Hablar sobre la misión es apasionante. Es inevitable involucrarse porque observas las necesidades de las personas como comentaba en el mensaje último que compartí en la iglesia donde nos reunimos. Ves las necesidades y te identificas con las personas, o con las visiones que han llegado a tener otros hermanos. Entiendes su propósito y sus planes (más acertados o menos) y puedes entender que todo lo hacían y hacen con el propósito de agradar a Dios y servirle. Al escribir estas líneas estamos en una casita de un pueblecito de Zamora donde hay unas instalaciones de unos suizos que provocan muchos de estos pensamientos…
Pensar sobre la misión es estimulante porque te lleva a hablar con las personas que ya están trabajando en ella de diferentes maneras y también en contextos, culturas y situaciones muy diferentes. Eso enriquece enormemente porque te amplía la visión y te muestra que Dios es capaz de romper cualquier tipo de barrera que el ser humano pueda poner de por medio. Su obra sigue adelante. Pase lo que pase. La veamos o no.
Ver cómo Dios obra en la misión es totalmente retante. ¿Por qué? Entre otras cosas, porque Dios tiene sus planes que no siempre coinciden con los nuestros. Además suele tener un sentido del humor muy peculiar en Sus tratos con nosotros y eso quiere decir que siempre busca nuestro bien, aunque también nos fuerza a ejercer esa sensibilidad a Su voluntad en todos los ámbitos de nuestra vida. En pocas palabras: Dios nos reta para que nos superemos y progresemos en todas las áreas de nuestra vida. Claro, eso nos puede provocar incertidumbre y hasta miedo porque Él puede desear para nosotros cambios muuy drásticos que no nos gustan o que lleguemos a saber que hay algo que no podremos realizar aunque sea un deseo bueno, justo o incluso que lo veamos claro en las Escrituras identificándonos con eso.
Hay un pasaje que ha estado resonando en mi mente de forma insistente. Una experiencia que tuvo el rey David. Así que te invito a abrir tu Biblia en 1ª Crónicas 17. ¿Lo has leído ya? En esta escena el rey David observó el tabernáculo de Dios (símbolo de Su presencia entre su pueblo) que, aunque tenía unas dimensiones considerables, no dejaba de ser una tienda y justo después observó su casa. La comparación le resultó tan desproporcionada que manifestó el deseo de hacer algo al respecto diciéndoselo a Natán, el profeta que sucedió a Samuel. Y, como era algo bueno y noble, el profeta lo animó a seguir ese propósito..
Un poco más tarde, Dios habló con el profeta Natán para darle un mensaje para el rey David bastante diferente, podría decirse que contradecía lo que él le había dicho al rey. Sí, ya me parece escuchar a los críticos decir que Natán tuvo que consultar a Dios primero, que se debería haber esperado y cosas así….🙄 «Cuando la rueda del carro se rompe, entonces muchos serán expertos en decir por donde NO debía de pasar»… Esto es un dicho popular que creo que es apropiado. Notemos que Dios no recrimina al profeta absolutamente nada. Esto es muy llamativo. Observo muchas veces que se tiene la tendencia a hablar de los personajes bíblicos con mucha dureza o buscando señalar algún pecado justamente cuando Dios mismo ¡no dice nada! E incluso en los casos donde sí señala Dios algo, también hay personas que añaden más cosas…. ¿Por qué? ¿No es más sencillo seguir el consejo apostólico de no pensar «más allá de lo que está escrito»? (1ª Corintios 4:6)🤔. Para pensar.
El caso es que la síntesis del mensaje de Dios para el rey David fue: «Tú no, él sí.» Y, aunque Dios le da algunas razones de su decisión (no siempre lo hace), lo curioso del caso es la reacción del rey David que, si quieres ver qué podemos sacar de eso, te invito a seguir leyendo hasta la posdata….
A los que hablamos acerca de la misión, George Werwer (director de OM por muchos años) los llama «agitadores», muchas veces tenemos la disposición y el deseo interno de el Señor nos mande a nosotros. ¿Por qué? Porque nos identificamos con las cosas que llegamos a observar: vemos las necesidades, las urgencias, la posible planificación y propósito…. Muchas veces estamos sensibles para descubrir si Dios nos llama a nosotros, precisamente que lo vemos, lo sentimos, nos identificamos, hablamos a los demás de ello y oramos por eso. ¿Y si nos encontramos con un «Tú no, él sí»? ¿Cómo será nuestra respuesta?
