
Esta semana que parece que ha sido caracterizada por las despedidas, en esta ocasión hemos tenido que despedirnos del hermano Barrie Summers.



Barrie era un tipo peculiar. Británico, serio, con su puntito de humor típico de allí y su presencia que era discreta pero a la vez se hacía notar.
La primera vez que vi a Barrie, junto con Mary, fue hace ya 21 años en un viaje que hicimos para que mis padres pudiesen conocer a los padres de Loida. Ese fue nuestro primer contacto.
Paulatinamente con el paso de los años, nuestras interactuaciones eran breves por causa del idioma (apenas pronunciaba palabra de español) y este hecho me hacía desear tener el don de lenguas para poder interactuar de una forma más directa. A día de hoy me sigue ocurriendo lo mismo… Pero no es de mí de quien estamos hablando. Una cosa que siempre admiré de él era que, en las reuniones entre semana de estudio bíblico, cuando se hacía la lectura del pasaje base, al ser pocos, se leía un versículo cada uno y él era capaz de leer en español (en voz alta) en su Biblia bilingüe… ¡Uau! No sería capaz de hacer lo mismo en su idioma…
Barrie era un tipo peculiar con un físico que muchos deseábamos tener a su edad. No eran pocas veces que lo veíamos caminando por el vial en dirección a Montmeló o al revés. Lo que más me sorprendió fue saber que era capaz de ir andando a Badalona y volver… ¡Increíble! La verdad es que era fascinante esa capacidad. Ahí se me escapaba la frase que Mary traducía: «De mayor quiero ser como tú»… Y sonreía.
Como persona que hacía de la disciplina una virtud, en varios años que se quiso evangelizar como iglesia la localidad donde está el punto de reunión, Montornés del Vallés, él se ofreció a realizar el reparto de folletos ¡sólo! ¿Cómo lo hacía sin hablar español? No lo sé, aunque lo cierto es que lo hacía y, por supuesto, todo a pie. Era metódico, disciplinado y esto lo hizo por varios años de forma fiel y constante.
Barrie fue una persona que, las veces que le escuché predicar en el púlpito (con traducción simultánea, claro), su exponer era profundo, serio y con palabras muy cultas que encerraban mucho significado en pocas frases. Agradecía la lectura (cuando pedía que se leyese algún pasaje para que el mensaje fuese más ágil) que la entonación, pronunciación y vocalización fuesen adecuadas al pasaje en cuestión. En eso mostraba sensibilidad a pesar de la barrera del idioma.
El parón que supuso el Covid de la vida normal y metódica que llevaba con el cierre del gimnasio y no poder salir, fue demasiado para él. No volvió a ser el mismo. Eso supuso una sobrecarga para Mary, su mujer. Precisamente por ser peculiar, su cuidado y atención supuso muchos retos a diario.
Loida y un servidor pudimos verle aproximadamente unos días antes de partir. Aparentemente seguía como siempre, solamente un poco más delgado, aunque en ese momento ambos tuvimos la misma impresión: No le quedaba mucho tiempo…
Lo cierto es que 5 días después recibimos la noticia de que partía… Muy triste para los que quedamos aquí, pero pensando en él mucho mejor. ¿Sabes por qué? He de citar la Biblia porque es la razón de más peso para poder explicar un poco. Te invito a leer conmigo el Salmo 23. Te lo transcribo completo:
«1 Jehová es mi pastor; nada me faltará.
2 En lugares de delicados pastos me hará descansar;
Junto a aguas de reposo me pastoreará.
3 Confortará mi alma;
Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.
4 Aunque ande en valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;
Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
5 Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores;
Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.
6 Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida,
Y en la casa de Jehová moraré por largos días.»
Este Salmo daría para mucho, pero en lo que quiero que medites y te pares a pensar es cómo el Salmista piensa en Dios como su Pastor. Viniendo de alguien como el rey David que conocía ese oficio de primera mano tiene muchísimo significado. Al igual que muchos años más tarde alguien pronunció estas palabras: «Yo soy el Buen Pastor». Ese alguien fue y es Jesús. Ahora me gustaría que pusieses atención en el verso 4 cuando dice: «Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo«. ¿Dónde estará? En el valle de sombra de muerte. ¡Fascinante! Para pasar juntos ese valle de sombra de muerte. Párate a pensar un momento en ello.
¿Has pensado? Mira, nosotros sólo podemos despedirnos de Barrie, pero no podemos acompañarle. Por así decirlo, nos quedamos a la orilla. Lo que hace muchísima diferencia es que si crees en Jesús tal como la Biblia lo dice, cuando llegue ese momento, no verás solamente cuando se cierren tus ojos a las personas que quedan atrás mientras te adentras en algo desconocido, sino que te viene a buscar Alguien que te acompaña en ese momento nada agradable. Lo verdaderamente trágico es atravesar ese «valle de sombra de muerte» en solitario. Sin nadie que te esté esperando al otro lado… ¿No crees que es algo muy triste?
Barrie ahora mismo, cual corderillo encontrado, está en los brazos de su Salvador con más energía que nunca, con más salud que nunca y en compañía, la mejor del Universo, del Buen Pastor por toda la eternidad.
¿No querrías lo mismo para ti?
«Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen»
Apocalipsis 14:13
