamos prestada de los escritores de antiguos devocionales de hace cientos de años. Ponemos un trozo de hierro en el fuego y avivamos los rescoldos. Al principio tenemos dos sustancias diferentes, hierro y fuego. Cuando insertamos el hierro en el fuego, este penetra en las llamas. Pronto el fuego empieza a penetrar en el hierro, y no solo tenemos el hierro en el fuego sino también el fuego en el hierro. Son dos sustancias distintas, pero se han mezclado y compenetrado hasta tal punto que ambas se vuelven una sola.

De una manera parecida, el Esíritu Santo penetra en nuestros espíritus. Durante toda la experiencia seguimos siendo quienes somos; no se produce la destrucción de nuestra sustancia. Ambos participantes siguen siendo entes separados, como antes; la diferencia es que ahora el Espíritu penetra en nuestra personalidad, llenándola, y mediante la experiencia somos uno con Dios.

¿Qué podemos pensar del Espíritu Santo? La Biblia declara que es Dios.Se le atribuye libremente todo rasgo propio del Todopoderoso. Dice que el Espíritu es todo lo que es Dios. El Espíritu de Dios es uno con Dios e igual a Él, de la misma manera que el espíritu del hombre es igual a él y uno con él. Esta verdad se enseña en las Escrituras tantas veces que, sin perjuicio para el argumento, podemos omitir la formalidad de los pasajes de prueba. Incluso la lectura más superficial nos revelará esto.

La Iglesia histoórica, cuando formuló su «norma de fe», incluyó osadamente en su confesión la creencia en la deidad del Espíritu Santo. El Credo de los Apóstoles da testimonio de la fe en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y no hace diferencias entre ellos. Los padres que redactaron el Credo de Nicea testificaron, en un pasaje de gran belleza de su fe, en la deidad del Espíritu Santo:

Y creo en el Espíritu Santo,
Señor y Dador de vida,
procedente del Padre y del Hijo,
el cual, con el Padre y el Hijo,
juntamente es adorado y glorificado.

La controversia arriana del siglo IV obligó a los padres de la Iglesia a afirmar sus creencias con mayor claridad que antes. Entre los escritos importantes que aparecieron en esa época se encuentra el Credo de Atanasio. Para nosotros no tiene mucha importancia quién lo escribió. Fue redactado como un intento de establecer, en tan pocas palabras como fuera posible, qué enseña la biblia sobre la naturaleza de Dios; y lo hace con una amplitud y una precisión que no encuentra muchos equivalentes en la literatura del mundo. Veamos unas pocas citas relativas a la deidad del Espíritu Santo:

«Porque una es la persona del Padre y el Hijo, y otra (también) la del Espíritu Santo; pero el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo tienen una sola divinidad, gloria igual y coeterna majestad… Y en esta Trinidad, nada es antes ni después, nada mayor o menor, sino que las tres personas son entre sí coeternas y coiguales, de tal manera que, como antes se ha dicho, en todo hay que venerar lo mismo la unidad de la Trinidad que la Trinidad en la unidad»

En su himnología sacra, la Iglesia ha admitido libremente la deidad del Espíritu, y en sus cánticos inspirados le ha adorado con una intensidad gozosa. Algunos de nuestros himnos sobre el Espíritu se han vuelto tan familiares que tendemos a pasar por alto su verdadero significado, debido precisamente a esta familiaridad. Uno de esos himnos es «Santo Esíritu con luz divina»; otro es el más reciente «Ven sobre mí, aliento de Dios»; y hay muchos otros. Lo han cantado con tanta frecuencia personas que no han tenido un conocimiento experiencial de su contenido que, para la mayoría de nosotros, se han vuelto casi frases sin sentido.

En las obras poéticas de Frederick Faber he encontrado un himno dedicado al Espíritu Santo que yo considero digno de figurar entre los mejores jamás escritos pero, por lo que sé hasta ahora, no se lo ha adaptado a ninguna melodía, o si se ha hecho, no se canta en ninguna de las iglesias que conozco. ¿Podría deberse a que encarna una experiencia personal del Espíritu Santo tan profunda, tan íntima, tan ardiente, que no encuentra eco en los corazones de los adoradores del movimiento evangélico moderno? Voy a citar tres estrofas:

¡Fuente de amor! ¡Dios verdadero!
¡Quien a través de las eras
de Padre y de Hijo ha fluido
de manera increada!

