
Sí, hoy 8 de octubre Loida y el que escribe estas líneas cumplimos mayoría de edad en años de casados. Para los que llevan muchos años más que nosotros será poca cosa (parece que os oigo decir: «Espérate a llegar a…😅), para los que llevan menos o quizá no se hayan casado tal vez les resulte una distancia un tanto abrumadora.
Puedo decir que el matrimonio y nuestro camino juntos ha estado lleno de ilusión, de sueños y esperanzas. No obstante, lejos ha estado de ser un camino fácil y mucho menos de ser ese mundo instagramer que nos venden en muchos casos (no en todos, por supuesto) de que todo va bien, de felicidad completa, de ser felices y comer perdices (o chuletones, según se mire🤣🤣). Ni una cosa ni la otra. Es todo un conjunto de cosas, experiencias, vivencias intensas, rutinas y también aventuras un tanto locas para algunos.
Así que dejadme deciros que hay algo que no ha cambiado con el paso de los años: podéis ver en la foto que inciábamos nuestra vida juntos alabando a Dios, cantando y con esa mirada el uno al otro que seguimos buscando con cada cosa que nos ocurre, con cada estado de ánimo y cada circunstancia. Eso sigue siendo así porque encontramos en la mirada un espacio donde hablarnos sin palabras, donde abrazarnos a la distancia, donde escucharnos sin sonidos, donde encontrar consuelo, ánimo, amor, tristeza., alegría, emoción y profundidad… ¡Todo a la vez! Seguimos cantando con nuestras voces juntos a pesar de no ser especialistas en canto
En la foto de abajo, más actual, es la que refleja un poco el paso del tiempo, las experiencias vividas, las cicatrices (tanto corporales como del alma), la acumulación de experiencia, emociones encontradas y un montón de cosas más que no sabría muy bien cómo describirlas.
Hay algo que sentó la base del comienzo de nuestra relación al principio de todo y que sigue intacto: lo que tanto Loida como yo teníamos claro al empezar es que Dios sería el centro de nuestras vidas y uno de los puntos en común que teníamos (y seguimos teniendo) es que queríamos ser personas útiles a su servicio y deseamos (sí, es presente😊) poder trabajar para Él de una forma efectiva, activa e influyente en las vidas de los demás. A partir de ahí fue un cúmulo de circunstancias con un fino sentido del humor del Señor por una parte, con expectación por otra y también, en determinados, momentos con algo de frustración. Todo esto es porque siempre el Dios que nos une nos muestra una y otra vez que el que dirige, manda y tiene el plan perfecto es Él. Para que os hagáis una idea os comparto algunos puntos (ni de lejos son todos, aviso) :
- Desde el principio hemos tenido inquietudes misioneras por trabajar con personas y siempre hemos tenido la ilusión de salir fuera de España, con toda probabilidad a algún lugar de Latinoamérica (a ninguno de los dos se nos dan muy bien los idiomas)…. Dios nos ha tenido en España hasta la fecha y ni siquiera pudimos «cruzar el charco» en nuestra luna de miel.
- Siempre hemos tenido deseo de tener más tiempo para dedicarnos a trabajar para Dios. Puedo decir por los dos que eso sigue estando presente en nuestros corazones de una forma potente. Sin embargo, Dios nos ha llevado a ir trabajando en diferentes gremios hasta el actual, en el que llevo ya 8 años, y a Loida dándole ese trabajo sin fin que es el cuidado, educación y atención de nuestros 4 hijos. Ha sido y es un bastión y un ancla para ellos. Dios sabe lo que hace.
- También hemos tenido deseo de formarnos teológicamente de una manera más directa, aplicada y reglada. Dios no nos ha permitido eso por diferentes razones, aunque lo que sí ha provocado eso es que profundizáramos nuestra relación con Dios a través del estudio de la Palabra de Dios, la Biblia, de forma autodidacta, en conversaciones con hermanos, atravesando circunstancias que nos obligaron a mirar muy intensamente y de forma práctica en las Escrituras cómo actuar. También nos llevó a hablar muchísimo los dos de manera que teníamos (y seguimos teniendo) unos debates muy intensos. ¡El discipulado de Dios es el mejor y el más auténtico!
Estas son algunos puntos en nuestro caminar. ¿Sabeis una cosa? Seguimos deseando que Dios nos dé más maneras de involucrarnos y ser útiles para Él. Eso no sólo no ha cambiado, sino que se ha intensificado con el paso de los años, las experiencias acumuladas y a pesar de algunos disgustos, situaciones difíciles, bofetones y momentos de llorar, luchas y sinsabores. Eso nos ha llevado a la readaptación constante, a estar disponibles y muchas veces a renunciar a cosas legítimas porque Dios nos envía o nos pone delante algo más necesario y urgente.
Cariño, esta misma mañana me preguntabas si estaba feliz del camino de estos 18 años que celebramos hoy. SÍ. Y puedo decirte que el camino que tenemos por delante no lo sé. Sólo sé que estoy seguro de caminarlo contigo a tu lado. Eres sin ningún tipo de duda la mejor compañera que Dios me podía haber regalado.
¡TE AMO!
