Aunque muchas personas la conocíamos solamente como Josefa. Sí, este pasado fin de semana conocíamos la partida de este mundo de esta persona tan querida por nosotros como matrimonio y debido a la gran amistad y relación tan estrecha que nos une con toda la familia, Loida y este que escribe, partíamos para tierras de Jumilla.
No voy a hablar mucho del acto de despedida porque eso ha sido para vivirlo. Todas las participaciones, que fueron muchas, hablaban de una cosa que resaltaba por doquier: la vivencia del Evangelio en una persona como Josefa cuando hablaban las personas que tuvieron la oportunidad de hablar de lo que Josefa había influido en sus vidas, me preguntaba mirando a todos los asistentes (¡y algunos que se quedaron fuera!) «¿Cuántas de las personas que están aquí también podrían hablar?» Muchísimas. De Jumilla y de alrededores. De mucho más lejos. Nosotros mismos podemos dar testimonio de tantas veces que su casa ha estado abierta y de muchas conversaciones… Mejor no continúo por aquí porque me extendería demasiado….
Todo lo que se dijo en esos momentos estaba cargado de un cariño y una emoción que ponía de relieve lo vital de una persona que no hacía grandes aspavientos, pero que siempre estaba ahí pendiente de las personas. Sí, porque de si algo estaba pendiente Josefa era de las personas. Y eso era algo que hacía junto con su marido Pedro y que supieron transmitir a toda su familia que, de manera diferente cada uno de sus hijos (Antonio, Ana, Loli y Pedro Jose) han continuado, y continúan),de una forma harmónica junto con sus respectivas familias. De eso podemos ser testigos también por experiencia. Y, déjame decirte, que eso es una característica que nos muestra a Jesús, porque durante su vida y paso por esta tierra era una de las cosas que le caracterizaban atestiguado por muchísimas personas y por los apóstoles (por ejemplo: Hechos 10:39-40). La influencia y el impacto de Jesús era muy amplio. Pues mira, igual que el de Josefa y Pedro y toda la familia.
Lo curioso de todo lo que se estaba diciendo durante todo el acto y las participaciones es que, aunque sí había tristeza por la partida, no obstante, lo que había era un cariño tremendo y unas ganas de transmitir lo que Josefa había significado para sus vidas. Fue impactante. Desde aquí queremos agradecer a Jacqui, a Germán, a Jose Antonio y a Virtu y a Pascuala (la hermana de Josefa) por sus testimonios y sus palabras en este día.
No me olvido de mencionar a José Vera y a Adolfo Garrido que de manera diferente los dos transmitieron la misma realidad del Evangelio vivido y experimentado. Aspectos diferentes que implican algo auténtico que cada persona debe de experimentar por sí misma.
Cuando terminó este acto en el medio de Jumilla, nos movimos al cementerio y allí Israel Montes hizo una reflexión con esa pasión, empuje y compasión (hasta el punto de llenársele los ojos de lágrimas) haciendo un llamado directo y al corazón hablando con conocimiento de causa en muchos aspectos. Así pude entender su contundencia tan fervorosa. Quiero aclarar aquí que este buen amigo y hermano en la fe vivió en Jumilla años con sus padres por lo que su grado de identificación es más que comprensible.
Sin embargo las palabras más emocionantes (para mí) fueron las de Pedro Abellán: «Solo quería decir unas palabras, aunque no tengo mucha voz. Estoy contento, ¡¡ESTOY CON-TEN-TO!! Porque Dios nos ha permitido estar juntos por 61 años y ha llegado el momento de separarnos. De hecho nos despedimos con un <Hasta mañana> porque estoy más que seguro de que la volveré a ver porque LO DICE DIOS EN SU PALABRA. No sé cuándo será lo de mañana, porque puede ser muy pronto o puede tardar, pero allí en aquel lugar no hay tiempo. Por eso estoy seguro de que la volveré a ver, porque tanto ella como yo podemos estar seguros porque hemos puesto nuestra confianza en Jesucristo… Sabemos en Quién hemos creído y vosotros si queréis estar allí y la queréis volver a ver debéis hacer lo mismo» (He hecho un resumen de sus palabras, pero más o menos era esto). Evangelio en estado puro.
