Hace poco cambiamos de año según el calendario. Estas fechas suelen ser fechas propicias para la reflexión, el estar con la familia y para poder recordar de manera especial a Jesús y la Natividad… En el día de fin de año o Nochevieja (como se le suele llamar coloquialmente) tuvimos en la iglesia donde nos reunimos un culto semipresencial especial. Unos estábamos de forma presencial y otros usando las tecnologías desde sus casas. Fue un buen tiempo y, a grandes rasgos, quiero dejaros la esencia de cómo fue la reunión porque creo que puede ser muy interesante de cara a este 2022.
Básicamente, toda la reunión se estuvo hablando de la dependencia de Dios, de descansar en Sus manos citando pasajes como Mateo 6:33-34. Permitidme citarlos: «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal». De ahí las diferentes reflexiones de los hermanos iban en esa dirección precisamente por el desconocimiento que tenemos del tiempo futuro y se nos animaba a estar tranquilos descansando en las promesas y control de Dios a través de pasajes como éste.
Muy al final de la reunión, se nos citó el pasaje de Mateo 28:18-20. Así que me permitiréis citarlo también: «Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén»
Herman@s, es cierto que nuestras circunstancias externas que vendrán este año que recién ha comenzado las desconocemos. Y menos mal que es así, porque si supiéramos lo que va a venir sería una carga muy pesada para muchos de nosotros. No sabemos cómo irá la economía, no sabemos cómo será la situación del país, no sabemos si caeremos enfermos, si podremos trabajar en lo que estamos trabajando o tendremos que hacer un gran cambio que ponga nuestras vidas patas arriba. No sabemos nada de todo esto. Es, mirando el contexto del primer pasaje, a lo que se refiere el Señor Jesús. Esas circunstancias no las podemos controlar. Y son esas cosas que debemos soltar nuestro afán por entenderlas, controlarlas y preocuparnos por cómo irán los elementos. Jesús mismo nos lo dice de una forma enfática. Esa NO debe ser nuestra preocupación.
Sin embargo, hay cosas en las que sí deberíamos ocuparnos de una manera super activa. Una de las cosas es, lo que nos muestra el mismo maestro en el pasaje de Mateo 28. Hacer discípulos. Una tarea muy especial, muy ardua, dura y que requiere una dedicación, una dependencia y una adaptación muchas veces cambiante en los diferentes momentos. Una tarea que, en muchos casos, se ha delegado en los seminarios teológicos e institutos bíblicos con unas consecuencias de acumulación de conocimiento teórico sin una relevancia en la vida práctica de los estudiantes. Y una de las consecuencias es una actitud de cierta soberbia y elitismo a quienes no han podido cursar estudios reglados. Con esto no estoy diciendo que los seminarios e institutos sean un problema. NO. La profundidad de conocimiento es algo que cada creyente debería de fomentar. Hasta donde pueda. Esto es un tema muy amplio, pero no es el tema en cuestión.
La cuestión es que hay cosas que están en nuestra mano poder trabajar en ellas y
que podemos hacer, desarrollar y trabajar en ellas bajo cualquier circunstancia, situación y hasta que el Señor venga. Cosas que son nuestra responsabilidad y que muchas veces dejamos de lado o, en el mejor de los casos, esperamos que las personas que tienen la responsabilidad de guiar la iglesia local sean las que los traten. Hay una parte de esa responsabilidad por parte de los guías, ancianos, pastores, obispos (todos son la misma clase de personas, pero con matices diferentes) eso está claro. No obstante, hay cosas que son nuestra responsabilidad. Y en estas cosas todos los cristianos debemos trabajar. Así que dejadme poneros unos puntos de orientación:
- La familia: su orden, el lugar que ocupamos, las relaciones interfamiliares
- Predicar el Evangelio con palabras y hechos
- El discipulado continuo y generacional
- El desarrollo de nuestro ministerio y dones
- El estudio de las Escrituras
- La oración
- El perdón y la restauración en nuestras relaciones personales y eclesiales
- La disciplina en la iglesia
- El relevo generacional
- La responsabilidad para con diferentes ministerios, su sostenimiento y apoyo
Estos son unos pocos puntos que ya nos deberían mantener ocupados y evaluando nuestra propia vida personal para ver cómo estamos siendo de constantes. Nuestras circunstancias externas no las conocemos, pero las responsabilidades cristianas mostradas en la Palabra de Dios, sí que son nuestra tarea. ¿Buscando la dirección de Dios? Claro. ¿En dependencia del Espíritu Santo? Por supuesto.
Dios ya ha dejado instrucciones para que nosotros podamos seguir, trabajar, cambiar y evaluar nuestras vidas para «seguir sus pisadas». Y eso, personalmente, pienso que es el gran reto de 2022
¡Dios os bendiga!

El autor pone el dedo en la llaga. Quiero decir que la tendencia de la carne es evadir cualquier acción sacrificada, y todo el cúmulo de circunstancias que la pandemia ha propiciado, da esa facilidad a la carne, para pensar que hay que ser prudente y que oportunamente el Señor irá añadiendo las cosas necesarias.
Claro que, el no afanarnos por «nada», (tengo en mente Filipenses, 4:6 y ss.)… ese no afanarse por nada no es una licencia para que nos desentendamos de todo, por ejemplo, la oración, lo cual implica carga en el corazón por la propia vida y la vida de la familia, a lo que hay que incluir los siguientes nueve puntos que el articulista ha subrayado.
El verso siguiente (v.7), menciona los resultados del ejercicio de la oración, y como la paz de Dios, incidirá en nuestros corazones y nuestros pensamientos, cosas que no debemos descuidar, (con o sin pandemia), para que sean guardados en Cristo Jesús.
Es que nuestra cabecita loca es susceptible de pensar cosas inadecuadas, y máxime si hemos bajado la guardia. De ahí la necesidad de que sean guardados, (pensamientos y corazón), en Cristo Jesús.
Sí, descansando, pero en una guardia activa y despierta:
Flp.4:8-9 «Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, EN ESTO PENSAD. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, ESTO HACED; y el Dios de paz estará con vosotros.
M. León
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Muchas gracias por estas aportaciones tan buenas!! Tienes libertad para compartir este artículo a quien estimes conveniente
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