
Os comparto este pequeño artículo de un hermano que creo que nos puede ser de edificación:
<<En el pasado acostumbré orar partiendo de mi condición pecaminosa, antes de hacerlo desde la grandeza de Dios.
No había notado que la oración modelo comienza “Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día…”
Yo comenzaba siempre, en cambio, recordándome lo perverso que era. Como si eso le placiera a Jesús: “Señor, vengo ante ti con mi miseria. No soy digno de tu amor, ni de tu favor ni de tus promesas. Vengo como un hombre moribundo y desecho. Traigo ante tu alta majestad la basura que soy…” ¡Una oración de no-te-creo-nada!
Quizá aprendí a orar así descontextualizando pasajes. Creyendo que orar como el publicano era necesario para “regresar a casa” justificado. O sintiéndome todo el tiempo el adúltero y asesino que fue David en el Salmo 51.
Ese hábito retuvo el efecto esperanzador y el impulso vital de las promesas de Dios en mi vida por años. Me equivoqué creyendo que “la humillación ante la poderosa mano de Dios” consistía en destruir sistemáticamente mi autoestima. Pensé que solo había un lugar, o para el reconocimiento de la soberanía de Dios o para mi amor propio. Alguien me convenció de eso en la iglesia cristiana.
Todo esto comencé a enfrentarlo cuando toqué el fondo cenagoso de la depresión y la ansiedad. Alguien muy sabio me habló del “self-talk” o el cómo te hablas a ti mismo. Y me hizo ver que yo había convertido mi baja autoestima en un símbolo de espiritualidad. Justifiqué mi tristeza y falta de ánimo y energía con la religión. Y todo fue un desastre. Fueron tiempos oscuros. De mucha debilidad e incapacidad.
Ahora ya no oro diciendo “No soy nada”. Porque eso es una mentira satánica. Soy una nueva criatura. Salvada eternamente. Cristo vive en mi. Y no hablaré de mi mismo como un desperdicio en el universo, sino como un ser valioso que el Hijo vino a comprar con Su sangre. Le oro a mi Padre, no a mi verdugo. No tengo que rogar a Dios como si Él fuese mi secuestrador, sino hablar con Él como la Persona amante que es.>>
#elpodcastderomanos116 #jpmartinezblog
#saludmental
Puedes seguir a este hermano aquí: http://www.patreon.com/jpaulomartinez