¡Te temo, amor no engendrado!
¡Dios verdadero, única Fuente de gracia!
Y ahora, ante tu trono bendito,
Mi "yo" pecador humillo

¡Oh, luz! ¡Oh, amor! ¡Oh, Dios mío!
Contemplar ya no me atrevo
tus sublimes atributos
y de tu vida el misterio

Estos versos tienen todo lo necesario para ser un gran himno: una teología sólida, una estructura rimada, una belleza lírica, la comprensión elevada de ideas profundas y una carga completa de sentimiento religioso. Sin embargo, nadie los recuerda. Creo que un resurgimiento poderoso del poder del Espíritu entre nosotros abrirá los pozos de la himnología que hace mucho se olvidaron. Y es que el cántico nunca puede traer al Espíritu Santo, pero el Espíritu Santo invariablemente trae el cántico.

Lo que tenemos en la doctrina cristiana del Espíritu Santo es la deidad presente entre nosotros. No es solo el mensajero de Dios; es Dios. Es Dios en contacto con sus criaturas, haciendo una obra salvadora y renovadora en ellas y entre ellas.

Para la pregunta reverente «¿Cómo es Dios?», la respuesta correcta será: «Es como Cristo». Porque Cristo es Dios, y el Hombre que caminó entre los hombres en Palestina era Dios que actuaba como Él mismo en aquella circunstancia familiar en la que le puso su encarnación. Para la pregunta «¿Cómo es el Espíritu?», la respuesta siempre debe ser: «Es como Cristo». Porque el Espíritu es la esencia del Padre y del Hijo. Él es como ellos son. Lo que sentimos por Cristo y por nuestro Padre que está en los cielos es lo mismo que debemos sentir por el Espíritu del Padre y del Hijo.

El Espíritu Santo es el Espíritu de vida, de luz y de amor. Por su naturaleza increada es un océano ilimitado de fuego, que fluye, que siempre está en movimiento, que obra mientras cumple los propoósitos eternos de Dios. Hacia la naturaleza realiza un tipo de obra, hace el mundo otro y hacia la Iglesia otro distinto. Y cada uno de sus actos encaja con la voluntad del Dios trino. Nunca actúa por impulso, nunca lo hace tras tomar una decisión rápida o arbitraria. Dado que el Espíritu del Padre, siente exactamente lo mismo que este por su pueblo, de modo que por nuestra parte no debemos sentir ninguna extrañeza en su presencia. Siempre actuará como Jesús: hacia los pecadores con compasión, hacia los santos con un afecto cálido, hacia el sufrimiento humano con la piedad y el amor más tiernos.

Es hora de que nos arrepintamos, porque nuestras transgresiones contra la bendita tercera Persona han sido muchas y graves. Le hemos maltratado amargamente en la casa de sus amigos. Le hemos crucificado en su propio templo, como crucificaron al Hijo eterno en la colina sobre Jerusalén. Y los clavos que usamos no fueron de hierro, sino de esa materia más sutil y preciosa con la que se hace la vida humana. De nuestros corazones extrajimos los materiales refinados de la voluntad, el sentimiento y el pensamiento, y con ellos forjamos los clavos de la sospecha, la rebelión y el olvido. Durante días y días sin fin le entristecimos y le apagamos mediante nuestros pensamientos indignos y nuestra actitud hostil hacia Él.

El arrepentimiento más verdadero y aceptable consiste en invertir los actos y las actitudes de los que nos arrepentimos. Pasar mil años con remordimientos por un acto no complacerá tanto a Dios como un cambio de conducta y una vida reformada. «Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar» (Isaías 55:7).

