A continuación os comparto un artículo de un hermano que me ha hecho bien:

«Enójense si quieren, pero: LA PREDICACIÓN NO ES EL MOMENTO MÁS IMPORTANTE DEL CULTO.

La liturgia del culto tiene diversos elementos, y la misma Palabra no afirma que la exposición bíblica sea el momento “más importante”. Cada uno de los pasos que se dan desde que se abren las puertas de la iglesia —cuando las personas llegan, oran, comienza el servicio, se canta, participan los distintos grupos o hermanos, se levantan las ofrendas, se da la predicación y finalmente llegan los avisos y el cierre— son tan importantes como la entrega del sermón.

Una iglesia que hace girar toda su liturgia únicamente en torno a la exposición bíblica corre el riesgo de caer en un racionalismo que delimita el aspecto experiencial, dinámico y sensorial del culto. De la misma forma, una iglesia que solo se centra en las canciones o en la oración puede terminar siendo muy espiritual, pero sin bases sólidas. Y si una iglesia pone como centro únicamente los sacramentos, tendremos una iglesia ritualista.

Todos los elementos son importantes en el culto cristiano.

Ahora bien, hay uno que sobresale: Jesús. La manera en que oramos, cantamos, ofrendamos, seguimos las ordenanzas y predicamos la Palabra bajo un contexto cristocéntrico es lo que hace que cada uno de esos elementos sea importante. Pero ninguno es “el más” importante. En las Escrituras no hay elementos nobles y otros de menor categoría; se presentan diversos elementos bajo un mismo propósito: la edificación.

Todo lo que trae edificación en Cristo es lo que da valor a cada aspecto cúltico en una sola acción: rendir culto. Por eso tenemos personas que van temprano para orar y se retiran cuando inicia el servicio; otros llegan cuando comienzan las alabanzas y se van en el momento de la predicación; y otros aparecen solamente cuando saben que comenzará el sermón según el horario. Así terminamos construyendo una falsa dicotomía y un culto fragmentado según la importancia que cada uno le atribuye a ciertos momentos.

Pero la edificación incluye la comunión de todos en cada uno de los elementos del culto. El principio cristocéntrico atraviesa todos ellos por medio del Espíritu Santo para darle toda la gloria al Padre. Sin embargo, cuando establecemos jerarquías rígidas, nuestra responsabilidad, sensibilidad y respeto hacia cada elemento se refleja en la forma en que participamos y prestamos atención. Por eso muchas veces hay más énfasis en cuidar quién sube a predicar que quién canta, ora o sirve, porque para muchos esas tareas son consideradas de menor importancia.

Lo que vemos en muchos contextos es un intento de sacralizar el momento del sermón y sacerdotalizar la figura del predicador. El que da el sermón pasa a ser el único centro del culto y su mensaje —aunque esté basado en la Palabra— es tratado como el acontecimiento supremo del servicio, cuando en realidad el centro debería ser Cristo.

Porque la Palabra es proclamada desde el inicio del culto: cuando se ora, cuando se canta, cuando se participa, cuando se celebra la Cena del Señor, cuando se predica y aun en el cierre, en comunión unos con otros.

Esto no significa que el sermón o la exposición bíblica no sean importantes. Lo son. Pero no son la única forma en que la Palabra es proclamada. Y no es el momento «más» importante del culto.»

Autor: Eliseo Jeremías Enrique

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