Lo más tremendo fue que toda la familia se implicó e invitó a todo el mundo a comer en su finca. Eso lo hizo a través de mi Pedro Jose, uno de los hijos de Josefa y Pedro en el acto previo. Fue hermoso poder compartir esos momentos literalmente con todo el que se quiso acercar. Y pudimos compartir momentos, conversaciones, despedidas y gratitud por todo lo que vivimos ese día. Disculpad que no comente nada de este tiempo, en parte porque pertenece a la privacidad y la intimidad de ese momento además de que si me pongo, esto se estirará mucho.
Ahora bien, quiero escribir de una manera muy clara y directa. No sé si has llegado a conocer a Josefa o no. Quizás seas uno de sus familiares, amigos o vecinos. Tal vez estés aquí visitando este sitio porque sigues El Rincón de Pensar. O simplemente te dio curiosidad. No importa. Esto es para ti:
Una de las cosas que se comentaron mucho en todas las participaciones fue acerca de la realidad de la muerte que es inexorable. Con eso se quiere decir que no hay diferencias: puedes ser rico o pobre, puedes ser mayor o ser joven, puedes ser hombre o mujer, puedes vivir en cualquier parte del mundo con una cultura, costumbres y hasta religión o creencias muy distintas a las mías. Puedes incluso creer que no hay nada. Lo cierto es que todos hemos nacido un día y todos moriremos algún día. Es algo de lo que no nos gusta hablar porque es desagradable. Pero es una realidad que nos la recuerdan los cementerios de cada lugar. Seguro que, donde estás tienes uno cerca. Déjame que te diga algo más a pesar de que sea incómodo, por favor.
Te sugiero que te mires una palma de tu mano. En todas las palmas de la humanidad hay unas estrías que todos tenemos. Es fácil imaginarse una M. Ahora mira la otra palma de tu mano. Hay la misma letra. Mi padre suele decir que da la sensación de que Dios haya puesto ahí un recordatorio que nos hable de una manera sencilla pero profunda de que hemos de ser sabios con nuestro tiempo aquí, que hemos de saber que no hemos sido hechos por accidente, sino que un día partiremos sí o sí. De esa realidad de los dos destinos que hablan las Escrituras hablaron los participantes y Pedro Abellán ese día. No quiero añadir más palabras en este sentido. Solamente déjame mostrarte algo que marcará la diferencia en ese momento que, por otra parte, desconocemos cuándo será. ¿Tú lo sabes? Yo tampoco.
Tus familiares y amigos tal vez puedan estar a tu lado o no. En el caso de Josefa sí que pudieron estar ahí. Eso es un privilegio, te lo digo en serio. Pero eso no marca la diferencia. Mira, la diferencia que hay en ese momento es una PERSONA que te esté esperando al otro lado. Y no solamente que te esté esperando sino que te acompañe para llevarte a casa. Fíjate lo que dice uno de los Salmos más conocidos en todo el mundo:
«Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque TÚ estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento.»
Salmo 23:4
¡Ahí está la gran diferencia! No es lo mismo tener que pasar por ese momento solo, a hacerlo acompañado por Aquel que venció la muerte. Es consolador pensar esto, ¿verdad? Déjame decirte que eso sólo es posible si puedes decir con todo tu ser de verdad, con convencimiento y por experiencia propia lo que dice el versículo 1: «El Señor es MI pastor». Y esto nadie lo puede vivir por ti. Tal vez tengas familiares o amigos que sí que pueden decir eso. No sirve de nada. Sirve si lo dices, lo experimentas y lo vives de verdad. Jesús, curiosamente, fue el único que pudo expresarse de la siguiente manera:
«Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas»
Juan 10:11
NADIE ha podido decir algo semejante. Por esa razón Josefa tenía esa tranquilidad y esa paz que sorprendió hasta a médicos y enfermeras ¿Te gustaría que Jesús te acompañase en ese momento? Porque esa es única y gran diferencia al atravesar algo que es inevitable. De la otra forma estarás solo/a… ¿y dónde te despertarás? Jesús de Nazaret es el ÚNICO que puede acompañarte
Dios te ama. Ven a casa.
2 respuestas a “En memoria de Josefa Mejías Otazo”
Jose Antonio Cárdenas Vigil
Gracias Rubén, por ser narrador de DIOS,en situaciones que son necesario se conozcan ,para fortalecer nuestra fe y para GLORIA DE DIOS.
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