La mejor manera de arrepentirnos de nuestra negligencia es dejar de pasarle por alto. Empecemos a pensar en el Espíritu Santo como alguien a quien hay que adorar y obedecer. Abramos todas las puertas e invitémosle a entrar. Entreguemos a Él todas las habitaciones del templo de nuestras corazones, e insistamos en que entre y ocupe su lugar como Señor y Dueño de su propia casa. Y recordemos que se siente tan atraído por el dulce nombre de Jesús como las abejas por el aroma que desprende el trébol. Se moverá libremente, complacido y sintiéndose como en casa en todos los lugares en que se glorifique a Cristo.

A.W. Tozer (1897-1963) empezó su búsqueda incesante de Dios a la edad de 17 años, después de escuchar las palabras de un predicador en una calle de Akron, Ohio. Tozer fue pastor, escritor y editor autodidacta, y sus mensajes poderosos siguen conmoviendo hoy los corazones y despertando las almas de los creyentes. Fue autor de más de 40 libros, entre ellos Diseñados para adorar, Fe auténtica, Fe más allá de la razón y La verdadera vida cristiana.

Navidad con lágrimas…

Un año más se acercan estas fechas señaladas en el calendario por muchos como algo especial. Tal vez sean especiales debido a todas las circunstancias están ocurriendo a nuestro alrededor con los virus que infunden miedo y que, curiosamente, sufren repuntes antes, durante y después de fechas señaladas como cristianas… Da que pensar.

También son las fechas en las cuales hay una batalla entre los detractores de la Navidad y los defensores a ultranza de ella. Creo que no es necesario exponer los argumentos de uno y otro lado porque, entre otras cosas, no es el propósito de este artículo. Me apena que este debate encarnizado con ridiculizaciones por una parte y con acusaciones por la otra manifieste de una manera evidente el poco respeto, entendimiento y el cinismo ácido que puede emanar del ser humano. Y eso en ambientes tanto seculares como en contextos cristianos. Triste, muy triste. Cada año lo mismo….

Tal vez sea porque estoy influenciado porque mi mujer y yo estamos viendo una serie multigeneracional que nos hace a los dos estallar en carcajadas y derramar lágrimas sin poder contenernos por más que nos esforcemos en permanecer impertérritos para hacernos los fuertes enfrente del otro…. ¡Misión imposible! Lo cierto es que vemos el drama de la enfermedad de una de las protagonistas con lo que puede llegar a afectar al resto de la familia. Las luchas, los pensamientos, los cambios de humor, las dudas, el miedo, la incertidumbre y el dolor es retratado magistralmente por los actores siguiendo la pluma de los guionistas. Todo esto me ha llevado a pensar en muchas personas que afrontan estas fechas, para unos tan señaladas y de alegría, con el peso de una enfermedad o con el dolor por haber perdido a alguien cercano precisamente durante estos d´´ias… Si estás leyendo esto y empiezas a tener los ojos húmedos de las lágrimas, por favor, sigue leyendo.

Dejando a un lado la cuestión de la vanidad de las fiestas, la hipocresía de felicitar a las personas como un mero formalismo (tal vez hasta sintiendo antipatía) o el origen (pagano o no) de esta celebración, lo cierto es que me da la sensación de que perdemos el tiempo en cosas accesorias sin considerar que lo cierto es que Jesús nació en un pueblecito de Oriente Medio llamado Belén. Esto es un hecho histórico. Es algo que cambió el curso de la Historia de la Humanidad, pienses lo que pienses acerca de ello. Ninguna otra persona ha tenido tanta influencia. Y, creo que estarás de acuerdo conmigo, de que al menos merece algún tipo de consideración.

Todas las circunstancias que rodean al nacimiento de Jesús son extraordinarias. No por eso tiene menos respaldo histórico. La fecha exacta de su nacimiento es una cuestión que no se conoce con exactitud, esa es la verdad. Se pueden hacer conjeturas, pero asegurar una fecha, es imposible. Y, personalmente, creo que eso es precisamente porque no es lo verdaderamente importante. Para nada. Lo verdaderamente importante es que Jesús nació. Eso es lo importante. Además de que esto estaba anunciado muchos años antes por diferentes personas con una precisión inaudita.

