Navidad con lágrimas…

Un año más se acercan estas fechas señaladas en el calendario por muchos como algo especial. Tal vez sean especiales debido a todas las circunstancias están ocurriendo a nuestro alrededor con los virus que infunden miedo y que, curiosamente, sufren repuntes antes, durante y después de fechas señaladas como cristianas… Da que pensar.

También son las fechas en las cuales hay una batalla entre los detractores de la Navidad y los defensores a ultranza de ella. Creo que no es necesario exponer los argumentos de uno y otro lado porque, entre otras cosas, no es el propósito de este artículo. Me apena que este debate encarnizado con ridiculizaciones por una parte y con acusaciones por la otra manifieste de una manera evidente el poco respeto, entendimiento y el cinismo ácido que puede emanar del ser humano. Y eso en ambientes tanto seculares como en contextos cristianos. Triste, muy triste. Cada año lo mismo….

Tal vez sea porque estoy influenciado porque mi mujer y yo estamos viendo una serie multigeneracional que nos hace a los dos estallar en carcajadas y derramar lágrimas sin poder contenernos por más que nos esforcemos en permanecer impertérritos para hacernos los fuertes enfrente del otro…. ¡Misión imposible! Lo cierto es que vemos el drama de la enfermedad de una de las protagonistas con lo que puede llegar a afectar al resto de la familia. Las luchas, los pensamientos, los cambios de humor, las dudas, el miedo, la incertidumbre y el dolor es retratado magistralmente por los actores siguiendo la pluma de los guionistas. Todo esto me ha llevado a pensar en muchas personas que afrontan estas fechas, para unos tan señaladas y de alegría, con el peso de una enfermedad o con el dolor por haber perdido a alguien cercano precisamente durante estos d´´ias… Si estás leyendo esto y empiezas a tener los ojos húmedos de las lágrimas, por favor, sigue leyendo.

Dejando a un lado la cuestión de la vanidad de las fiestas, la hipocresía de felicitar a las personas como un mero formalismo (tal vez hasta sintiendo antipatía) o el origen (pagano o no) de esta celebración, lo cierto es que me da la sensación de que perdemos el tiempo en cosas accesorias sin considerar que lo cierto es que Jesús nació en un pueblecito de Oriente Medio llamado Belén. Esto es un hecho histórico. Es algo que cambió el curso de la Historia de la Humanidad, pienses lo que pienses acerca de ello. Ninguna otra persona ha tenido tanta influencia. Y, creo que estarás de acuerdo conmigo, de que al menos merece algún tipo de consideración.

Todas las circunstancias que rodean al nacimiento de Jesús son extraordinarias. No por eso tiene menos respaldo histórico. La fecha exacta de su nacimiento es una cuestión que no se conoce con exactitud, esa es la verdad. Se pueden hacer conjeturas, pero asegurar una fecha, es imposible. Y, personalmente, creo que eso es precisamente porque no es lo verdaderamente importante. Para nada. Lo verdaderamente importante es que Jesús nació. Eso es lo importante. Además de que esto estaba anunciado muchos años antes por diferentes personas con una precisión inaudita.

No obstante, saber la fecha de nacimiento de alguien no es lo significativo. Lo que lo vuelve significativo es lo que hace esa persona cuando crece, se desarrolla y su vida influencia a la comunidad humana. Esto mismo sucede con Jesús. También fue extraordinaria la forma en que vivió, la forma en que comunicó y trató con quienes le rodeaban donde sobresale una profunda compasión por las personas que sufrían y tenían dolor, enfermedad, miedo e incomprensión. Él estaba cercano donde otros ponían distancia. Él amaba a quienes otros odiaban. Él reprendía con amor firme para conducir a las personas a algo anunciado por los mismos ángeles a los pastores: «en la tierra paz, buena voluntad de Dios para con los hombres»… ¡¡Algo sin precedentes!! Y eso fue mostrado de una manera tan extrema que incluso podemos verlo cuando muere en la cruz con los brazos extendidos como si quisiera abrazar a la humanidad… ¡¡Asombroso!!

Así que, ya sea que celebres o no la Navidad; ya sea que tengas profeses algún tipo de religión o no; ya sea que estés con una salud pletórica o tal vez pasando por una enfermedad; ya sea que tengas a todos tus familiares bien o que hayas perdido a algún ser querido, déjame decirte que Jesús vino a este mundo en estas circunstancias extraordinarias no para que se regalaran postales entrañables o que se pusieran luces de colores o que escucháramos música angelical. Todo esto está muy bien, pero no es el motivo. El motivo es que Jesús vino para manifestar la paz, la buena voluntad de Dios para con el ser humano de manera general y genérica. Más concretamente para hacerte llegar la paz y la buena voluntad de Dios a ti. Esto es algo tan increíble como cierto. Jesús quiere impactar tu vida como sólo Él sabe hacerlo. Para eso vino. Esto es el verdadero sentido de la Navidad.

Pd- Si quieres hablar de tus circunstancias, de estas y otras muchas cosas de manera más personal, te animo a que entres en contacto a través de las diferentes plataformas sociales, correo electrónico o contacto. ¡Dios te bendiga!