
Me resulta muy difícil escribir estas líneas porque en estos momentos acabamos de despedir los restos mortales de nuestro hermano Francisco. La noticia de su partida la esperábamos porque hemos estado pendientes de su estado y su evolución en todo momento gracias a Isabel, su esposa. Aquí cabe citar un pasaje que se puede aplicar a Francisco de una manera literal: «Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen.» (Apocalipsis 14:13)
Hablar de Francisco es hablar de un hombre de Dios como la copa de un pino. ¿Con fallos? Sí. ¿Con defectos? Por supuesto. No obstante, un hombre de Dios. Parte de eso es lo que se compartió el pasado día 3 de septiembre en el entierro de su cuerpo. Así que os voy a dejar un resumen de este evento realizado por el hermano Eliseo Pradales que os podéis descargar gratuitamente a continuación.
Hablar de Francisco es hablar inevitablemente de Isabel. Ambos se mostraban un amor y un pensar en el otro de una manera constante y sin fisuras. Como matrimonio han sido un ejemplo para nosotros en este sentido. Y quiero destacar aquí el comportamiento ejemplar de Isabel en todo este tiempo de cuidado de Francisco. De una forma abnegada y sorteando todas las dificultades, ha estado ahí siempre a su lado, batallando con los médicos, siendo constante, procurando hacer lo que le gustaba. Según nos dijo, Dios le regaló 20 días de estar en su casa, comiendo su comida, descansando en su cama, estando con su gente antes del final. Y esto es porque Francisco era un hombre de su familia. Era lo que le gustaba. En todos los cuidados que le brindó Isabel, recibimos un ejemplo en la práctica de cómo se debe de hacer eso.
Francisco era un hombre de iglesia. Y, al decir eso, no me refiero al edificio o al local sino a lo que bíblicamente significa eso: la reunión de los santos. Su gozo, su motivación era estar con sus hermanos en la fe. Una de las cosas más duras para él era no poder estar con sus hermanos en la fe. Tal vez algunos lo vean como legalista, pero cuando vivías esto a su lado veías que era «en espíritu y en verdad». Por poner uno de los muchos ejemplos, estábamos orando por un matrimonio que tiene problemas de salud y, sobre todo por la mujer de este hermano. Un día vinieron a visitarnos y el abrazo que le dio Francisco a esta hermana fue una manifestación tan tremenda de cariño que me faltan las palabras para describirlo…
Francisco fue un hombre amado por grandes y pequeños. Esto lo manifestaba de diferentes maneras, pero no era extraño que los chavales se acercasen a él y que les preguntase por sus cosas o que siempre se manifestase cercano todo lo que podía a pesar de comprender que había muchas cosas de la juventud que se le escapaban. Con todo eso, insisto, fue amado por grandes y pequeños. Una de las muestras es en uno de los campamentos de iglesia de Semana Santa donde nos contó su testimonio y fue muy especial.

Francisco e Isabel han sido personas muy importantes para nosotros. Por muchas y diferentes razones. Tal vez ellos no se han dado cuenta de ello. Fueron personas que desde el principio tuvieron su casa abierta para cualquier cosa. Y cuando digo cualquier cosa, es cualquier cosa. Por ejemplo, cuando estuve en el mundo de la venta siempre podía contar con su casa donde hacer presentación de cualquier producto aunque ya supiera que no se iba a comprar, pero de esta manera cobraba por la visita. Siempre había confianza para poder contar con ellos. Eran tiempos muy duros y ellos ayudaban como podían. Ahí es donde conocí a Moisés, uno de sus hijos, con el que conecté al instante por gustos por el mundo del motor… Esa es otra historia.
Francisco e Isabel fueron bastiones que nos ayudaron de manera práctica con lo que tenían aún sin conocer bien nuestra situación económica. Podría poner multitud de ejemplos y ahí Loida sería mucho más concreta que yo explicando cosas. Pero hubo una época que, gracias al trabajo que tenía Moisés en una panadería, fueron no pocas veces que nos apartaban con bolsas o hasta cajas de pan que hacían que llegásemos a final de mes con una familia de 6. Y esto lo puedo decir ahora, entre otras cosas, porque ni Moisés trabaja allí ni nuestra situación económica es la misma. Desde aquí Loida y un servidor manifestamos, por esto y por muchas otras cosas más, inmensa gratitud e identificación. ¡Gracias!