No obstante, saber la fecha de nacimiento de alguien no es lo significativo. Lo que lo vuelve significativo es lo que hace esa persona cuando crece, se desarrolla y su vida influencia a la comunidad humana. Esto mismo sucede con Jesús. También fue extraordinaria la forma en que vivió, la forma en que comunicó y trató con quienes le rodeaban donde sobresale una profunda compasión por las personas que sufrían y tenían dolor, enfermedad, miedo e incomprensión. Él estaba cercano donde otros ponían distancia. Él amaba a quienes otros odiaban. Él reprendía con amor firme para conducir a las personas a algo anunciado por los mismos ángeles a los pastores: «en la tierra paz, buena voluntad de Dios para con los hombres»… ¡¡Algo sin precedentes!! Y eso fue mostrado de una manera tan extrema que incluso podemos verlo cuando muere en la cruz con los brazos extendidos como si quisiera abrazar a la humanidad… ¡¡Asombroso!!

Así que, ya sea que celebres o no la Navidad; ya sea que tengas profeses algún tipo de religión o no; ya sea que estés con una salud pletórica o tal vez pasando por una enfermedad; ya sea que tengas a todos tus familiares bien o que hayas perdido a algún ser querido, déjame decirte que Jesús vino a este mundo en estas circunstancias extraordinarias no para que se regalaran postales entrañables o que se pusieran luces de colores o que escucháramos música angelical. Todo esto está muy bien, pero no es el motivo. El motivo es que Jesús vino para manifestar la paz, la buena voluntad de Dios para con el ser humano de manera general y genérica. Más concretamente para hacerte llegar la paz y la buena voluntad de Dios a ti. Esto es algo tan increíble como cierto. Jesús quiere impactar tu vida como sólo Él sabe hacerlo. Para eso vino. Esto es el verdadero sentido de la Navidad.

Pd- Si quieres hablar de tus circunstancias, de estas y otras muchas cosas de manera más personal, te animo a que entres en contacto a través de las diferentes plataformas sociales, correo electrónico o contacto. ¡Dios te bendiga!

¿Cuál es el ministerio más difícil?

Algunos de vosotros os habéis sentido preguntados por un servidor con la pregunta que está puesta como título. Os agradezco a todos los que habéis querido contestar y participar de vuestras respuestas, inquietudes y pensamientos. ¡Es algo estimulante!

No obstante, permitidme presentaros cuál es mi opinión y respuesta personal a esta pregunta con su debida argumentación…. Os adelanto que no pretendo tener la razón ni dar lecciones a nadie en cuanto a esto. Simplemente es una percepción personal basado en la observación de las Escrituras, de diferentes experiencias por parte de otros hermanos y propias….

Personalmente pienso que el ministerio más difícil, complicado de ejercer y con una carga que muchas veces trasciende la realidad personal de quien lo ejerce es el de profeta con el don de profecia. Y, sí, ya sé que en seguida saldrán hermanos y hermanas muy celosos de las Escrituras que me dirán que el don de profecía ya ha pasado como tal y me ofrecerán las dos perspectivas bíblicas como son la del Estado Eterno y la del Canon Completado para reforzar este argumento. Aclaro que no es mi propósito discutir estas dos posturas en este espacio, sino que el propósito es otro bien diferente.

Si hacemos un recorrido fácil por la Biblia vemos que los profetas estuvieron desde muy temprano porque lo que hacían era comunicar la palabra de Dios. Eso implicaba que muchas veces anunciaban cosas que iban a suceder en un futuro más o menos inmediato, pero también implicaba escuchar a Dios para comunicar un mensaje concreto a una persona o grupo de personas que se acercaban a consultar a Dios. De hecho tenemos el mismo ejemplo de Moisés al que el pueblo pidió que escuchara la voz de Dios directamente y que luego se lo comunicara al pueblo. Esto se encuentra en Éxodo 20:18-20. Y por esa misma razón es a través de Moisés que Dios establece la base para distinguir a un profeta que habla de parte de Dios y a un profeta que habla de palabra propia. Esto lo puedes leer aquí.

Pero no solamente anunciaban cosas del futuro, sino también eran un instrumento en las manos de Dios que muchas veces lo que hacían era decir y exponer al pueblo y también a los que estaban en autoridad, tanto a nivel religioso como político, de las cosas que no se hacían bien o cómo se debían de conducir las personas con un llamado constante a situar a Dios en su debido lugar, importancia y consideración.