Escribir esto es algo que, como matrimonio, nos ha tocado vivir muy de cerca puesto que los dos desde un principio de iniciar nuestra relación, allá por el 2004, siempre nos ha interesado la misión y todo lo que tiene que ver con eso. Tanto Loida como yo no hubiéramos ni empezado si ese no fuese un punto en común… Pero ese es otro tema, que me desvío😅… Desde que empezamos y sobre todo algunos años más recientes, hemos sido esa «voz que clama en el desierto» hablando e involucrándonos en todo lo que podíamos que tuviera que ver con el servicio en la iglesia local y fuera de ella, escuchando y hablando con otras personas de otras regiones de España y fuera de nuestro país. Compartiendo acerca de todo esto, orando y pidiendo oración… ¿Sabéis? No es un secreto para aquellos que tenemos más cerca que siempre estamos más que dispuestos a revolucionar nuestra vida, salir y cambiar de lugar, de forma de vivir y de contexto. Estábamos expectantes, orando por un lugar en concreto durante un año (entre otros sitios y circunstancias) y ejercitando nuestra sensibilidad acerca de dónde Dios nos quiere (y seguimos en ello). Y nos hemos encontrado con un «Tú no, ellos sí». Y nos toca muy de cerca. Mucho.
Es en este sentido que este pasaje ha estado resonando mucho en mi mente. Y más todavía que ha surgido toda esta circunstancia a raíz del mensaje acerca de la oración más olvidada que expuse a mis hermanos de la iglesia en Montornés que varias personas me han escrito o contactado para comentar algo acerca de este mensaje. Dios sigue tocando corazones, capacitando personas de diferentes maneras y enviando obreros. Pero a veces tiene que decir: «Tú no, él sí».
No obstante, vamos a mirar un poco más de cerca lo que Dios le manda al profeta Natán decir al rey David. ¡Es muy interesante! Algunas cosas:
- Le recuerda que en ningún momento ha pedido edificación ninguna. La idea de que Dios necesita grandes edificios es ajena a Su pensamiento. ¿Puede el Dios del Universo ser contenido por un edificio? Es absurdo. No obstante, Dios habla como si de verdad hubiese estado como un nómada en medio de Su pueblo… ¡Increíble!
- Le recuerda de dónde lo llamó y lo que ha hecho con él. El rey David tenía un origen humilde. Era el pequeño de muchos hermanos y el encargado de llevar las ovejas a los pastos… Y Dios lo llamó a ser rey.
- Ratifica su promesa de tierra al pueblo de Israel. Esta promesa es pasada por alto en muchos ámbitos cristianos y por el resto del mundo en general. Lo curioso del caso es que se han cumplido las profecías que anunciaban que Israel volvería a ser nación después de la dispersión.
- Dios le promete a David edificar casa. Curioso contraste. Aquí es inevitable no pensar en el Salmo 127:1 Es en este punto y en otros muchos pasajes que eso de «edificar casa» va mucho más allá de un edificio, vivienda o cosas por el estilo. Este tema es para verlo a lo largo de la Escritura porque encontraremos lecciones muy preciosas y, tristemente, olvidadas…
- Dios le promete que su hijo será el que edificará el templo y a la vez promete confirmar su trono eternamente. El cumplimiento pleno de esta promesa se da en Jesús el Mesías.
- Dios adelanta cómo será el trato que tendrá con su sucesor: como el de un padre a un hijo.
Ahora bien, debemos recordar que estas promesas y esta revelación está dada al rey David. Hay elementos muy personales aquí que no debemos apropiarnos para nosotros porque no nos corresponde, aunque sí que hay principios que podemos ver aplicados en nosotros. ¿Cuáles son?
- Él no necesita un edificio
- Dios nos llamó a ser reyes y sacerdotes en un tiempo futuro de una manera plena (Apocalipsis 1:6), aunque hay unas funciones del sacerdocio que ya podemos realizar como la intercesión
- Dios es el que edifica nuestra casa.
- Dios nos trata como hijos adoptados (1ª Juan 3:1)
Hasta aquí en el día de hoy…
PD-La continuación de este artículo es un mensaje en vídeo. Aquí tienes el enlace donde veremos cómo recibió David este mensaje.. ¡Será muy interesante y práctico! ¿Te apuntas?