Francisco e Isabel
Francisco fue un hombre de oración y que instaba a orar también a todos los demás. Muchas veces antes de empezar la reunión nos reuníamos en el despacho del local los hermanos que querían para encomendar el domingo con todo lo que se iba a hacer ese día.
Francisco fue un hombre sensible a los tratos de Dios para con él. Seguramente tenía sus días malos en los que le costaba aceptar su situación, su enfermedad y no poder hacer cosas que le encantaban como conducir, por ejemplo. Una persona que siempre pudo desplazarse e ir arreglado a todos los sitios donde iba, pasó a tener que llevar determinada ropa que no cumplía con sus estándares que merecían para estar en las reuniones, tal y como entendía, y ser dependiente de los demás para el desplazamiento. Ahí han entrado muchas personas que de todo corazón hicieron viajes, pero sobre todo destaca la figura de Miguel Ángel que con su taxi adaptado siempre estaba dispuesto para realizar ese servicio de buena voluntad y por amor. Adaptaba su horario y sus servicios para poder realizar ese viaje desinteresadamente. Dios sabe todo esto y que también fueron personas (Miguel Ángel y Noemi) muy importantes para Francisco e Isabel.
Francisco fue una persona que habló proféticamente avisando a los hermanos antes de entrar en esta etapa final de que su tiempo se estaba acabando. Con eso quiso exponer una necesidad que la veía y quiso advertirnos para que se tomasen las medidas necesarias. ¿Se está haciendo? Permitidme decir que ahora mismo no puedo tratar esta cuestión.

En casa de David Burt con Andreu, David y el propio Francisco
Francisco es una persona que ahora mismo está disfrutando de aquello que tanto hablaba, amaba y manifestaba: la esperanza de estar con su Salvador. Está disfrutando del anticipo de esa gran reunión que se celebrará cuando todos los creyentes estemos reunidos en la presencia de Dios. Está viendo esas cosas increíbles «que ojo no vio ni oído oyó» (1ª Corintios 2:9). Ya no está esperando, sino que está experimentando lo que decía de «ausentes del cuerpo, presentes al Señor». Le echamos de menos, le lloramos y le recordamos sabiendo que nos volveremos a ver.
Desde aquí queremos manifestar todo el cariño a Isabel y a sus hijos Isaac, Samuel y Moisés. Sabéis que nos tenéis a vuestra disposición para lo que necesitéis. No somos familia en la sangre, pero para Loida y para mí sí que lo sois, no sólo por lo que hayáis hecho (que también) sino que es algo que lo sentimos así y no podemos explicarlo. Aprovecho la ocasión para agradecer que me hayáis concedido el honor de acompañaros con el féretro a hombros. Ahí pude identificarme con Francisco quien, cuando le preguntaban «¿Qué tal?», él respondía: «Aquí estoy en medio de las tres torres». Sí, así me sentí. Pero a la vez tengo el deseo de que los tres podáis estar a la altura espiritual de vuestro padre que era muy grande. Os quiero, chicos.
Desde aquí también quiero manifestar agradecimiento a mi empresa Transport Van Overveld y, sobre todo, a los planificadores Arie y Bas que me permitieron poder asistir a despedir a Francisco y estar con su familia. Ha sido muy importante para mí y para mi familia. Dios os bendiga.
Una última palabra: Francisco era un hombre que siempre estaba hablando del Evangelio con todo el que se cruzara con él. Así que, déjame preguntarte: ¿Dónde pasarás la eternidad? Esta es una pregunta muy importante que todos debemos responder en algún momento.
Francisco escogió pasar su eternidad con Dios, ¿y tú?