¿A quién exponían estos mensajes los profetas? Pues la verdad es que vemos una variedad de destinatarios:

  • Reyes (tanto judíos como gentiles)
  • Sacerdotes y guías espirituales
  • Todo el pueblo de Dios, tanto del reino del Norte como del reino de Judá
  • Naciones vecinas
  • Personas individuales de distintos contextos.

Todo esto generaba una serie de situaciones que normalmente no era plato de gusto para los mismos profetas porque les acarreaba una serie de dificultades tanto a nivel personal, como a nivel familiar y en medio de sus respectivas comunidades. No hay más que leer lo que dejó escrito el profeta Jeremías de todo lo que le suponía a nivel personal con unas luchas tremendas.

Cuando llegamos al Nuevo Testamento, después de todo un capítulo donde el apóstol Pablo está tratando cosas muy importantes que afectan a la vida eclesial habla sobre este tema donde hay tanto debate como es el tema de los dones espirituales, llegamos al 1ª Corintios 14;1 «Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis«. ¿No resulta sorprendente? Era el anhelo del apóstol para los hermanos en Corinto y estoy convencido de que sería su anhelo para el día de hoy.

Sin embargo, al igual que en los días de los profetas, este tipo de ministerio (que esa palabra significa «servir bajo la autoridad de otro») no es muy tenido en cuenta ni mucho menos valorado y también pocos lo hacen con la excelencia que debería de caracterizar a alguien que realiza tal labor según los cánones de las Escrituras. Vuelvo a decir que el sentido más amplio de la figura de un profeta o de alguien que profetiza es que da un mensaje de Dios a una persona, a un grupo de personas o a una nación. La diferencia entre los profetas de hoy en día y los de antaño es que los que nos encontramos en la era actual tenemos el privilegio de la revelación escrita de la Palabra de Dios. Los profetas bíblicos no tenían esta revelación escrita, por lo que Dios transmitía mensajes directamente a una persona para que fuese esa persona la portadora del mensaje. De eso nos atestigua el comienzo de la epístola a los Hebreos cuando dice: «Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo» (1:1-2). Hay como un cambio grande aquí que nos anuncia un cierre de una etapa muy importante de la Historia donde Dios hablaba directamente con el ser humano de «muchas maneras».

Ahora, ¿eso quiere decir que Dios no puede hablar directamente con una persona para mostrarle algo o darle un mensaje para sí mismo, para otra persona o para un grupo de personas determinado? Personalmente no sería tan atrevido de limitar a Dios en este sentido. Todo lo contrario. Creo personalmente que esto es más necesario que nunca. Lo que ocurre es que muchas veces tenemos el concepto de que el ministerio profético debe de ser un tanto sensacionalista al anunciar cosas un tanto espectaculares o novedosas. No es esto lo que observo. O al menos no sólo es esto. Vamos a resumir un poco con unos puntos a ver si podemos hacernos una idea más clara

  • Tiene un mensaje para comunicar a una persona, a un grupo o a una nación
  • Se atreve a decir cosas que otras personas callan, tal vez porque temen las consecuencias. El profeta también las teme, pero es el mismo Dios el que lo impulsa
  • A consecuencia de lo anterior, generalmente esto provoca una lucha interna muy fuerte
  • Los mensajes generalmente son un llamado o un clamor a volverse a Dios, a retomar la senda correcta o a tomar cierta dirección.

Es por todo lo anterior que digo que me parece el ministerio más difícil porque involucra hablar, señalar y saber de antemano que muchas veces eso traerá problemas, dolor, desprecios y reacciones que no gustan. A nadie le gusta esto.

Ahora bien y, como conclusión, hemos de tener en cuenta de que hoy en día tenemos revelación escrita (la Biblia, la Palabra de Dios) y cualquier profeta debe de tener en cuenta de que ninguna «profecía» o mensaje debe contradecir el mensaje escritural de la Biblia. Esa era una advertencia común de los apóstoles….

Espero vuestros comentarios y opiniones. ¡Dios os bendiga!